Pedaladas Andinas

Adiós Ecuador, entre tus montañas se queda una parte de nosotros y también algunas lágrimas que son parte del viaje, así como las sonrisas que nos han regalado y que hemos devuelto gustosos. Nadie nos avisó de cómo sería el día a día de unos nómadas en bicicleta, pero nosotros contentos y de buena gana, hemos asumido todo lo que este camino nos está ofreciendo. En ocasiones son experiencias duras, que se graban en la piel, pero de todo hay que aprender y ninguna vivencias es desdeñable.
Así pues con la vista puesta en el futuro, llegamos a la frontera de la Balza, allí un policía súper risueño nos pregunta sobre nuestra ruta y nos deja elegir el tiempo de nuestro visado, tras los típicos consejos de seguridad nos marchamos con otro nuevo sello en los pasaportes.
Perú nos recibe con un sol y un calor propios del desierto, tanto vamos sudando que tenemos que hacer varias paradas en muy pocos kilómetros, la primera en una mini sombra, en la que….sorpresa!conseguimos arreglar el cuentakilómetros, descubrimos que tras un mes de sequía estadística, solo estaba mal puesta la pila. En la segunda parada tenemos que pedir agua y de regalo nos llevamos unas naranjas. En la tercera, y tras preguntar dónde podemos comer, una señora muy amable nos invita a su casa, mientras nos habla con mucho cariño de sus cuyes ( también conocidos como conejillos de indias, que se comen bastante por estas latitudes).

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Cuyes en una cocina andina. Adrián Cuéllar. 2016

Con el sol un poco más bajo y tras esquivar una tormenta de minutos, pero intensa, conseguimos llegar a nuestro primer destino, San Ignacio. Aquí pasamos dos días geniales, en la casa vacía que nuestro anfitrión nos presta, adaptándonos al nuevo país, y probando el rico ceviche, lomo saltado y milanesa, comida deliciosa a la que nos invitan.
Las siguientes jornadas transcurrirán con el mismo calor y con la cumbia como banda sonora, alegrando cada rincón, cada comercio y cada pueblo.
Y entonando las letras de las canciones, llegamos al pueblito de Perico, donde compartimos un día con Milton (campeón de ciclismo, en su categoría durante varios años) y su familia, desde allí llegamos a la loca ciudad de Jaén, invadida de agresivas moto taxis. En estos primeros días en Perú, ya hemos aprendido a manejarnos con los Soles (la moneda nacional), a sobrevivir a los ataques de los perros, que se nos abalanzan como en ningún país, llegando incluso en alguna ocasión a mordernos las alforjas, y también volvemos a sufrir el ataque de los mosquitos que sobrevuelan a sus anchas en esta región del país.

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Campesinos andinos (La Libertad). Adrián Cuéllar.2016

Sin escapar a sus picaduras seguimos por la sierra y coronamos la bonita ciudad de Cajamarca, donde pasamos unos días con una familia que nos acoge como si fuéramos dos hijitos más. Con ellos visitamos Baños del Inca, Ventanillas de Otuzco, recorremos la ciudad, probamos en delicioso manjar blanco, comida casera hecha con amor y tortilla de patatas hecha con mucho arte! Tras la despedida y el típico: “¿cuándo volveremos a verlos?”, nos subimos, de nuevo, a las bicicletas y seguimos recorriendo la hermosa sierra, pasamos por Cajabamba, Huamachuco, Cachicadan, donde nos invitan a noche de hotel con aguas termales incluidas, algo que nos viene de lujo tras varias jornadas de pedaleo por carretera sin asfaltar o trocha (como la llaman aquí) y bajo la lluvia. Como recompensa cientos de saludos con los que l@s amables campesin@s nos obsequian, mientras nos explican cosas de su ganado, generalmente bovino.

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Rincón de la sierra peruana (Angasmarca). Adrián Cuéllar. 2016

Los bonitos días por la sierra se ven interrumpidos cuando, dejando el pueblo de Pallasca, y pasado Mollebamba, el camino de piedras nos pasa factura, haciendo que una de las llantas se rompa hasta casi causar daños al neumático. Por suerte, y la verdad, no sabemos cómo aguantó, pero lo hizo, llegamos hasta Chuquicara, allí tras descender desde los 3.131 metros hasta los 500. Nos encontramos de nuevo en un terreno árido, en un pueblo donde el calor es abrasador y donde es imposible arreglar la llanta. La policía nos recomienda ir a Chimbote para la reparación, ya que además, hasta la tarde la carretera por la que queríamos seguir se encuentra cerrada por obras. Vaya!!una vez el viaje, nos obliga a flexibilizar nuestras mentes, cambiar de planes sobre la marcha y aprender que el camino no es una alfombra de pétalos de rosas, eso sí, en el camino siempre hay almas generosas dispuestas a echarte una mano, brindarte la ayuda que necesitas, y así, encontramos a una familia que nos lleva hasta Chimbote en su carro, ya que la bicicleta no puede hacer más kilómetros, nos la hemos jugado bastante. La inesperada bajada de la sierra hasta la costa, nos abofetea en plena cara. Nos hemos despertado en un pueblito andino de pocos habitantes, donde se estaba fresco y las sonrisas eran cálidas y terminamos en una ciudad grande, donde el calor es pesado y las miradas son frías. Por lo menos, la bici queda con la llanta arreglada, no sabemos para cuánto tiempo, porque el repuesto es el que es por estos lares, pero hay que tirar con lo que tenemos.

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Subida a Pallasca, las mil y una curvas. Adrián Cuéllar. 2016

Decimos hasta pronto a la sierra, pronto volveremos a ella, porque ya nos hemos emborrachado de las montañas, de sus habitantes, de su comida y de sus increíbles paisajes.

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Carretera peruana en estado puro (Cachicadan). Adrián Cuéllar.2016
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