GRAN CANARIA, MÁS BOSQUE Y MENOS ARENA DE PLAYA

Llegamos al aeropuerto de Gran Canaria en pleno aviso de temporal. Nuestras primeras ideas preconcebidas de la isla son a base de comentarios ajenos y de imágenes que vemos por internet. La verdad, ambas cosas bastante contradictorias entre sí, puesto que la tachan de una isla poco atrayente, pero a nosotros por lo que vemos en la red, nos parece muy bonita.

Puesto que llegamos temprano y queremos aprovechar los días en la isla, tras una breve pausa para aprovisionarnos de alimentos, a media mañana nos encontramos ya conduciendo por carreteras con curvas infinitas, y con la sensación de poder ser arrollados en cualquier momento por un gran autobús, que puede engullir al pequeño coche de alquiler.

La primera marcha que realizamos es por el Barranco de los Cernícalos, un recorrido de aproximadamente 6 kilometros. Se parte de Lomo Magullo, la primera parte de la travesía es ascendente, y ya en la parte más alta comienzan a aparecer los caideros (saltos de agua). Todas ellas con agua y repletas de verde vegetación, como el resto del recorrido, entre ellos el acebuche canario. No son saltos de gran envergadura, puesto que el barranco es estrecho, pero sí muy recomendables de ver. El camino de vuelta se hace por el mismo sendero. El aparcamiento dispone de una zona recreativa con comederos.

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Barranco de los Cernícalos. Adrián Cuéllar. Febrero 2018

Tras la obligada parada para reponer fuerzas, nos dirigimos a la Caldera de Bandama, la niebla lo cubre todo, pero podemos apreciar una caldera volcánica enorme con paredes desmembradas. Existen aquí también, muchas rutas y caminos para recorrer a pie.

De nuevo motorizados nos dirigimos surcando curvas y parando en algunos impresionantes miradores, que ofrecen diferentes vistas de esta zona central de la isla, hasta el pueblo de Tejeda. Este pueblo se halla dentro del Parque Rural del Nublo. El pueblo presume de ser uno de los más bonitos de España, y aún que en sí no nos parece espectacular, todo y que la inversión que hay en él es evidente, la ubicación y alrededores son increíbles. Hay unas excelentes vistas tanto de Roque Nublo como del pico Bentayga.

Roque Bentayga
Pico Bentayga. Ana Mateos Sanz. Febrero 2018

Será a la mañana siguiente y desde la pequeña población de La Culata cuando nos encaminamos al Roque Nublo, una roca cuya singularidad morfológica la confieren la fortuna de ser la gran mimada de l@s canari@s. El monolito de basalto tiene una altura de más de 60 metros y 35 metros de base, sobre él se alza roque Nublo. Aunque subimos muy temprano, podemos cerciorarnos que también es un lugar muy visitado por turistas externos.

Roque nublo
Roque Nublo. Adrián Cuéllar. Febrero 2018

Desde la misma población de La Culata, y ya por la tarde subimos hasta la Cruz de Timagada (1.285 metros), un lugar para hacer un alto en el camino y reposar, ya que el ambiente favorece la paz del visitante. Ya de vuelta a nuestro vehículo, nos encontramos con Juan; un canario de 70 años que solo ha salido una vez en su vida de la isla. Una persona con fuertes raíces a su tierra, y que como siempre que charlamos con locales nos ayuda a hacernos un mapa mental y a comprender la idiosincrasia de las personas que allí viven. Es como aterrizar a una realidad nueva, imaginando unas vidas en un contexto determinado; hablando con él nos cuenta una vida que de nuevo, desde nuestra perspectiva nos resulta un mundo desconocido y nos llena la cabeza con vivencias de un lugar tan increíble, como esta escarpada isla.

Dejamos el pueblo de Tejeda, y  llegamos a Teror, antes de pasear por el pueblo y ante la amenaza de lluvias, nos encaminamos hasta la Casa de Osorio, hoy convertida en Aula de la Naturaleza , una iniciativa del Cabildo Insular con el objetivo de proteger el medio ambiente. La finca es preciosa, y merece uno o varios paseos, es un remanso de paz y de vegetación, que anima al paseo, al ejercicio y al reposo. Nosotros optamos por subir hasta el Pico de Osorio (968 metros de altitud). Como decimos, la vegetación de la finca, muy muy cuidada, es increíble. La subida es bastante empinada y hay que tener en cuenta que la humedad es muy alta, así pues la transpiración está más que asegurada. No obstante, nos pareció la típica marcha que a priori no dice mucho, pero luego sorprende para bien. Se puede hacer de manera circular y pasar así por los huertos que tienen de los habitantes del pueblo. Se llega a la zona alta de Teror, así pues bajando ponemos rumbo al centro del pueblo, que gracias a la basílica de la Virgen del Pino, es considerado el centro religioso de Gran Canaria. También el centro dispone de diferentes casas y residencias bien conservadas, como la casa de Los Patronos, mansiones con corredores de madera y amplias ventanas.

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Basílica de la Virgen del Pino (Teror). Ana Mateos Sanz. Febrero 2018

Por la tarde llegamos a Agaete, es la primera zona de playa que pisamos y nos encanta. Todo y que hay turismo, se conserva (al menos en febrero), muy local. Un paseo con el mar de fondo y el atardecer es lo que disfrutamos de lo que resta de día.

