Más allá del centro de Londres

Teníamos pendiente hace ya tiempo una visita a nuestros amigos en Londres. Por fin, cuadramos fechas y nos plantamos en la capital inglesa. Eran ya varias las veces que habíamos visitado la ciudad, así pues decidimos, que en esta ocasión, habría tiempo para las zonas verdes.

Organizamos siempre nuestras visitas dentro del horario laboral de nuestros amigos, porque no lo olvidemos nunca, los lugares a visitar son importantes, pero lo realmente bello son las relaciones que se forjan o se mantienen en diferentes contextos.

Así pues, nos lanzamos la primera tarde a pasear por la ribera del río Támesis y llegamos al Hampton Court Park, un precioso y cuidado parque Real, en el que vimos nuestra primera, pero no última manada de ciervos londinenses en las cercanías del Hampton Court Palace. El sol que rondaba sus últimas horas, hizo del paisaje algo idílico.

 

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Hampton Court Park. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Al día siguiente, sí optamos por acercarnos al centro, fuimos en tren y desde la estación de Waterloo hicimos un rulo de unos 20 kilómetros andando no apto para personas poco motivadas!!!En nuestra vuelta vimos los lugares clave: Torre de Londres, Parlamento, Abadía de Westminster, mercado y barrio de Camden, Museo de Historia Natural….en fin un largo recorrido, en el que tuvimos tiempo para echarnos unas risas intentando hacer la típica foto con el bus inglés y comer en un parque disfrutando los sutiles rayos de sol, rodeados de gente de oficina que terminan su comida rápida con sus cafés “take away”.

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El centro visto desde el  Sant James Park.Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Tras el breve contacto con la ciudad, nos volvimos a decantar por lo verde. En esta ocasión, visitaríamos y pasearíamos por el Richmond Park, un oasis, entre otros que te transportan lejos del ruido de la city. Dentro del enorme parque, hay un jardín más cuidado que se llama Isabella Garden, merece un paseo. De nuevo ciervos se cruzan en nuestro camino, hoy vemos como hacen frente a un perro suelto que pretende pastorearlos, ellos, no se lo toman nada bien.

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Ciervos reales del Richmond Park. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Hoy queremos ver más allá de los límites de la ciudad, así pues, nos decidimos por acercarnos hasta el pueblo de Guilford, que pertenece a Surrey. Se puede llegar en tren o en bus, nosotros probamos las dos modalidades, una para la ida y otra a la vuelta. Ambas recomendables, todo depende siempre del tiempo y del presupuesto de cada uno, la opción del tren es más rápida, pero más cara. El pueblo nos gustó, la arquitectura era bastante estilo inglés clásico, pero si bien las fachadas y edificios eran originales, las marcas y tiendas que lo poblaban se pueden encontrar en cualquier lugar. Tras pasear por el pueblo, como seguíamos motivadísimos….nos fuimos andando hasta Santa Martha on the hill, una iglesia con un pequeño cementerio en lo alto de una colina, desde donde se tienen unas vistas muy chulas. De nuevo, y como en días anteriores el sol nos está acompañando, así que disfrutamos mucho del paseo, aunque en ocasiones se nos pegan las zapatillas al barro formado por las heladas nocturnas y el deshielo del sol matutino.  De nuevo en el pueblo, visitamos su museo, descubrimos que Lewis Carroll…., escritor de Alicia en el país de las maravillas, pasó algunas temporadas en el pueblo y por la zona. Para reponernos del día como andarines, cenamos en un restaurante hindú. Comida deliciosa y contundente, gracias amigos por el regalo!

Y así llegamos al fin de semana, Marta está libre y el sábado nos hace una ruta por algunos lugares interesantes del centro, entre otros, la city, la zona financiera de Londres, vacía y con todo cerrado. Empezamos caminando por un lado del río Támesis, pasando por el Shakespeare Globe, entre otros teatros, vamos al puente de Londres, y claro nos las vemos crudas para hacer una foto en condiciones!!Seguimos por la torre de Londres y desde aquí, ya sí nos vamos metiendo en la verdadera zona financiera. Vemos el monumento al incendio de Londres, curiosa historia, que no os desvelamos. Tras visitar la Guildhall Art Gallery, que cuenta con un Anfiteatro romano en la base, hacemos una pausa para el lunch a los pies del Támesis donde encontramos algunos rayos de sol. Tras reponer fuerzas seguimos sumergiéndonos en la city. Nuestra particular guía nos descubre que tiene un ayuntamiento propio y digamos que unas normas fiscales especiales. Como no vive casi nadie, todo está cerrado y parece un lugar fantasma, ideal para pasear por la ciudad sin tener que ir esquivando turistas. Pasamos por Sant Paul y cuando el frío empieza a dejarse ver nos metemos en el Museo de Londres, en el que se puede uno hacer una idea de la ciudad desde la prehistoria hasta los cercanos años sesenta, pasando por la época victoriana, en la cual te puedes sumergir en sus calles y comercios, montados de manera bastante lograda. Finalizamos en recorrido en el Barbican Center, un espacio enorme y chulísimo donde hay lugar para las artes escénicas, los cafés y restaurantes y espacios tranquilos donde sentarse a charlar. Para terminar el día nuestra anfitriona nos prepara un Sunday Roast (carne asada con verduras aderezadas con miel al horno), si bueno, no es domingo, pero nos lo merecemos!!

Ha llegado el gran día, nuestros amigos son miembros del Kew Garden, un enorme jardín donde se pueden encontrar especies de plantas y flores de muchas partes del planeta, espacios muy cuidados y muchos datos interesantes que siempre alimentan la curiosidad. Entramos con ellos y nos dejamos guiar, saben lo que se hacen por este lugar, les encanta y son muchas las horas que le dedican. El sitio es muy bonito y lo pasamos genial disfrutando de la cantidad de pequeños detalles que ofrecen las plantas. Volvemos a casa en el 65, un autobús corriente, pero especial.

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Una flor entre miles del Kew Garden. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

De nuevo lunes y nuestro último día, lo dedicamos a dejarnos caer por distintas partes de diferentes barrios. Empezamos desayunando un English breakfast en la zona obrera de Surbiton, a nuestro lado llegan los trabajadores con sus monos y cascos, que mientras leen el periódico esperan sus contundentes desayunos.

