Panamá el país que rima con…

Pues rima con infinidad de palabras y sensaciones, todas ellas dependiendo de la experiencia que tenga la persona que se deja caer por esta tierra caliente y húmeda con olor a plátano y café.

Para nosotros rima con granja, nacimientos, patacones (plátanos fritos al estilo panameño), sudor, emociones, cierre y comienzo de año, entre muchas otras cosas.

Pero, para llegar a este estrecho país tuvimos que dejar la Cruz Roja, donde pasamos nuestra última noche en Costa Rica y tras unos trámites sencillos, como viene siendo lo habitual, en la frontera, pasamos a Panamá. El policía, en lugar de pedirnos todos los requisitos para entrar: 500 dólares, forma de salir del país y hotel, nos pregunta de dónde venimos y hacia dónde vamos, comenta con su compañera nuestro viaje y nos sella el pasaporte: “ya estamos dentro Adri!!”, “pues claro Ana, si es que te pones nerviosa, sin motivo”.

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Frontera Costa Rica/Panamá. Ana Mateos. 2015

Ese mismo medio día llegamos a la ciudad de David, tras dar algunos tumbos en busca de un lugar para poner la tienda, terminamos en Protección Civil. Eso sí, para el almuerzo tenemos suerte y nos topamos con Rodolfo, quien nos invita a comer, también una mujer nos surte la merienda, vaya que en Panamá no nos dejarán morir de hambre.

Tras una tranquila noche en nuestra tienda de campaña, son ya unas cuantas entre estas paredes de tela , llegamos a la granja con la que habíamos contactado un mes antes por la página de workaway. La finca se encuentra en San Juan (Chiriquí) y todas nuestras expectativas sobre la misma se vieron superadas.

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Cabra en galera. Adrián Cuéllar. 2015

 

 

En PanOvejas (así se llama la granja), hemos estado casi un mes, desde nuestro primer día nos trataron fenomenal. Nuestra habitación toda de madera y con un colchón que nos ha permitido recuperar nuestras espaldas, fue la primera grata sorpresa. Después estuvieron las deliciosas comidas de la cocinera Dania, y por supuesto, el trato amable de Carol y Rudie, así como de la atenta Mayulis. Con los días fuimos conociendo a los trabajadores y la rutina del día a día: limpiamos cuadras, acarreamos troncos, picamos pasto, alimentamos a los animales, hicimos pan, pasta, magdalenas con harina de plátano, recolectamos saril… En definitiva, compartimos el trabajo con las personas que bajo un ardiente sol y mientras les resbalaban ingentes gotas de sudor por el rostro, trataban de comprender, aunque sin mucho éxito, como nos había dado por viajar de esta manera y porque no teníamos hijos ni casa. Cómo explicarles que padecemos el síndrome del eterno viajero, sin parecer aún más locos de lo que ya pensaban que estamos.

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Elaboración de pan de leña. Ana Mateos. 2015

Los momentos más interesantes han sido la observación del día a día de las cabras y ovejas, la pasteurización de la leche tras el ordeño y los experimentos culinarios. Pero, los más emocionantes sin ninguna duda, han sido cuando nacieron las crías de cabras y ovejas, y los días siguientes alimentando a biberones a los más débiles, en especial a “Dálmata”, que nació prematuro y del que ha sido dura la despedida.

En nuestros días libres hemos ido a la playa de Las Lajas en compañía de Rudie, también fuimos a Boquete, donde nos invitaron a un tour cafetero y a comer. También tenemos que agradecer las cenas de Navidad y los helados italianos.

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Ordeño matutino de cabras. Ana Mateos. 2015

Esta parada en la granja nos ha permitido recuperar fuerzas y recargar las baterías, que la traíamos parpadeando después de seis meses sin largos descansos. También, conocer in situ el día a día en la granja, pasar unas Navidades diferentes, con cero consumo y cero dulces navideños (esto último lo pensamos solucionar a la vuelta), y sobre todo, encontrar gente maravillosa que se van directamente al espacio que tenemos en nuestros corazones para todas estas personas que, de una manera u otra, van haciendo que nuestro camino sea inolvidable.

Pero como la función tiene que continuar hicimos, de nuevo, las alforjas, y llegamos a la mega Ciudad de Panamá, los rascacielos inundan las calles, mientras nosotros intentamos escapar, tratando de ver la vida de l@s panameñ@s en esta enorme locura de tráfico, cláxones y olores, que nos recuerdan y nos transportan a una ciudad asiática, por la qué anduvimos cuatro años atrás.

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Cinta Costera, Ciudad de Panamá. Adrián Cuéllar. 2016

La ciudad en sí, tiene un pequeño casco antiguo, bastante cuidado y bonito, así como un largo paseo marítimo, que llaman cinta costera, y donde si no hace un sol ardiente puedes disfrutar de la tranquilidad, mientras caminas. Pero a nuestro parecer, poco más la hace atractiva, como para dedicarle muchos días. Nosotros hemos estado atareados empaquetando las bicis para el avión, imprimiendo los billetes y eso sí, disfrutando de la no presencia de mosquitos, aunque no creemos que esto dure demasiado.

En avión y con el 2016 recién estrenado, dejamos Panamá emocionados por tener ante nosotros 365 días esperando ser exprimidos, sea donde sea. Queremos sacarle todo el jugo a la vida y queremos seguir contándotelo.

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Vista nocturna de Ciudad de Panamá. Adrián Cuellar.2016
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One thought on “Panamá el país que rima con…

  1. yassine 19 enero, 2016 / 8:22 pm

    Muy envidiable vuestra suculenta aventura. Espero q siga yendo igual de bien.

    Un abrazo adri

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