Al día siguiente, y contra todo pronostico, amanece muy soleado, así pues, animados por los calientes rayos de sol, nos vamos caminando desde Agaete hasta la solitaria playa de Guayedra,  salimos del pueblo por una pista, que seguimos hasta llegar a la carretera, tras un breve tramo por la misma, nos enfrentamos a una bajada muy empinada. Desembocamos en una playa de arena gravosa y oscura desde la que se observa la formación rocosa “El dedo de Dios”. En la playa descansamos y nos dejamos llevar con el vaivén de las olas. Ya de vuelta, toca remontar el empinado camino, de nuevo por pista y dejando a un lado el pinar de Tamadaba, bajamos hasta Agaete.

Playa de Guayedra
Bajada a la playa de Guayedra. Ana Mateos Sanz. Febrero 2018
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Playa de Guayedra. Ana Mateos Sanz. Febrero 2018

Por casualidad, nos topamos con un sábado animado. Son los carnavales en el pueblo, y aquí, como todo el mundo sabe se celebran a lo grande. Nosotros nos metemos en la fiesta y disfrutamos de la música en directo y de la originalidad e imaginación de la gente. Disfraces para todos los gustos!

Agaete
Atardecer en Agaete. Ana Mateos Sanz. Febrero 2018

El último día en Gran Canaria, llega el tan temido temporal, el fuerte viento y la lluvia nos mantiene hasta por la tarde recluidos a la lectura y a los juegos. Deshacemos el camino en el coche, esta vez por la autopista que recorre el norte de la isla y a media tarde con el permiso de la lluvia paseamos por Ingenio. Un pueblo que se nos antoja menos turístico a simple vista. Con un centro, por cierto, muy en la zona alta, no apto para piernas flojas.

Y hasta aquí nuestra andadura por Gran Canaria, en los pocos días que estamos, solo exploramos parte de la zona centro y norte de la isla, pero nos asombramos de la cantidad de caminos y rutas por la montaña que vemos. Además, dispone de una amplia red de zonas de acampada y lugares muy tranquilos alejados del murmullo turístico. No encontramos, puede que sea por la fechas, ningún lugar lleno de gente.

Quedamos, en definitiva, encantados con la isla, nos encandila el Bienmesabe, y el resto de platos que probamos también nos resultan muy ricos. La vegetación nos deja alucinados y nos quedamos con ganas de más, más tiempo para seguir recorriendo los caminos y los lugares que esconde esta tierra volcánica.

 

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PARQUE NACIONAL DE MONFRGÜE, NO OLVIDES TUS PRISMATICOS

En esta ocasión os contamos nuestra salida furgonetera que nos lleva hasta el Parque Nacional de Monfragüe. Tres días recorriendo los diferentes senderos del Parque y disfrutando de la niebla matutina y del sol tardío.

Se puede entrar en el Parque de manera gratuita y si llegas con vehículo propio, no tendrás problema para aparcar, puesto que hay aparcamientos habilitados en diferentes zonas del mismo. Si vas en furgoneta o autocaravana, veras que en el pueblo de Villarreal de San Carlos, centro de información del Parque y desde donde se empiezan algunas de las rutas, no es posible quedarse por la noche. Pero, no desesperes, nosotros tras la caminata nos movíamos a cualquier parking que nos pareciera tranquilo y que estuviera plano, y allí pasamos la noche sin ningún problema.

En el Parque se puede ver en pleno esplendor monte mediterráneo: bosque, encinas, matorrales y el agua en forma de embalse o arroyo, son los ingredientes ideales para la existencia de diferentes especies de fauna y flora.  La cercanía de los ríos Tajo y Tiétar, confieren al lugar las características ideales para disfrutarlo en cualquier época del año, siendo recomendable, evitar los meses de verano más calurosos.

Nosotros hacemos cuatro de las diferentes rutas propuestas:

1. Comenzamos con la ruta amarilla que va desde Villarreal hasta el embalse de Torrejón, ideal si queréis disfrutar de zonas a la sombra y con agua, ya que se pasa por alguna fuente (la fuente de los tres caños). El paseo es muy agradable y realizable en unas tres o cuatro horas, dependiendo del ritmo. Hacia el final de la ruta, se llega al Mirador de la Tajadilla, donde puedes disfrutar con tus prismáticos de buitres leonados, alimoches y milanos. La vuelta es por el mismo camino, durante el cual podrás ver pequeños grupos de corzos, a muy poca distancia.

Corzos
Grupo de corzos, ruta Amarilla Monfrgüe.Erik Cuéllar. Enero 2018 

2. El segundo día y abrumados por la intensa niebla recorremos parte de la ruta morada, hacemos todo el ascenso, que va por pista bastante ancha y cuando llegamos a la parte más alta y antes de comenzar el descenso al pueblo de Torreón el Rubio retornamos para tomar parte de la ruta roja, esta sí por caminos más estrechos y por bosque. Llegamos hasta la fuente del Francés. Tras la pausa del medio día, seguimos por la ruta roja hasta el Salto del Gitano-Peña Falcón, un mirador desde el cual se pueden divisar colonias de buitres leonados y negros, pero aquí sí queremos decir, que se ven sin ningún tipo de aparato de última generación, ya que las aves se presentan ante el visitante por cientos.

Buitre
Buitre, ruta roja Monfraüe. Erik Cuéllar. Enero 2018

Desde aquí, hay un breve tramo de carretera hasta que se toma el camino que sube al Castillo, una subida de unos treinta minutos. La llegada a la fortaleza en ruinas de Al-Monfrag es tranquila, ya que aun que se sube, se pueden ir haciendo paradas. Antes de llegar se puede ver la ermita que tiene adosada a una de sus torres. Desde lo alto de la atalaya, se comprueba la situación estratégica de la construcción, puesto que desde ella se puede divisar prácticamente todo el terreno del Parque.