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English Breakfast, ohh yeah!. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

A tope de energía, nos vamos andando hasta el Busy Park, queremos ver ciervos hasta el final y lo conseguimos, también cisnes que se nos acercan con la clara intención de pedirnos comida.

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Busy Park y sus curiosos habitantes. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Desde el parque nos dejamos caer por Kingston, una zona bonita, donde las casas residenciales están a la orden del día. Ya de vuelta, recorremos Berrylands, otro barrio. Para finalizar nuestra estancia pasamos una buena tarde con nuestros anfitriones.

Por la noche, llegamos en tren al centro, tenemos unos minutos antes de que llegue nuestro bus para el aeropuerto, así que vamos al río para ver algunos monumentos iluminados. Nos espera una larga noche hasta que salga nuestro avión.

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The night!. Adrián Cuéllar Gálvez. Enero 2017

Decimos good bye London!!con la sensación de haber estado unos días en familia, paseando por zonas verdes muy bien cuidadas, y abriendo boca para un futuro viaje en bicicleta por las islas británicas, medio de transporte que por cierto, hemos visto bastante bien integrado en el día a día de la ciudad, alegrándonos que entre cochazo y cochazo haya personas que se decanten por las dos ruedas como la mejor opción para moverse por la ciudad. Nos gusta y nos regusta….queremos más bicis en las ciudades y menos coches!!

El Quijote se monta en bicicleta

Qué llega la Navidad, qué llega el frío….no pasa nada, nosotros nos volvemos a montar en nuestras bicicletas. Queremos revivir sensaciones, aún que sea por pocos días queremos estar de ruta.

Por que salidas en bicicleta estamos haciendo, todas las semanas, pero el vivir, comer, visitar y dormir en el camino hacía meses que no lo experimentábamos.

El destino elegido fue la Mancha, concretamente recorrimos algunos lugares de Ciudad Real, y haciendo gala de un valor Quijotesco, como no podía ser de otra manera en esta zona, hemos soportado fuertes heladas. Pero también, y como le ocurrió a nuestro Ingenioso Hidalgo hemos disfrutado de los cielos estrellados y claros más bonitos hasta ahora registrados en nuestras retinas.

La ruta comienza en el pueblo de El Toboso, allí nos despedimos de nuestro Rocinante a motor y preparamos los utensilios para el viaje. “¿ Estaremos oxidados en estos menesteres?” pienso….más tarde comprobamos que están más que interiorizados, así que no hay por qué preocuparse.

El primer día pasamos por caminos de tierra los cuales nos van llevando por diferentes pueblos: Pedro Muñoz, Tomelloso, donde hacemos una parada técnica para comer y comprar, ups!!vaya es festivo habrá que apañarse. Hoy entre la niebla, el paisaje que se nos presenta está caracterizado por las viñas, parecen estar muertas, cientos de ramas recién podadas se acumulan entre las hileras, pero en el fondo, sabemos que estos árboles solo están durmiendo, vendrán buenos vinos con la llegada de las próximas uvas.

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Viñedos cercanos a Tomelloso. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

El primer atardecer será nublado, tanto que hasta el día siguiente con la salida del sol, no comprobaremos que hemos dormido con el Castillo de Peñarroya como paisaje.

Seguimos por caminos con unas vistas más apetecibles que el día anterior, hemos dejado la llanura y nos metemos en la serranía y eso en cuanto a vegetación se nota, pero también en dificultad. Algunos caminos se hacen pesados por la cantidad de baches, y es que el no llevar suspensión en la bici y rodar sin asfalto bajo los neumáticos no es siempre buena combinación. No obstante, durante el día vemos las verdosas Lagunas de Ruidera y la Cascada del Hundimiento. La verdad es que nos alegramos al comprobar que todas ellas tienen agua, aún que claro está, en pleno invierno nos encantaría que aquello estuviera a rebosar.

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Lagunas de Ruidera. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

La noche nos alcanza en un bello paisaje, La Mancha nos conquista con sus Dehesas.

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Atardecer en un lugar de la Mancha….Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

El cielo de anoche fue espectacular, y hoy no está el terreno tan helado, así que me animo hasta con los pantalones cortos, hay que conservar el moreno de ciclista que aún tengo en las piernas!!!Parada súper técnica en el pueblo de Alambra, donde conseguimos agua para nuestras botellas y para lavar los cacharros de la cocina. Para comer llegamos al pueblo de Manzanares, tiene una gran iglesia en su plaza principal frente al Ayuntamiento, y unos jovencitos curiosos que nos preguntan por nuestro viaje. Ya por la tarde, llegamos a las ruinas de Azuer, ojo!!hay que reservar para visitarlas, nosotros las encontramos cerradas. Hoy el paisaje es totalmente diferente, la llanura nos atrapa de nuevo y campos yermos a ambos lados de los caminos nos esperan.  La noche no tardará en llegar, así pues, tras un pequeño grupo de árboles encontramos un lugar donde emplazar la tienda, hoy la noche será fría no tenemos nada que nos proteja!!

Queridos Sanchos, los peores augurios respecto al frío se cumplieron, se nos helaron hasta las pestañas. En aquella despejada llanura, el hielo lo cubría todo, a nuestro alrededor algunos campesinos montados en sus tractores lidiaban con la ardua tarea de remover aquellas duras tierras apelmazadas por el frío. El lugar nos invita a marcharnos sin desayunar, será el pueblo de Daimiel el elegido para ello, además, aprovechamos los primeros rayos de sol para sacar por primera vez la tienda y secarla un poco. Volvemos a las bicis, esta vez y sobre el medio día llegaremos a las tablas de Daimiel. De nuevo, nos alegramos al ver que algunas tienen agua, aún que comprobamos que gran parte de los humedales, no están más que eso, húmedos!!

