Arena y espinas en Baja California

Tal como os contamos en el post anterior, entrar en México fue muy fácil, atravesar el desierto ha sido otra historia.
Todas las familias que nos acogieron con los brazos abiertos, así como las personas con las que nos cruzamos en las ciudades del Norte de Baja California, como en Playas de Rosarito, Ensenada y San Quintin, nos avisaron que el calor sería muy fuerte, pero hasta que no nos adentramos con nuestras bicicletas en el desierto no lo sufrimos en nuestra propia piel.

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Valle de los cirios. Adrián Cuéllar. 2015

Así, agarramos la carretera 1, que no abandonamos hasta el final. Los primeros días empezamos pedaleando temprano, o eso nos parecía, sobre las 8:00 h de la mañana, ya estábamos sentados en nuestros cómodos sillines, parábamos tranquilamente cuando apretaba más el calor para comer, y por la tarde llegábamos a casa de nuestros amables y acogedores anfitriones. Pero esto era un cuento de hadas, el calor solo era un aperitivo comparado con lo que nos esperaba. Cuando llegamos al pueblo del Rosario nos dimos de bruces con la realidad, esa tarde nos adentramos en el puro desierto, subimos cinco cuestas y pedaleamos bajo un sol de justicia, llegando a alcanzar los 46ºC. Una locura!! Esa noche llegamos a un pequeño rancho llamado “El Descanso”, el poco agua que quedaba en nuestros botellines estaba ardiendo, así que allí nos aprovisionamos de agua y nos comimos unos raspados (polos de hielo), que nos trasladaron desde el infierno a la Tierra.

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Carretera 1, Baja California. Adrián Cuéllar. 2015

En ese punto, decidimos empezar a pedalear más pronto, porque de allí no había escapatoria, a no ser que lo hiciéramos antes de que el sol empezara a calentar, y eso lo hacía muy muy temprano. Por tanto, el despertador sonó a las 5:30h y una hora después estábamos en las bicis, viendo amanecer, tres horas después estábamos haciéndonos suero para reponer todas las sales que perdíamos a través del sudor, y pasadas las 10 de la mañana llegamos al poblado de Cataviña exhaustos. Allí en medio del precioso paisaje que nos ofrecía el lugar, conocido como el “valle de los cirios”, nos tuvimos que quedar todo el día, ya que los 45ºC, fueron la tónica. Como anécdota os contamos que estaban celebrando el “día de los abuelos”, así que allí estábamos en la delegación del pueblito, con tres policías y comiendo ceviche con los ancianos del lugar. Cómo, qué dónde dormimos? Pues con nuestros amigos policías, con los que nos contamos la vida mutuamente y con los que compartimos tejado. Si, si, tejado! Hacía tanto calor que los policías dormían allá arriba, y amablemente nos invitaron a pasar la noche con ellos, así que como no podía ser de otra manera, aceptamos y a la luz de la luna llena pasamos la noche en el tejado.

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Amanecer en el desierto. Adrián Cuéllar. 2015

Los días siguientes tuvimos que estar recuperándonos de algunos problemitas médicos, en la pequeña ciudad de Guerrero Negro, pero pronto volvimos al desierto, a su paisaje de enormes cactus, a sus tarántulas peludas, escorpiones amarillos de las cunetas, y a su calor paralizante.
En definitiva, estos días en la Baja California han sido muy duros, hemos tenido que madrugar a tope, porque a partir de las 10:30 h de la mañana no se podía hacer nada y mucho menos pedalear, pero teníamos que llegar a los lugares para no quedarnos en mitad de la nada, algún día que nos pasó, tuvimos la suerte de cruzarnos con amables conductores que nos dieron “raite” (nos llevaron) en sus pick-up. Y eso también ha sido la tónica, gente amable a raudales, allá por donde pasábamos nos ayudaban, y eso ha hecho que las gotas de sudor se hayan secado más rápido. Así pasamos por las increíbles playas de Mulegé, la ciudad de Loreto, anclada en un paisaje espectacular, y la pequeña Ciudad Constitución, donde sus amables bomberos nos acogieron con los brazos abiertos. Y casi sin darnos cuenta, estábamos en La Paz, donde nos quedamos unos días descansando y esperando a ver si nos pasaba un barquito al otro lado, aunque finalmente tuvimos que agarrar el ferry!!

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Altar a la virgen Guadalupe. Adrián Cuéllar. 2015

Pedalear por la carretera 1, que recorre “la Baja” de Norte a Sur, es muy fácil, ya que apenas hay tráfico, solo has de tener en cuenta que si viene un camión de frente y otro por detrás, lo mejor que puedes hacer es salir de la carretera, dejarles pasar y continuar después. Otro aspecto a tener en cuenta es la época del año en la que pedalear por estas tierras, la mejor idea es hacerlo evitando los meses de más calor (julio, agosto y septiembre), pero si como nosotros no tienes otra ocasión, mucho suero y ánimo!!!

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One thought on “Arena y espinas en Baja California

  1. Gregory Greve 19 septiembre, 2015 / 5:05 pm

    Your desert adventure was exciting and a real pleasure to read, especially from our cool rainforest valley on Vancouver Island :)… It will be interesting to see in the years to come what parts of your bike adventures remain vivid.. I think this desert heat will simmer for a long time in your hearts :)… Jesus bless you two.. Greg & Cindy :)…

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