Peña Falcón
Peña Falcón. Erik Cuéllar. Enero 2018

3. El tercer y último día, hacemos parte de la ruta verde. No llegamos a coronar cerro Gimio, pero el camino encañonado que sigue los laterales del Arroyo Malcevino, y la vuelta por el bosque en el que abundan los madroños, nos dejan muy buen sabor de boca.

Monfragüe es un Parque Nacional para todos los gustos, hay rutas bien definidas de mayor y menor intensidad, para senderistas y para familias. Así mismo, desde nuestro punto de vista, tiene el aliciente de la fauna, ya que de manera sencilla y sin rebuscar demasiado se pueden observar muchas y diferentes especies de animales.

Salto del Gitano
Peña Falcón-Salto del Gitano. Ana Mateos Sanz. Enero 2018

Nosotros disfrutamos del Parque en enero, no sabemos si será la mejor época, solo podemos decir que si bien las mañanas eran nubladas, en las tardes nos acompañó un sol precioso, que nos hizo disfrutar mucho de unos días de tranquilidad, ya que prácticamente no nos encontramos con nadie, excepto en la ruta roja que sube al castillo y puede que por ello, sea la más turística.

MALLORCA, ¿SOL Y PLAYA?

Llegamos a la isla por avión, de momento, mientras no exista un puente que nos permita acceder a la misma andando o en bicicleta, optamos por economía, por esta opción aérea.

La idea de este viaje es recorrer parte de la Sierra de Tramontana a pie, casi todo el tiempo por el GR 221.

Tras aprovisionarnos de comida para los próximos cinco días, emprendemos con nuestras mochilas de montaña, demasiado llenas, el inicio de la andadura.

Desde la capital, concretamente en la estación intermodal, tomamos el autobús número 210 hasta el pueblo de Valldemossa, el cual, por cierto, nos encandila. El tranquilo ambiente, las casas bien cuidadas y el paraje en el que se asienta, nos parece un agradable entrante para todo lo que nos esperaba en el festín insular.

A primera hora de la tarde recorremos el camino hasta el pueblo de Deià, un camino de dificultad moderada, aunque con una bajada muy pronunciada hasta el pueblo, no apta para rodillas sensibles.

bajada a Deia
Bajada al pueblo de Deià. Adrián Cuéllar. Diciembre 2017

Llegamos al refugio de Can Boi cuando ya es de noche, viajar en diciembre, tiene el punto positivo o negativo, dependiendo para quien, de los días con menos horas de luz. El refugio, está agradable y tranquilo.

A la mañana siguiente, dejamos nuestras literas y comenzamos la ruta, siguiendo el GR 221, de nuevo el pueblo, por el que hay que pasar, nos encanta, pero empezamos a darnos cuenta de una realidad que hasta este momento de nuestras vidas, nos había pasado desapercibida. Mallorca tiene unos precios en sus viviendas elevadísimos, vemos sumas de dinero que jamas habríamos imaginado desde nuestro universo del extra radio madrileño.

El sol nos acompañada tímidamente hasta Sóller, de nuevo y perdonar por la insistencia, nos dejamos mimar por el buen gusto y el cuidado pueblo, aun que una vez más escuchamos, más de lo que nos gustaría, idiomas extranjeros más que Mallorquí. Asumimos la realidad y comenzamos a fijarnos en la cantidad de agencias inmobiliarias de lujo que prácticamente, plagan estos pueblos.

Tras la parada de la comida y un pequeño añadido de fruta a nuestra compra, pequeño, porque aún pesan demasiado nuestras mochilas, comenzamos a subir hasta l´Óffre, una ascensión marcada por el cultivo en terrazas que casi alcanza las partes más altas. Anonadados fijamos nuestra atención en los olivos que crecen hasta en las más pequeñas y altas terrazas, no nos cabe la menor duda de la dificultad que supone varear y trabajar esos árboles, y lo duro que debió ser antaño. Reflexionamos entonces en porqué los payeses se arriesgarían tanto construyendo y trabajando en terrazas a tanta altura, y de nuevo, volvemos a conectar con el lugar y nos damos cuenta de donde estamos, una isla donde el espacio es limitado y cada centímetro debe aprovecharse.

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Olivos de aquí y allá. Adrián Cuéllar Gálvez. Diciembre 2017

Con los últimos rayos de sol y entre ovejas muy lanudas llegamos al Refugi Xim Quesada antes de llegar al pico Es Cornadors, hemos tenido que desviarnos del GR 221, y subir otro trecho hasta llegar a nuestro refugio, pero la puesta y la salida del sol merecen la pena. El refugio es de uso público y gratuito, dispone de una chimenea, una mesa y unos bancos. Todo muy básico, todo en un enclave especial. Encendemos una hoguera bastante pobre, las ramas que tenemos aún húmedas por la nieve de los últimos días no dan para más.

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Refugi Xim Quesada. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2017

Decir que la tercera jornada fue un agradable paseo no sería hacer honor a la verdad. Una vez recogemos los bártulos y dejamos el refugio tal como lo encontramos, descendemos de nuevo al GR, en la parte hasta el embalse de Cúber tropezamos con los primeros tramos de camino con hielo y nieve, pero solo era un aperitivo por lo que estaba por llegar. Extrañados por la masa de gente que nos envuelve, tras tres días de poco contacto humanoide entre las montañas, dejamos el embalse lleno de Mallorquines que disfrutan de la nieve, algo según nos cuentan muy muy poco frecuente.