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Río Guadiana. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016
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Tablas de Daimiel. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

 

De nuevo y al sol ponemos la tienda, esta vez casi conseguimos dejarla seca. Por la tarde, pedaleamos por caminos y por carretera, ya casi cuando está alcanzándonos la puesta de sol, tenemos la suerte de ver un grupo de ciervos que curiosos esperan y estudian nuestros movimientos. A poco menos de tres kilómetros antes de llegar al pueblo de Puerto Lápice, encontramos la ermita de San Isidro, un lugar que nos parece idóneo para montar la tienda. Aquí en un pequeño escenario decidimos meternos, nos parece un buen resguardo de las pelonas que están cayendo. Lo peor por la noche es la visita inesperada de un coche lleno de jovenzuelos del pueblo, que si bien no dieron mayor problema, si nos mantuvieron en alerta durante el rato que estuvieron.

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Escenario en la Ermita de San Isidro. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

Como era de esperar el techo sobre nuestras cabezas se notó para bien, la tienda estaba mejor que nunca y el frío no fue tan intenso. En el pueblo de Puerto Lápice nos recibe un bar abierto, en el que nos dan agua porque la fuente de la plaza está congelada y unos cuantos lugareños que salen del bar tras tomarse el respectivo orujo mañanero. No sabemos si en época del Quijote esto se llevaría, pero a día de hoy, se estila en todo pueblo que se precie.

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Puerto Lápice está helado. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016 

Rodamos entre compactos bancos de niebla durante casi dos horas, el sol hoy se está haciendo de rogar…casi casi helados llegamos al pueblo de Alcazar de San Juan, bastante animado, se acerca la fiesta de fin de año y la gente anda como loca, a veces nos preguntamos si se piensan que más bien llega el fin del mundo. Ya por carretera, pasando por Campo de Criptana, al fondo se alzan imponentes los molinos. Cerrando el círculo en cuanto a paisaje y ruta, volvemos a vislumbrar viñas y olivos, poco después de pasado el medio día llegamos al pueblo del Toboso. La furgoneta nos espera donde la dejamos. Todo sigue igual pensamos, pero en realidad el apetito Quijotesco ha nacido en nosotros, en 2017 cae una lectura del clásico.

De Madrid a…los Alpes Suizo Italianos

Sí, tras poco más de un mes en Madrid nos enrolamos en otro nuevo proyecto. Ya eran varios los años que perseguiamos la idea de trabajar en una granja suiza durante el verano, hacer quesos y pastorear eran dos asignaturas pendientes que en la granja de Panamá relizamos a medias.

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Nuevos compas. Negrita y El Guapo. Adrián Cuellar. 2016

 
Realmente en poco más de un mes nos dimos cuenta que aquello que nos era familiar se había desvanecido, subimos montañas de los alrededores de Madrid, estuvimos con l@s nuestro@s, paseamos por las calles de la capital y del barrio, pero…. porque ese acento, esa comida, esas costumbres que hasta hace años eran de lo más corriente, ahora se volvían borrosos. Después, pensando se nos ocurrió la respuesta a esta cuestión. Nos dimos cuenta y asumimos que los nómadas, como nosotros, ven el mundo con ojos curiosos, como si lo que se presentara ante ellos fuera una realidad de la que empaparse a cada momento. Y así, entre paseos por el barrio y comidas familiares nos surgió la oportunidad de venirnos a trabajar a Ticino, el corazón de los Alpes suizo-italianos.

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Alpes Suizo italianos. Adrián Cuellar. 2016

De esta manera fue como de “amiguitos” pasamos a ser “tío”, y como de “buenas noches” pasamos a decir “bona note”, como de pedalear cada día pasamos a ordeñar cabras, pastorearlas y hacer diferentes tipos de queso, que una vez terminados miraríamos como pequeñas creaciones artísticas.
Ahora con los Alpes suizos rodeandonos, miramos al pasado y al futuro con delicadeza, nos dedicamos más bien a saborear cada día de la desconexión con el mundo más allá de esta casa de montaña, ubicada a 1300 metros de altura, que se ha convertido en nuestro hogar, de nuestras tozudas compañeras las cabras, pero sobre todo, a apreciar la vida sencilla. No por ello, es fácil o menos dura, el trabajo con los animales empieza temprano, a las 5:00 ya estamos en pie, y el día se alarga hasta las 22:00, pero ¿Qué diferencia existe entre seguir el horario que te marca la naturaleza o el que te marca la vida rutinaria (la compra, el cine, el trabajo….que siempre están al acecho)?
Nosotros de momento, estamos disfrutando de un verano diferente, además de aprender bastante y de ahorrar dinero, que dicho sea de paso, nos viene de lujo para seguir asfaltando nuestras vidas.

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Al calor de la leña. Adrián Cuellar. 2016

En esta ocasión, también nos acompaña Cira, nuestra alocada perra, que tras una primera semana de carreras detrás de gallinas, cabras y gatos, se ha adaptado genial a la vida en la granja. No se puede decir que sea una perra pastora, porque tiene muchos años vividos en ciudad, pero le encanta visitar a diario a los cerdos y mirar de cerca a las vacas.
Así pues, la familia al completo estamos inmersos en una vida campestre total, en la que no sabemos si es lunes o domingo, y en la cual los cencerros se han convertitido en nuestros nuevos despertadores. Por suerte, no sufrimos el calor madrileño y pasamos por diferentes estaciones del año en un mismo día, ya que en la montaña el clima es muy cambiante.

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Dia de verano en los Alpes. Adrián Cuellar.2016

Rebiciclar, capitulo VII, “La cartera”

En esta ocasión os traemos otro capítulo de Rebiciclar, nuestra primera aparición infantil en este proyecto, con el cual ponemos nuestro granito de arena para el reciclado. Venga anímate a no comprar y regalar esas cosas que ya no utilizas!!

Nos acercamos al final de la aventur

Este último capítulo de Perú y del viaje está marcado por las montañas, cómo decíamos en el post anterior estábamos emborrachados de las mismas, pero sabíamos que pronto llegaría la resaca. Esta vez, se presentó en forma de desierto y carretera Panamericana.
Así pues, llegamos al pueblito de Caraz, donde además de volvernos a aclimatar a la altura, tras nuestra bajada inevitable a la costa, nos dedicamos a realizar algunas marchas por la montaña. Varias de ellas nos llevaron a espectaculares lagunas ( Laguna Paron y Laguna 69). Como siempre decidimos ir por nuestros propios medios y como en alguna ocasión nos dimos cuenta que con agencia salía el mismo precio o incluso, algo más barato. La libertad siempre tiene un precio y asumimos este sobre coste con gusto. En Caraz, tenemos nuestra primera experiencia con el mal de altura, con el helado de Chirimoya y de cerveza, y con las famosas hojas de coca, que aún que sea sólo por no hacer caso omiso a los consejos de l@s locales mascamos en alguna ocasión.

