Oregon, la infinita costa del Pacífico

Hemos dejado el estado norteño de Washington y hemos abandonado la costa por unos días, el motivo una visita que era parada obligatoria en nuestra ruta.
Pero el interior de Oregon tampoco hay que menospreciarlo, ya lo recorrimos hace seis años, pero esta vez descubrimos que cuenta con una región dedicada al cultivo de la uva para vino. Además, rodamos por un camino para bicicletas precioso, durante más de 30 km, sin coches y por el bosque!!es genial. Va desde Vernonia hasta el pueblito de Banks. Cuando volvemos a tomar la carretera que nos llevaba hasta Hillsboro y los 42 grados nos daban de pleno en nuestros cascos, nos queríamos volver para el bosque.
Ya en Hillsboro, a unos 25 km de Portland, disfrutamos de la compañía de Shawna y su familia. Volver a reencontrarnos con una amiga, a la que no veíamos desde hacía seis años fue muy emocionante. Pudimos comprobar que, aunque la situación vital de nuestra amiga había cambiado enormemente, la esencia de ella se mantenía intacta e inalterable, a pesar del paso del tiempo. Gracias Shawna por seguir siendo un ejemplo de persona íntegra, bondadosa y cuidadora, vas siempre con nosotros.
Aquí pasamos unos días descansando, comiendo a tope y poniendo a punto nuestras bicis, que necesitaban un paso por el taller.
Uno de los días lo dedicamos a Portland, aquella ciudad que guardábamos en el recuerdo, seis años después se presentaba ante nosotros y volvíamos a recorrerla, a pie!!! Visitamos unas cuantas tiendas de bicis y hacemos un non stop de comida. Empezamos desayunando con Shawna en el Genies, huevos benedictinos!! Para comer intentamos terminarnos, pero sin éxito un “Mancake” cada uno, sería nuestro desayuno al día siguiente. Un pancake, que se salía del plato, vamos que no se lo terminó ni el de crónicas carnívoras, y eso que el tío es un grande. Para rematar el día, nos reencontramos con otro viejo amigo, esta vez de Pamplona, pero viajando por estos lares como nosotros, en Fire on the mountain, donde nos comemos unas alitas de pollo en salsa sweet bbq. En fin, un día comilón comilón, se mire por donde se mire.

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Mancake, Portland. Adrián Cuéllar. 2015

Pero como solemos decir, el viaje continua, y hemos de seguir rodando nuestras bicicletas, que ahora, junto a la inmensa costa del Pacífico nos guían hacía nuevos destinos con olor a mar durante nuestro camino.
Así pues, dejamos el interior y volvemos a la costa, lo cual nos lleva un par de días. Por el camino, pasamos por pequeños pueblos que chocan con el ideal de las películas americanas. No son casas residenciales con su césped recién cortado y el periódico esperando a ser recogido por un servicial perro, vemos pueblos algo deprimidos, donde los coches deportivos de hace veinte años, aún estando destartalados, son el mayor entretenimiento de los jóvenes. No obstante, tenemos suerte y cuando estamos pasando por Willamina, una amable y risueña Kim, se ofrece a dejarnos su tipy para pasar la noche. Eso no es todo, resulta que en su granja había habido el fin de semana un festival de música folk, y la mujer nos ofrece diferentes tipos de cervezas artesanas y sidra que prepara su marido!venga a probarlo todo!!!

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Willamina, granja de Kim. Adrián Cuéllar. 2015

Al día siguiente dejamos ya el interior definitivamente, para volver a coger la carretera 101 que nos acerca hasta la costa. Nos hacemos conscientes que hemos dejado los pequeños pueblos, para pasar a la turística costa.
Por primera vez,entramos en un camping, pagamos 6$ cada uno, y nos quedamos en la parcela dedicada a hiker/biker. Estos lugares están bien porque no son tan caros como una plaza para caravanas y todos los ciclistas se juntan en un mismo espacio y conversan sobre su viaje.
El resto de días que dedicamos a pedalear junto a la costa son espectaculares, las playas son preciosas, no hace excesivo viento y estamos teniendo suerte para encontrar sitios donde dormir: iglesias, detrás de bibliotecas y alguna casa particular.

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South Beach campground. Adrián Cuéllar. 2015

Realmente se aprecia que Oregon, tiene una idiosincrasia bastante abierta si lo comparamos con el resto de estados por los que hemos pasado en este u otro viaje.
En uno de nuestros encuentros con los locales, una mujer nos recomienda probar una típica crema de cangrejo, especialidad de la zona, así que en cuanto tenemos oportunidad nos hacemos con una en la pequeña localidad de Florence y nos zampamos casi un litro!!Si es verdad, estamos comilones, pero es que la bicicleta desgasta mucho!!
Después de diez días por el Estado de Oregon nos disponemos a cruzar hacía la soleada California, a ver que nos depara el sur!!

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Costa de Oregon. Adrián Cuéllar.2015
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