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Embalse de Cúber. Adrián Cuéllar Gálvez. Diciembre 2017

El camino cada vez con más centímetros de nieve se torna un engorro, ya que, casi a cada paso nos hundimos hasta las rodillas, y el peso de nuestras mochilas no ayuda nada. Una vez llegamos a la parte más alta del recorrido, contemplamos gran parte de la isla, estamos rodeados de mar, pero sobre un manto blanco. Empezamos el descenso al Santuario de Lluc, por si no os lo imagináis, ya os lo contamos, los pies empapados y una bajada en zig zag la cual está a la sombra y por tanto es una pista de patinaje sobre hielo, también como de costumbre, llegamos a la zona de acampada de Lluc con las últimas luces. Nos dan una maderas secas que más tarde se convierten en nuestra más apreciada secadora. Una vez ponemos la tienda, hacemos una hoguera a la que rendimos pleitesía hasta que nos vamos a dormir.

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Descenso al Santuari de Lluc. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2017

La siguiente jornada podría decirse que es “de descanso”, pues dejamos nuestras mochilas y todo lo innecesario y nos hacemos una ruta de 10 kilómetros hasta el pueblo de Caimari, la ruta no presenta dificultades y tiene un par de lugares que son unos excelentes miradores. Pasamos el resto de la jornada buscando el calor, lo conseguimos entre el chocolate caliente y la sala de lectura del santuario.

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Santuari de Lluc. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2017

Hoy será el último día de ruta en nuestro recorrido por la sierra. Llegamos a medio día a Pollença, aquí nos alojamos en el Refugi Pont Romá. Perdonar de nuevo, pero el pueblo nos encanta, Adri ya está decidido a venirse a vivir aquí!!La jornada siguiente es obligatoriamente de descanso puesto que así lo marca la lluvia que, desde por la mañana, se deja notar. En una tregua, Adri recorre el tramo del GR 221 que llega hasta Port de Pollença, nada remarcable, puesto que transcurre pegado a la carretera. También podemos ir al Calvari, una alta colina desde la cual se divisa el pueblo y alrededores.

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Mercado dominical de Pollença. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2017

En el autobús número 340, ponemos rumbo a Palma, pasaremos dos días en la capital paseando y haciendo visitas inesperadas, como la del Parlament Balear, casualidad y suerte poder hacer una visita guiada junto con los estudiantes de un instituto. También vemos el castillo de Bell-ver de manera gratuita, puesto que lo visitamos en domingo y en cuanto a la noche mallorquina, tenemos ocasión de disfrutar de una jam session que nos deja muy buen sabor de boca, talentazo el que se gastan por la zona.

En definitiva, disfrutamos de Mallorca en un ambiente bastante peculiar a causa de la nieve, poco frecuente, de los paisajes de piedra y olivos en contraposición a las famosas playas, de los pueblos de montaña y del queso de oveja. Mentiríamos si dijéramos que no hubo lugar para la sobrasada y las ensaimadas, porque sí las probamos y repetimos, y también nos trajimos con nosotros un muestra de estos productos típicos y deliciosos de la isla.

Más allá del centro de Londres

Teníamos pendiente hace ya tiempo una visita a nuestros amigos en Londres. Por fin, cuadramos fechas y nos plantamos en la capital inglesa. Eran ya varias las veces que habíamos visitado la ciudad, así pues decidimos, que en esta ocasión, habría tiempo para las zonas verdes.

Organizamos siempre nuestras visitas dentro del horario laboral de nuestros amigos, porque no lo olvidemos nunca, los lugares a visitar son importantes, pero lo realmente bello son las relaciones que se forjan o se mantienen en diferentes contextos.

Así pues, nos lanzamos la primera tarde a pasear por la ribera del río Támesis y llegamos al Hampton Court Park, un precioso y cuidado parque Real, en el que vimos nuestra primera, pero no última manada de ciervos londinenses en las cercanías del Hampton Court Palace. El sol que rondaba sus últimas horas, hizo del paisaje algo idílico.

 

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Hampton Court Park. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Al día siguiente, sí optamos por acercarnos al centro, fuimos en tren y desde la estación de Waterloo hicimos un rulo de unos 20 kilómetros andando no apto para personas poco motivadas!!!En nuestra vuelta vimos los lugares clave: Torre de Londres, Parlamento, Abadía de Westminster, mercado y barrio de Camden, Museo de Historia Natural….en fin un largo recorrido, en el que tuvimos tiempo para echarnos unas risas intentando hacer la típica foto con el bus inglés y comer en un parque disfrutando los sutiles rayos de sol, rodeados de gente de oficina que terminan su comida rápida con sus cafés “take away”.

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El centro visto desde el  Sant James Park.Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Tras el breve contacto con la ciudad, nos volvimos a decantar por lo verde. En esta ocasión, visitaríamos y pasearíamos por el Richmond Park, un oasis, entre otros que te transportan lejos del ruido de la city. Dentro del enorme parque, hay un jardín más cuidado que se llama Isabella Garden, merece un paseo. De nuevo ciervos se cruzan en nuestro camino, hoy vemos como hacen frente a un perro suelto que pretende pastorearlos, ellos, no se lo toman nada bien.