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Laguna Paron, costó pero lo conseguimos. Pueblo de Paron. Adrián Cuellar. 2016
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Laguna 69, increíble. Adrián Cuéllar. 2016

Estos días son muy intensos, entre otras cosas que os narraremos más adelante, tenemos la suerte de compartir un día con otros cicloviajeros que habíamos conocido en EE.UU. Es cierto que no somos muy corporativistas, pero nos encantó poder compartir experiencias e inquietudes con personas que hablaban nuestro mismo idioma, el idioma de aquellos que viajan despacio y van haciendo su camino, pedalada a pedalada. Fue un placer Bike n’ Roll.
Desde Caraz, recorremos unos pocos kilómetros hasta otro pueblito Yungay. Aquí pasamos dos días junto a Beñat, que desempeña un voluntariado en un cole y en donde además de alojarnos estos días tenemos la oportunidad de dar una charla para tres clases diferentes, donde explicamos a las jóvenes generaciones, la importancia de la conservación de nuestro medio ambiente, así como la promoción de la bicicleta como medio de transporte urbano, en estos pueblos y ciudades infectados por las moto taxis.

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Atención dentro del aula. Yungay. Ana Mateos. 2016

Nuestro siguiente destino sería Huaraz, nadie sabía que a estas alturas del viaje, tendríamos una de nuestras mejores experiencias en lo que a anfitriones se refiere. Pasamos unos días de risas, muchas risas, buena comida y paseos a los pies de la Cordillera Blanca. Gracias Albert, lo pasamos genial!!
Nos montamos de nuevo en las burritas, que nos miraban extrañadas por los pocos kilómetros que les hemos hecho en esta última semana, pero tenían que entender que la Cordillera Blanca se merecía estos días y más. Así, llegamos hasta la Laguna de Querococha, la que entre nosotros llamamos, “nuestra laguna”, por la tranquilidad, belleza e intimidad del lugar. Allí acampamos esa noche y dos días después volveríamos a hacerlo, tras pasar por el pueblo de Chavin y sufrir una de las peores bajadas por carretera de grava y con cientos de desprendimientos ocasionados por las lluvias. La segunda noche que pasamos en Querococha dormimos en la casita que tiene el guardaparque, con Armando compartimos las comidas, le ayudamos a reparar la valla que delimita el parque, le enseñamos a jugar al parchis y nos da unos buenos consejos, para poder observar vicuñas en estado salvaje. A la mañana siguiente ascendemos la montaña monte a través, marcando nuestro propio camino y cuando estamos en la cumbre y casi cuando habíamos perdido toda esperanza, avistamos un grupo de vicuñas. No os mentimos cuando os confesamos que este fue uno de los momentos más emocionantes del viaje. Ver jugar a los machos jóvenes cerca y solo para nosotros fue embriagador. Corrimos como niños a contarle la increíble experiencia a nuestro amigo Armando.


A nuestro siguiente destino tuvimos el placer de llegar acompañados por Susane, una cicloviajera suiza, con la que terminamos acampando frente a la Laguna Conococha y compartiendo el frío del lugar. Allí en ese mismo punto y al día siguiente, nuestros caminos se separaron, a ella le esperaba la sierra y a nosotros la gran capital.

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Acampada libre en la Laguna Conococha. Adrián Cuéllar.2016

Días después y tras un pedaleo caracterizado por el calor, los mosquitos, el desierto, la Panamericana y las ciudades costeras que poco o nada interés tienen a nuestro parecer, llegamos a Lima.

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Paisaje camino a Lima. Adrián Cuéllar.2016

Nos habían dicho que el tráfico era horrible, lo era, pero tenemos que señalar, que si bien era un caos total, entrar con las bicis poquito a poco no fue del todo infernal, y conseguimos llegar sanos y salvos a casa de nuestros anfitriones de WarmShowers.
En la capital limeña, pasamos unos días, que dedicamos a semi empaquetar las bicicletas y demás bártulos, sabemos que aún nos quedan unos días de viaje, pero ya acompañados y sin bicicletas.

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Casi todo listo!Lima. Ana Mateos. 2016

Hasta aquí y por el momento, ha llegado nuestra aventura en bicicleta, diez meses llenos de aventuras, diez meses diferentes en los que hemos aprendido que la sencillez es bella, es felicidad y es como queremos vivir, ligeros de equipaje, pero llenos de vivencias.

Pedaladas Andinas

Adiós Ecuador, entre tus montañas se queda una parte de nosotros y también algunas lágrimas que son parte del viaje, así como las sonrisas que nos han regalado y que hemos devuelto gustosos. Nadie nos avisó de cómo sería el día a día de unos nómadas en bicicleta, pero nosotros contentos y de buena gana, hemos asumido todo lo que este camino nos está ofreciendo. En ocasiones son experiencias duras, que se graban en la piel, pero de todo hay que aprender y ninguna vivencias es desdeñable.
Así pues con la vista puesta en el futuro, llegamos a la frontera de la Balza, allí un policía súper risueño nos pregunta sobre nuestra ruta y nos deja elegir el tiempo de nuestro visado, tras los típicos consejos de seguridad nos marchamos con otro nuevo sello en los pasaportes.
Perú nos recibe con un sol y un calor propios del desierto, tanto vamos sudando que tenemos que hacer varias paradas en muy pocos kilómetros, la primera en una mini sombra, en la que….sorpresa!conseguimos arreglar el cuentakilómetros, descubrimos que tras un mes de sequía estadística, solo estaba mal puesta la pila. En la segunda parada tenemos que pedir agua y de regalo nos llevamos unas naranjas. En la tercera, y tras preguntar dónde podemos comer, una señora muy amable nos invita a su casa, mientras nos habla con mucho cariño de sus cuyes ( también conocidos como conejillos de indias, que se comen bastante por estas latitudes).