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Ciervos reales del Richmond Park. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Hoy queremos ver más allá de los límites de la ciudad, así pues, nos decidimos por acercarnos hasta el pueblo de Guilford, que pertenece a Surrey. Se puede llegar en tren o en bus, nosotros probamos las dos modalidades, una para la ida y otra a la vuelta. Ambas recomendables, todo depende siempre del tiempo y del presupuesto de cada uno, la opción del tren es más rápida, pero más cara. El pueblo nos gustó, la arquitectura era bastante estilo inglés clásico, pero si bien las fachadas y edificios eran originales, las marcas y tiendas que lo poblaban se pueden encontrar en cualquier lugar. Tras pasear por el pueblo, como seguíamos motivadísimos….nos fuimos andando hasta Santa Martha on the hill, una iglesia con un pequeño cementerio en lo alto de una colina, desde donde se tienen unas vistas muy chulas. De nuevo, y como en días anteriores el sol nos está acompañando, así que disfrutamos mucho del paseo, aunque en ocasiones se nos pegan las zapatillas al barro formado por las heladas nocturnas y el deshielo del sol matutino.  De nuevo en el pueblo, visitamos su museo, descubrimos que Lewis Carroll…., escritor de Alicia en el país de las maravillas, pasó algunas temporadas en el pueblo y por la zona. Para reponernos del día como andarines, cenamos en un restaurante hindú. Comida deliciosa y contundente, gracias amigos por el regalo!

Y así llegamos al fin de semana, Marta está libre y el sábado nos hace una ruta por algunos lugares interesantes del centro, entre otros, la city, la zona financiera de Londres, vacía y con todo cerrado. Empezamos caminando por un lado del río Támesis, pasando por el Shakespeare Globe, entre otros teatros, vamos al puente de Londres, y claro nos las vemos crudas para hacer una foto en condiciones!!Seguimos por la torre de Londres y desde aquí, ya sí nos vamos metiendo en la verdadera zona financiera. Vemos el monumento al incendio de Londres, curiosa historia, que no os desvelamos. Tras visitar la Guildhall Art Gallery, que cuenta con un Anfiteatro romano en la base, hacemos una pausa para el lunch a los pies del Támesis donde encontramos algunos rayos de sol. Tras reponer fuerzas seguimos sumergiéndonos en la city. Nuestra particular guía nos descubre que tiene un ayuntamiento propio y digamos que unas normas fiscales especiales. Como no vive casi nadie, todo está cerrado y parece un lugar fantasma, ideal para pasear por la ciudad sin tener que ir esquivando turistas. Pasamos por Sant Paul y cuando el frío empieza a dejarse ver nos metemos en el Museo de Londres, en el que se puede uno hacer una idea de la ciudad desde la prehistoria hasta los cercanos años sesenta, pasando por la época victoriana, en la cual te puedes sumergir en sus calles y comercios, montados de manera bastante lograda. Finalizamos en recorrido en el Barbican Center, un espacio enorme y chulísimo donde hay lugar para las artes escénicas, los cafés y restaurantes y espacios tranquilos donde sentarse a charlar. Para terminar el día nuestra anfitriona nos prepara un Sunday Roast (carne asada con verduras aderezadas con miel al horno), si bueno, no es domingo, pero nos lo merecemos!!

Ha llegado el gran día, nuestros amigos son miembros del Kew Garden, un enorme jardín donde se pueden encontrar especies de plantas y flores de muchas partes del planeta, espacios muy cuidados y muchos datos interesantes que siempre alimentan la curiosidad. Entramos con ellos y nos dejamos guiar, saben lo que se hacen por este lugar, les encanta y son muchas las horas que le dedican. El sitio es muy bonito y lo pasamos genial disfrutando de la cantidad de pequeños detalles que ofrecen las plantas. Volvemos a casa en el 65, un autobús corriente, pero especial.

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Una flor entre miles del Kew Garden. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

De nuevo lunes y nuestro último día, lo dedicamos a dejarnos caer por distintas partes de diferentes barrios. Empezamos desayunando un English breakfast en la zona obrera de Surbiton, a nuestro lado llegan los trabajadores con sus monos y cascos, que mientras leen el periódico esperan sus contundentes desayunos.

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English Breakfast, ohh yeah!. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

A tope de energía, nos vamos andando hasta el Busy Park, queremos ver ciervos hasta el final y lo conseguimos, también cisnes que se nos acercan con la clara intención de pedirnos comida.

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Busy Park y sus curiosos habitantes. Ana Mateos Sanz. Enero 2017

Desde el parque nos dejamos caer por Kingston, una zona bonita, donde las casas residenciales están a la orden del día. Ya de vuelta, recorremos Berrylands, otro barrio. Para finalizar nuestra estancia pasamos una buena tarde con nuestros anfitriones.

Por la noche, llegamos en tren al centro, tenemos unos minutos antes de que llegue nuestro bus para el aeropuerto, así que vamos al río para ver algunos monumentos iluminados. Nos espera una larga noche hasta que salga nuestro avión.

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The night!. Adrián Cuéllar Gálvez. Enero 2017

Decimos good bye London!!con la sensación de haber estado unos días en familia, paseando por zonas verdes muy bien cuidadas, y abriendo boca para un futuro viaje en bicicleta por las islas británicas, medio de transporte que por cierto, hemos visto bastante bien integrado en el día a día de la ciudad, alegrándonos que entre cochazo y cochazo haya personas que se decanten por las dos ruedas como la mejor opción para moverse por la ciudad. Nos gusta y nos regusta….queremos más bicis en las ciudades y menos coches!!

El Quijote se monta en bicicleta

Qué llega la Navidad, qué llega el frío….no pasa nada, nosotros nos volvemos a montar en nuestras bicicletas. Queremos revivir sensaciones, aún que sea por pocos días queremos estar de ruta.

Por que salidas en bicicleta estamos haciendo, todas las semanas, pero el vivir, comer, visitar y dormir en el camino hacía meses que no lo experimentábamos.

El destino elegido fue la Mancha, concretamente recorrimos algunos lugares de Ciudad Real, y haciendo gala de un valor Quijotesco, como no podía ser de otra manera en esta zona, hemos soportado fuertes heladas. Pero también, y como le ocurrió a nuestro Ingenioso Hidalgo hemos disfrutado de los cielos estrellados y claros más bonitos hasta ahora registrados en nuestras retinas.

La ruta comienza en el pueblo de El Toboso, allí nos despedimos de nuestro Rocinante a motor y preparamos los utensilios para el viaje. “¿ Estaremos oxidados en estos menesteres?” pienso….más tarde comprobamos que están más que interiorizados, así que no hay por qué preocuparse.

El primer día pasamos por caminos de tierra los cuales nos van llevando por diferentes pueblos: Pedro Muñoz, Tomelloso, donde hacemos una parada técnica para comer y comprar, ups!!vaya es festivo habrá que apañarse. Hoy entre la niebla, el paisaje que se nos presenta está caracterizado por las viñas, parecen estar muertas, cientos de ramas recién podadas se acumulan entre las hileras, pero en el fondo, sabemos que estos árboles solo están durmiendo, vendrán buenos vinos con la llegada de las próximas uvas.

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Viñedos cercanos a Tomelloso. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

El primer atardecer será nublado, tanto que hasta el día siguiente con la salida del sol, no comprobaremos que hemos dormido con el Castillo de Peñarroya como paisaje.

Seguimos por caminos con unas vistas más apetecibles que el día anterior, hemos dejado la llanura y nos metemos en la serranía y eso en cuanto a vegetación se nota, pero también en dificultad. Algunos caminos se hacen pesados por la cantidad de baches, y es que el no llevar suspensión en la bici y rodar sin asfalto bajo los neumáticos no es siempre buena combinación. No obstante, durante el día vemos las verdosas Lagunas de Ruidera y la Cascada del Hundimiento. La verdad es que nos alegramos al comprobar que todas ellas tienen agua, aún que claro está, en pleno invierno nos encantaría que aquello estuviera a rebosar.

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Lagunas de Ruidera. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

La noche nos alcanza en un bello paisaje, La Mancha nos conquista con sus Dehesas.

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Atardecer en un lugar de la Mancha….Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

El cielo de anoche fue espectacular, y hoy no está el terreno tan helado, así que me animo hasta con los pantalones cortos, hay que conservar el moreno de ciclista que aún tengo en las piernas!!!Parada súper técnica en el pueblo de Alambra, donde conseguimos agua para nuestras botellas y para lavar los cacharros de la cocina. Para comer llegamos al pueblo de Manzanares, tiene una gran iglesia en su plaza principal frente al Ayuntamiento, y unos jovencitos curiosos que nos preguntan por nuestro viaje. Ya por la tarde, llegamos a las ruinas de Azuer, ojo!!hay que reservar para visitarlas, nosotros las encontramos cerradas. Hoy el paisaje es totalmente diferente, la llanura nos atrapa de nuevo y campos yermos a ambos lados de los caminos nos esperan.  La noche no tardará en llegar, así pues, tras un pequeño grupo de árboles encontramos un lugar donde emplazar la tienda, hoy la noche será fría no tenemos nada que nos proteja!!

Queridos Sanchos, los peores augurios respecto al frío se cumplieron, se nos helaron hasta las pestañas. En aquella despejada llanura, el hielo lo cubría todo, a nuestro alrededor algunos campesinos montados en sus tractores lidiaban con la ardua tarea de remover aquellas duras tierras apelmazadas por el frío. El lugar nos invita a marcharnos sin desayunar, será el pueblo de Daimiel el elegido para ello, además, aprovechamos los primeros rayos de sol para sacar por primera vez la tienda y secarla un poco. Volvemos a las bicis, esta vez y sobre el medio día llegaremos a las tablas de Daimiel. De nuevo, nos alegramos al ver que algunas tienen agua, aún que comprobamos que gran parte de los humedales, no están más que eso, húmedos!!

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Río Guadiana. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016
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Tablas de Daimiel. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

 

De nuevo y al sol ponemos la tienda, esta vez casi conseguimos dejarla seca. Por la tarde, pedaleamos por caminos y por carretera, ya casi cuando está alcanzándonos la puesta de sol, tenemos la suerte de ver un grupo de ciervos que curiosos esperan y estudian nuestros movimientos. A poco menos de tres kilómetros antes de llegar al pueblo de Puerto Lápice, encontramos la ermita de San Isidro, un lugar que nos parece idóneo para montar la tienda. Aquí en un pequeño escenario decidimos meternos, nos parece un buen resguardo de las pelonas que están cayendo. Lo peor por la noche es la visita inesperada de un coche lleno de jovenzuelos del pueblo, que si bien no dieron mayor problema, si nos mantuvieron en alerta durante el rato que estuvieron.

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Escenario en la Ermita de San Isidro. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016

Como era de esperar el techo sobre nuestras cabezas se notó para bien, la tienda estaba mejor que nunca y el frío no fue tan intenso. En el pueblo de Puerto Lápice nos recibe un bar abierto, en el que nos dan agua porque la fuente de la plaza está congelada y unos cuantos lugareños que salen del bar tras tomarse el respectivo orujo mañanero. No sabemos si en época del Quijote esto se llevaría, pero a día de hoy, se estila en todo pueblo que se precie.