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Cuyes en una cocina andina. Adrián Cuéllar. 2016

Con el sol un poco más bajo y tras esquivar una tormenta de minutos, pero intensa, conseguimos llegar a nuestro primer destino, San Ignacio. Aquí pasamos dos días geniales, en la casa vacía que nuestro anfitrión nos presta, adaptándonos al nuevo país, y probando el rico ceviche, lomo saltado y milanesa, comida deliciosa a la que nos invitan.
Las siguientes jornadas transcurrirán con el mismo calor y con la cumbia como banda sonora, alegrando cada rincón, cada comercio y cada pueblo.
Y entonando las letras de las canciones, llegamos al pueblito de Perico, donde compartimos un día con Milton (campeón de ciclismo, en su categoría durante varios años) y su familia, desde allí llegamos a la loca ciudad de Jaén, invadida de agresivas moto taxis. En estos primeros días en Perú, ya hemos aprendido a manejarnos con los Soles (la moneda nacional), a sobrevivir a los ataques de los perros, que se nos abalanzan como en ningún país, llegando incluso en alguna ocasión a mordernos las alforjas, y también volvemos a sufrir el ataque de los mosquitos que sobrevuelan a sus anchas en esta región del país.

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Campesinos andinos (La Libertad). Adrián Cuéllar.2016

Sin escapar a sus picaduras seguimos por la sierra y coronamos la bonita ciudad de Cajamarca, donde pasamos unos días con una familia que nos acoge como si fuéramos dos hijitos más. Con ellos visitamos Baños del Inca, Ventanillas de Otuzco, recorremos la ciudad, probamos en delicioso manjar blanco, comida casera hecha con amor y tortilla de patatas hecha con mucho arte! Tras la despedida y el típico: “¿cuándo volveremos a verlos?”, nos subimos, de nuevo, a las bicicletas y seguimos recorriendo la hermosa sierra, pasamos por Cajabamba, Huamachuco, Cachicadan, donde nos invitan a noche de hotel con aguas termales incluidas, algo que nos viene de lujo tras varias jornadas de pedaleo por carretera sin asfaltar o trocha (como la llaman aquí) y bajo la lluvia. Como recompensa cientos de saludos con los que l@s amables campesin@s nos obsequian, mientras nos explican cosas de su ganado, generalmente bovino.

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Rincón de la sierra peruana (Angasmarca). Adrián Cuéllar. 2016

Los bonitos días por la sierra se ven interrumpidos cuando, dejando el pueblo de Pallasca, y pasado Mollebamba, el camino de piedras nos pasa factura, haciendo que una de las llantas se rompa hasta casi causar daños al neumático. Por suerte, y la verdad, no sabemos cómo aguantó, pero lo hizo, llegamos hasta Chuquicara, allí tras descender desde los 3.131 metros hasta los 500. Nos encontramos de nuevo en un terreno árido, en un pueblo donde el calor es abrasador y donde es imposible arreglar la llanta. La policía nos recomienda ir a Chimbote para la reparación, ya que además, hasta la tarde la carretera por la que queríamos seguir se encuentra cerrada por obras. Vaya!!una vez el viaje, nos obliga a flexibilizar nuestras mentes, cambiar de planes sobre la marcha y aprender que el camino no es una alfombra de pétalos de rosas, eso sí, en el camino siempre hay almas generosas dispuestas a echarte una mano, brindarte la ayuda que necesitas, y así, encontramos a una familia que nos lleva hasta Chimbote en su carro, ya que la bicicleta no puede hacer más kilómetros, nos la hemos jugado bastante. La inesperada bajada de la sierra hasta la costa, nos abofetea en plena cara. Nos hemos despertado en un pueblito andino de pocos habitantes, donde se estaba fresco y las sonrisas eran cálidas y terminamos en una ciudad grande, donde el calor es pesado y las miradas son frías. Por lo menos, la bici queda con la llanta arreglada, no sabemos para cuánto tiempo, porque el repuesto es el que es por estos lares, pero hay que tirar con lo que tenemos.

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Subida a Pallasca, las mil y una curvas. Adrián Cuéllar. 2016

Decimos hasta pronto a la sierra, pronto volveremos a ella, porque ya nos hemos emborrachado de las montañas, de sus habitantes, de su comida y de sus increíbles paisajes.

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Carretera peruana en estado puro (Cachicadan). Adrián Cuéllar.2016

Altibajos en Ecuador

Quien nos iba a decir que llegaríamos hasta aquí cuando empezamos a pedalear, y sin embargo, aquí estamos ¡en la mitad del mundo!

Con esta frase llegamos a la línea que divide el hemisferio norte y sur de nuestro planeta. Pero Ecuador es mucho más que una línea que separa dos hemisferios. Es un país con unos paisajes sorprendentes, una gentes acogedoras y un clima muy variable.

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Línea ecuatorial en Cayambe. 2016

El paso fronterizo fue uno de los mejores que hemos realizado, ágil, rápido y con una sonrisa. Como decía, el clima es muy variable y el país nos recibió con bastante lluvia. Nuestra primera parada fue en San Gabriel. Llegamos por la Panamericana, que presenta un perfecto estado y no mucho tráfico hasta llegar a Quito. La noche la pasamos con nuestros amigos los bomberos, algo que se convertiría en un clásico. Los cuarteles de bomberos en Ecuador son otro nivel y la calidez con la que te reciben sus moradores, a la altura de los mejores.

Los primeros días transcurrieron entre lluvias, bomberos y fuertes subidas. Los Andes se manifiestan en todo su esplendor a lo largo de todo el país, y eso se deja notar en los espectaculares paisajes y también en las piernas. Dormimos a los pies de la laguna de Yahuarcrocha en Ibarra y en Cayambe, donde preparan unos bizcochos para chuparse los dedos solo a 15 kilómetros de la línea ecuatorial. Todo sin dejar la E35 que traíamos desde la frontera.