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Puerto Lápice está helado. Ana Mateos Sanz. Diciembre 2016 

Rodamos entre compactos bancos de niebla durante casi dos horas, el sol hoy se está haciendo de rogar…casi casi helados llegamos al pueblo de Alcazar de San Juan, bastante animado, se acerca la fiesta de fin de año y la gente anda como loca, a veces nos preguntamos si se piensan que más bien llega el fin del mundo. Ya por carretera, pasando por Campo de Criptana, al fondo se alzan imponentes los molinos. Cerrando el círculo en cuanto a paisaje y ruta, volvemos a vislumbrar viñas y olivos, poco después de pasado el medio día llegamos al pueblo del Toboso. La furgoneta nos espera donde la dejamos. Todo sigue igual pensamos, pero en realidad el apetito Quijotesco ha nacido en nosotros, en 2017 cae una lectura del clásico.

De Madrid a…los Alpes Suizo Italianos

Sí, tras poco más de un mes en Madrid nos enrolamos en otro nuevo proyecto. Ya eran varios los años que perseguiamos la idea de trabajar en una granja suiza durante el verano, hacer quesos y pastorear eran dos asignaturas pendientes que en la granja de Panamá relizamos a medias.

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Nuevos compas. Negrita y El Guapo. Adrián Cuellar. 2016

 
Realmente en poco más de un mes nos dimos cuenta que aquello que nos era familiar se había desvanecido, subimos montañas de los alrededores de Madrid, estuvimos con l@s nuestro@s, paseamos por las calles de la capital y del barrio, pero…. porque ese acento, esa comida, esas costumbres que hasta hace años eran de lo más corriente, ahora se volvían borrosos. Después, pensando se nos ocurrió la respuesta a esta cuestión. Nos dimos cuenta y asumimos que los nómadas, como nosotros, ven el mundo con ojos curiosos, como si lo que se presentara ante ellos fuera una realidad de la que empaparse a cada momento. Y así, entre paseos por el barrio y comidas familiares nos surgió la oportunidad de venirnos a trabajar a Ticino, el corazón de los Alpes suizo-italianos.

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Alpes Suizo italianos. Adrián Cuellar. 2016

De esta manera fue como de “amiguitos” pasamos a ser “tío”, y como de “buenas noches” pasamos a decir “bona note”, como de pedalear cada día pasamos a ordeñar cabras, pastorearlas y hacer diferentes tipos de queso, que una vez terminados miraríamos como pequeñas creaciones artísticas.
Ahora con los Alpes suizos rodeandonos, miramos al pasado y al futuro con delicadeza, nos dedicamos más bien a saborear cada día de la desconexión con el mundo más allá de esta casa de montaña, ubicada a 1300 metros de altura, que se ha convertido en nuestro hogar, de nuestras tozudas compañeras las cabras, pero sobre todo, a apreciar la vida sencilla. No por ello, es fácil o menos dura, el trabajo con los animales empieza temprano, a las 5:00 ya estamos en pie, y el día se alarga hasta las 22:00, pero ¿Qué diferencia existe entre seguir el horario que te marca la naturaleza o el que te marca la vida rutinaria (la compra, el cine, el trabajo….que siempre están al acecho)?
Nosotros de momento, estamos disfrutando de un verano diferente, además de aprender bastante y de ahorrar dinero, que dicho sea de paso, nos viene de lujo para seguir asfaltando nuestras vidas.

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Al calor de la leña. Adrián Cuellar. 2016

En esta ocasión, también nos acompaña Cira, nuestra alocada perra, que tras una primera semana de carreras detrás de gallinas, cabras y gatos, se ha adaptado genial a la vida en la granja. No se puede decir que sea una perra pastora, porque tiene muchos años vividos en ciudad, pero le encanta visitar a diario a los cerdos y mirar de cerca a las vacas.
Así pues, la familia al completo estamos inmersos en una vida campestre total, en la que no sabemos si es lunes o domingo, y en la cual los cencerros se han convertitido en nuestros nuevos despertadores. Por suerte, no sufrimos el calor madrileño y pasamos por diferentes estaciones del año en un mismo día, ya que en la montaña el clima es muy cambiante.

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Dia de verano en los Alpes. Adrián Cuellar.2016

Rebiciclar, capitulo VII, “La cartera”

En esta ocasión os traemos otro capítulo de Rebiciclar, nuestra primera aparición infantil en este proyecto, con el cual ponemos nuestro granito de arena para el reciclado. Venga anímate a no comprar y regalar esas cosas que ya no utilizas!!

Nos acercamos al final de la aventur

Este último capítulo de Perú y del viaje está marcado por las montañas, cómo decíamos en el post anterior estábamos emborrachados de las mismas, pero sabíamos que pronto llegaría la resaca. Esta vez, se presentó en forma de desierto y carretera Panamericana.
Así pues, llegamos al pueblito de Caraz, donde además de volvernos a aclimatar a la altura, tras nuestra bajada inevitable a la costa, nos dedicamos a realizar algunas marchas por la montaña. Varias de ellas nos llevaron a espectaculares lagunas ( Laguna Paron y Laguna 69). Como siempre decidimos ir por nuestros propios medios y como en alguna ocasión nos dimos cuenta que con agencia salía el mismo precio o incluso, algo más barato. La libertad siempre tiene un precio y asumimos este sobre coste con gusto. En Caraz, tenemos nuestra primera experiencia con el mal de altura, con el helado de Chirimoya y de cerveza, y con las famosas hojas de coca, que aún que sea sólo por no hacer caso omiso a los consejos de l@s locales mascamos en alguna ocasión.