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Laguna Yahuarcocha y volcán Imbabura. Adrián Cuéllar. 2016

Quito, seria la siguiente parada. Solo llegar, ya fue todo un triunfo. Los que viajáis en bicicleta, ya sabéis que las entradas a las grandes ciudades son difíciles, pero si a esto le sumas una cuesta de más de catorce kilómetros con pendientes del 10% en algunos tramos y un sol como solo pega por estas latitudes, se convierte en una odisea. Además, nuestro anfitrión vivía en una de las lomas que rodean la ciudad. Solo añadiré que parte del último tramo lo hicimos empujando la bicicleta por una de las autovías que bordean la ciudad con los coches pitandonos y silvando en nuestros oídos. ¡Lo mejor era no mirar para atrás!

No obstante, la ciudad merece la pena. La colocamos en el top cinco dentro de este viaje. Pasamos tres días en la capital ecuatoriana, en los que descansamos poco y andamos bastante, era lo que requería la situación. Abandonamos la ciudad en medio del humo de la multitud de coches que abarrotaban todas las vías de salida, cansados físicamente y con la moral un poco baja.

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Quito. Adrián Cuéllar. 2016

Ecuador nos ha gustado mucho, pero no ha sido un paseo precisamente. Ha puesto a prueba nuestras fuerzas, de tal manera que decidimos cambiar el itinerario previsto. Nos bajamos de los Andes tras dejar atrás el Cotopaxi, la selva reemplazaría a la sierra en el camino. De esta forma, al llegar a Ambato decimos adiós definitivamente a la Panamericana y tomamos la carretera de Baños de agua santa, también conocida como carretera de las cascadas. El nombre se lo tiene totalmente ganado. Todo el descenso desde Ambato hasta Puyo es espectacular, pero especialmente los treinta kilómetros después de pasar Baños de agua santa. Las cascadas, que surgen a uno y otro lado de la carretera llenan tus ojos y maravillan a cualquiera. Ese día nos cayó una gran tromba de agua y pinchamos en mitad de un camino de tierra totalmente embarrado y aún así fue el que más disfrutamos de toda nuestra estancia en Ecuador.

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Cascada delRrocío. Adrián Cuéllar.2016

Desde Puyo, la selva se extiende hasta la frontera con Perú. Si pensábamos que esta sería la solución a nuestros males, estábamos bien equivocados. A pesar de que la carretera se mantiene en perfecto estado, esta llena de continuas subidas y bajadas, el calor y la humedad son asfixiantes y en los primeros ciento treinta kilómetros, no hay más que pequeñas comunidades de indígenas. Eso sí las extensiones de verde follage que se pueden divisar desde lo alto de las colinas son increíbles. Y es que aún que estemos en Ecuador esta es la selva amazónica y aquí toma una nueva dimensión hasta ahora no conocida por nosotros.

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Selva amazónica en Ecuador. Adrian Cuéllar. 2016

Fueron cuatro días recorriendo selva y acumulando un montón de desnivel en nuestras piernas. Como os contábamos antes, la moral no estaba muy alta y esta situación no nos ayudaba. Como solución decidimos tomar un bus que nos subiera a Loja.

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Carretera entre Puyo y Macas. Adrián Cuéllar. 2016

La ciudad nos gustó. Como puntos negativos diremos que tiene un tráfico bastante denso y que los bomberos están lejos del centro. Pero en general, nos agradó y nos permitió cargar pilas.

Salimos animados en dirección a la frontera de Balsas, uno de los puntos fronterizos más remotos y menos frecuentados que hemos cruzado jamás. Ya nos habían advertido de la dificultad del camino y por eso íbamos concienciados. Pero ni por esas. Finalmente, el camino ha sido lo más duro que hemos hecho en el viaje con diferencia. La carretera está en buen estado hasta veinticinco kilómetros antes de llegar a Valladolid, a partir de este punto se convierte en un barrizal debido a las fuertes lluvias de esta época (entre noviembre y marzo esta comprendido el período húmedo por estos lares). Pero incluso antes de este punto el cuerpo ya nos empezó a decir que no podía más. Las subidas fuertísimas y largas, la lluvia, la niebla, los ríos que tuvimos que atravesar, la noche que se nos echaba encima y finalmente la carretera que se convertía en camino de barro, fueron demasiado. Empezamos a pedalear a las siete de la mañana y eran las seis de la tarde y aún no habíamos completado los cien kilómetros que había a Valladolid. Por suerte, ya casi desfallecidos apareció un coche de militares en el camino, Ana sacó el dedo y en un momento estábamos subidos con dirección a Zumba el destino del día siguiente. Creímos que ya estaba todo hecho. Pero no fue así. Como os contabamos la carretera deja de serlo y empieza a ser un barrizal lleno de baches. Sesenta kilómetros restaban a Zumba desde donde nos recogió el coche, tardamos tres horas en recorrerlos. Tres horas en las que no paramos de dar botes y tragar polvo. Sobrepasamos el umbral del sufrimiento. Once horas en la etapa de bicicleta más dura que hayamos hecho jamás, más tres horas de sufrimiento en un coche que ya no estábamos seguros de adónde nos llevaba, fue sufuciente. Ana rompió a llorar durante veinte minutos, de la forma más desconsolada que la he visto hacer hasta ahora y yo no podía nada más que apretar los dientes y aguantar el sufrimiento. No pude ni consolarla. Felizmente el calvario terminó a las nueve de la noche en Zumba. Ni buscamos alojamiento. Fuimos directamente al primer sitio que vimos y tras cenar algo fugazmente y tomar una ducha de agua fría, nos metimos en la cama.

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Carretera de Loja a Zumba. Adrián Cuéllar.2016

A la mañana siguiente tomamos un pequeño bus que nos llevó hasta la frontera por dos dólares y medio, ya estábamos en nuestro último destino, Perú.

Ecuador, ha sido como sus carreteras, lleno de subidas y bajadas. No ha habido un solo momento de rectas. La espectacularidad de los paisajes te subía a lo más alto, pero la dureza del relieve te hacía polvo. Aún que el país nos ha sorprendido para bien, nos llevamos un recuerdo un poco agridulce de nuestro paso por estas tierras.

Rebiciclar, capitulo VI, El libro y los pendientes

Nuevo capitulo de Rebiciclar, en esta ocasión un amable Mario (casa ciclista Guadalajara, Mexico)nos entrega dos objetos que les damos a dos maravillosas mujeres, que sabíamos que iban a dar utilidad a los mismos. Ya lo sabes, siempre hay alguien al otro lado del mundo o a la vuelta de la esquina, que puede usar eso que tu tienes olvidado en un cajón.

En Colombia no hagas planes

Nunca es sencillo dejar las ciudades, pero en Pereira además dejábamos una parte de nosotros. Tan de lujo eran nuestros anfitriones, que nos costó decirles adiós.
No obstante, el siguiente destino se presentaba muy apetecible y el viajero sabe que las despedidas son parte del viaje y ha de aprender a gestionarlas. Como digo, nos subimos a nuestras bicicletas y pusimos rumbo al Valle del Cocora, pero…..sorpresa, cuando tan solo llevamos una hora de pedaleo, tenemos que parar a reparar los cables del cambio de Adrián. Estamos de mecánicos más tiempo del que nos hubiera gustado, y además, la perspectiva de las fuertes cuestas que nos teníamos ante nosotros, no hacían más que desesperarnos. Pero bueno, las cosas llegan cuando llegan y se han de afrontar tal como se presentan en el camino del viajero o de la vida.

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Camino a Cocora. Ana Mateos Sanz. 2016

La llegada a media tarde al Valle del Cocora, tras hacer una parada en el pueblito de Salento, fue espectacular. El paisaje era hermoso miraras por donde miraras, y entonces así, de repente el cansancio desapareció….Al día siguiente hicimos una marcha por la montaña, hasta el refugio Estrella de agua, y volvimos a Cocora, 20 kilómetros con subidas y bajadas muy pronunciadas que harían que nos acordáramos del paseo durante varios días, en los cuales nos van a estar doliendo las piernas.
Ahora, el lugar lo merece, palmeras de cera delgadas y altas, que parece que quieran tocar el cielo, junto con verdes prados con caballos y vacas, mientras atraviesas el bosque nublado. Las palmeras de cera, son el árbol nacional de Colombia, según nos explicarían nuestros compañeros de acampada en el lugar, una pareja de Bogotá, con la que además de buena plática, compartimos una hoguera nocturna, disfrutando de uno de los cielos estrellados más bonitos de todo el viaje. La segunda noche, otro regalo más para nuestros ojos y nuestras almas, vimos como un cometa atravesaba el cielo sobre nuestras cabezas.

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Valle del Cocora. Adrián Cuéllar. 2016

Al día siguiente seguimos en dirección sur, con las piernas bien cargadas, dejamos atrás la región del Quindio y entramos en la del Valle del Cauca. Si bien la montaña va suavizándose, continúa siendo una zona de potreria, así que seguimos disfrutando de dulces terneros durante casi todas las jornadas. Además, dejamos la Panamericana durante un tiempito, y eso se agradece, ya que el tráfico es menos intenso.
Como decíamos en el título no hagas planes de nada, ni de dónde dormirás ni que comerás, ¿qué, por qué?…porque no los cumplirás, ya que l@s colombian@s tendrán una sorpresa preparada para ti. Aquí narramos unas cuantas ocasiones en las que, por suerte, se truncaron nuestros planes. Una tarde íbamos tan cansados que tratamos de quedarnos en varios sitios, finalmente preguntamos en una finca recreativa, los dueños nos acogieron sin dudarlo, sin cobrarnos, y a nuestra disposición pusieron las piscinas, la cocina y nos regalaron pollo y jugo de deliciosa guanábana, no teníamos planeado terminar así el día, pero aquí todo es posible, gracias Jonh Jairo y Sandra. También te puede pasar, quedar con un anfitrión de Warmshowers para las 14:00 horas y que aparezca tres horas más tarde. O atravesar el valle recorriendo una carretera tan plana que no nos lo podíamos creer y llegar a uno de los pueblos más peligrosos del país, según nos dirían días después, que hacemos nosotros que no tenemos ni idea, pues recorrer el mercado y comernos un Cholao, riquísimo por cierto.
Pero, ¿pensabas que en Colombia se habían terminado las sorpresas? pues espera porque llegando al pueblito de Piendamó, un amable Alcibiades, nos espera en la última cuesta y nos descubre e invita a tomar un delicioso kumis. La tarde en su compañía es muy entretenida, paseo por el pueblo, donde nos habla de la guerrilla M19 (los Roobin Hood) del lugar, fue interesante meternos en las entrañas de la historia del pueblo, sentir como debió ser la vida, en aquellos años. Y fue genial poder descansar en una cama tan cómoda.
Sin embargo, aunque ya estábamos embriagados de la amabilidad del pueblo colombiano, aún quedaba gente por el camino que harían de nuestro duro pedaleo un paseo. Por ejemplo, Julio Cesar un octogenario, al que Adrián ayudó a subir una carretilla, como nos lo devolvió, pues con un día con toda su familia con dedicación plena hacia nosotros, comimos, reímos, y sobre todo, nos tomamos muchas muchas fotos, no exagero cuando digo que unas treinta.

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Horno de pan en Pasto. Ana Mateos. 2016

Los días siguientes atravesamos una zona prácticamente desértica, en lo que a población y paisaje se refiere, dejamos atrás el pueblo de El Bordo cuando aún era de noche, ya nos avisaron que la zona era extremadamente calurosa, y que tuviéramos cuidado porque se habían reportado asaltos.

Efectivamente, calor pasamos, pero también se nos encogió el alma al atravesar una parte con unas cuantas chabolas, donde solo vivía población afro en la más extrema de las pobrezas. Como unos 20 kilómetros antes de llegar al pueblito de El Remolino, la Panamericana estaba en muy mal estado y recién pisamos los límites del pueblo alcanzábamos los 45 grados. Pero como decimos…. estamos en Colombia, y aquí todo es posible, y nos topamos con Rodrigo, quien nos invita a un fresco, nos paga una noche de hotel y el almuerzo. No nos lo podíamos creer!!!
“¿Seguro que queremos seguir bajando hacia el sur y salir de este país?” Pues…eso parece, así que continuamos nuestras pedaladas y llegamos hasta la ciudad de Pasto. Sorpresa!!la familia que nos hospeda prepara en horno de leña un delicioso pan, nos gustan tanto las Ayuyas (nombre indígena para el pan dulce), que nos levantamos a las 4:30 de la madrugada para colaborar en la preparación del mismo. Desde Pasto vamos a la Laguna de la Cocha, donde…. vaya de nuevo, una familia nos invita al paseo en barco hasta la isla de la Corota, famosa por albergar a cientos de aves diferentes.

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Laguna de la Chota. Ana Mateos.2016

Nuestros últimos días en Colombia, los pasamos en la ciudad fronteriza de Ipiales, donde aprovechamos para acercarnos al Santuario de Las Lajas, y hacer un poquito de mercado, esa misma idea tienen cientos de ecuatorianos que cruzan la frontera estos días, para llenar la despensa a menor precio.

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Santuario de Las Lajas. Adrián Cuéllar. 2016

Los días en Colombia se terminan, pero hasta el último momento ha sonado de fondo Romeo Santos, que ha puesto la banda sonora a nuestro paso por el país, aún que también lo han hecho decenas de canciones, que ell@s l@s colombian@s, bien saben diferenciar si son salsa, bachata, vallenato, etc… pero que para nuestros oídos todo suena igual. En este país no falta la música en cada esquina, comercio o carro, pero tampoco falta gente dispuesta a hacer de tu paso por su tierra una experiencia inolvidable. De corazón, sentimos que tenemos que volver, gracias Colombia por no dejarnos hacer planes y hacer que cada día haya sido increíble!

Corazón Paisa

Entre las nubes desde el cielo ya se veía que algo había cambiado con respecto a centro América. Nos estábamos adentrando por primera vez en Sudamerica. Habíamos pasado años soñando con pisar estas tierras que tanto sufrimiento han visto. Colombia se veía tal cual es desde la minúscula ventanilla del avión. Montañas, cafetales, pastos, ríos, una tierra increíblemente fértil llena de verdor.

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Plaza Botero, Medellín. Adrián Cuéllar. 2016

La recepción fue inmejorable, Duván hizo lo imposible para que nuestro primer día en Colombia fuese cómodo y agradable. La misión no era fácil, ya que meter las bicicletas, las alforjas y los tres ocupantes en el coche requirió de imaginación. El resto de días en Medellín pasaron rápido y nos pareció como estar en casa con dos amigos de toda la vida. Pero nos esperaba la carretera y ya había ganas (aunque también un poco de nervios) después de más de un mes parados.

Salimos un domingo, día de ciclo ruta en la ciudad de Medellín. La autopista sur vacía de coches y llena de ciclistas, eso siempre ayuda. Tomamos rumbo a Fredonia, nos desvíamos tras pasar Caldas a la derecha y antes de Amagá a la izquierda. Las carreteras están en perfecto estado y los coches llevan cuidado con los ciclistas que abarrotan la ruta. En una de las subidas un grupo de veinte o treinta de éstos nos adelantan y nos esperan arriba, al pasar nos paran, allí pasamos un buen rato con ellos conversando y tomandonos fotos, al final nos obsequian con algo de comida y de dinero. Este es el carácter y el tipo de experiencias, que tendríamos durante toda nuestra estancia con los “paisas” (nombre que reciben las personas originarias de esta región de Colombia, en Antioquia y alrededores).

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Jericó. Adrián Cuéllar. 2016

La hospitalidad en Colombia va un paso mas allá. Ellos mismos nos han reconocido, que tienen unas ganas especiales de agradar a los extranjeros. La mala fama del país hace que quieran dar una vision diferente a quien se atreve a disfrutar de esta preciosa tierra. La gente se ha interesado por nuestro viaje en todo momento, hasta el punto de agbiarnos un poco. Siempre hay alguien dispuesto a entablar conversación y a ayudarte aunque no lo necesites. Muy buena gente en Colombia.

Tras llegar a Fredonia la carretera desciende durante muchos kilómetros hasta el río Jericó. El paisaje esta salpicado por pastos y ya se ven algunas plantaciones de café. A pocos kilómetros tras torcer a la derecha aparece el desvío a Jericó. La subida es de las que se recuerda, al igual que la belleza de este pueblo al más típico estilo paisa. Tras descansar un día en este lugar encantador, ponemos rumbo a La Pintada, lugar de poco interés, pero bueno para hacer una parada para pernoctar. El camino, que pasa por Tamesis, es una de las etapas más bonitas del viaje. La carretera en un estado aceptable no lleva apenas tráfico. El paisaje cambia de cafetales de montaña a bosque de coníferas, pasando por pastizales para volver a los cafetales. El día lo rematamos dándonos un lujo en las piscinas de La Pintada.

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Carretera Jericó a La Pintada. Adrián Cuéllar. 2016

Los dos siguientes días, los llevamos a cabo por la autopista sur. Aunque la carretera esta en buen estado, siempre es peor circular por estas vías, ya que van cargadas de tráfico. Tras dejar Irra atrás se inicia una gran subida y se penetra en el eje cafetero. El día fue muy duro, pero el paisaje mereció la pena. Montañas cubiertas de campos de café verdísimos y adornadas por jirones de nubes se divisan hasta donde abarca la vista. Ese mismo día llegamos a Santa Rosa de Cabal, pueblo pintresco y con una gran vitalidad. Desde allí, todavía nos queda una gran subida, para alcanzar el objetivo del día, la fuentes termales de Santa Rosa, que se encuentran casi a tres mil metros de altura y son reconocidas por la belleza de sus cascadas.

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Cascadas en las termales de Santa Rosa. Adrián Cuéllar. 2016

Un día de descanso en las termas y cubrir los treinta kilómetros que nos separan de Pereira, para acabar la primera parte de Colombia. El tráfico de Pereira muy intenso se hizo pesado, como siempre que entras en una gran ciudad, sin embargo, mereció la pena soportarlo para conocer y pasar unos días increíbles con Beatriz y su familia.

En definitiva, nos llevamos un gran recuerdo de los paisas y su bella tierra. Pero como se suele decir, el show debe continuar, eso si, a ritmo de pedalada.