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Laguna Paron, costó pero lo conseguimos. Pueblo de Paron. Adrián Cuellar. 2016
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Laguna 69, increíble. Adrián Cuéllar. 2016

Estos días son muy intensos, entre otras cosas que os narraremos más adelante, tenemos la suerte de compartir un día con otros cicloviajeros que habíamos conocido en EE.UU. Es cierto que no somos muy corporativistas, pero nos encantó poder compartir experiencias e inquietudes con personas que hablaban nuestro mismo idioma, el idioma de aquellos que viajan despacio y van haciendo su camino, pedalada a pedalada. Fue un placer Bike n’ Roll.
Desde Caraz, recorremos unos pocos kilómetros hasta otro pueblito Yungay. Aquí pasamos dos días junto a Beñat, que desempeña un voluntariado en un cole y en donde además de alojarnos estos días tenemos la oportunidad de dar una charla para tres clases diferentes, donde explicamos a las jóvenes generaciones, la importancia de la conservación de nuestro medio ambiente, así como la promoción de la bicicleta como medio de transporte urbano, en estos pueblos y ciudades infectados por las moto taxis.

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Atención dentro del aula. Yungay. Ana Mateos. 2016

Nuestro siguiente destino sería Huaraz, nadie sabía que a estas alturas del viaje, tendríamos una de nuestras mejores experiencias en lo que a anfitriones se refiere. Pasamos unos días de risas, muchas risas, buena comida y paseos a los pies de la Cordillera Blanca. Gracias Albert, lo pasamos genial!!
Nos montamos de nuevo en las burritas, que nos miraban extrañadas por los pocos kilómetros que les hemos hecho en esta última semana, pero tenían que entender que la Cordillera Blanca se merecía estos días y más. Así, llegamos hasta la Laguna de Querococha, la que entre nosotros llamamos, “nuestra laguna”, por la tranquilidad, belleza e intimidad del lugar. Allí acampamos esa noche y dos días después volveríamos a hacerlo, tras pasar por el pueblo de Chavin y sufrir una de las peores bajadas por carretera de grava y con cientos de desprendimientos ocasionados por las lluvias. La segunda noche que pasamos en Querococha dormimos en la casita que tiene el guardaparque, con Armando compartimos las comidas, le ayudamos a reparar la valla que delimita el parque, le enseñamos a jugar al parchis y nos da unos buenos consejos, para poder observar vicuñas en estado salvaje. A la mañana siguiente ascendemos la montaña monte a través, marcando nuestro propio camino y cuando estamos en la cumbre y casi cuando habíamos perdido toda esperanza, avistamos un grupo de vicuñas. No os mentimos cuando os confesamos que este fue uno de los momentos más emocionantes del viaje. Ver jugar a los machos jóvenes cerca y solo para nosotros fue embriagador. Corrimos como niños a contarle la increíble experiencia a nuestro amigo Armando.


A nuestro siguiente destino tuvimos el placer de llegar acompañados por Susane, una cicloviajera suiza, con la que terminamos acampando frente a la Laguna Conococha y compartiendo el frío del lugar. Allí en ese mismo punto y al día siguiente, nuestros caminos se separaron, a ella le esperaba la sierra y a nosotros la gran capital.

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Acampada libre en la Laguna Conococha. Adrián Cuéllar.2016

Días después y tras un pedaleo caracterizado por el calor, los mosquitos, el desierto, la Panamericana y las ciudades costeras que poco o nada interés tienen a nuestro parecer, llegamos a Lima.

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Paisaje camino a Lima. Adrián Cuéllar.2016

Nos habían dicho que el tráfico era horrible, lo era, pero tenemos que señalar, que si bien era un caos total, entrar con las bicis poquito a poco no fue del todo infernal, y conseguimos llegar sanos y salvos a casa de nuestros anfitriones de WarmShowers.
En la capital limeña, pasamos unos días, que dedicamos a semi empaquetar las bicicletas y demás bártulos, sabemos que aún nos quedan unos días de viaje, pero ya acompañados y sin bicicletas.

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Casi todo listo!Lima. Ana Mateos. 2016

Hasta aquí y por el momento, ha llegado nuestra aventura en bicicleta, diez meses llenos de aventuras, diez meses diferentes en los que hemos aprendido que la sencillez es bella, es felicidad y es como queremos vivir, ligeros de equipaje, pero llenos de vivencias.

Pedaladas Andinas

Adiós Ecuador, entre tus montañas se queda una parte de nosotros y también algunas lágrimas que son parte del viaje, así como las sonrisas que nos han regalado y que hemos devuelto gustosos. Nadie nos avisó de cómo sería el día a día de unos nómadas en bicicleta, pero nosotros contentos y de buena gana, hemos asumido todo lo que este camino nos está ofreciendo. En ocasiones son experiencias duras, que se graban en la piel, pero de todo hay que aprender y ninguna vivencias es desdeñable.
Así pues con la vista puesta en el futuro, llegamos a la frontera de la Balza, allí un policía súper risueño nos pregunta sobre nuestra ruta y nos deja elegir el tiempo de nuestro visado, tras los típicos consejos de seguridad nos marchamos con otro nuevo sello en los pasaportes.
Perú nos recibe con un sol y un calor propios del desierto, tanto vamos sudando que tenemos que hacer varias paradas en muy pocos kilómetros, la primera en una mini sombra, en la que….sorpresa!conseguimos arreglar el cuentakilómetros, descubrimos que tras un mes de sequía estadística, solo estaba mal puesta la pila. En la segunda parada tenemos que pedir agua y de regalo nos llevamos unas naranjas. En la tercera, y tras preguntar dónde podemos comer, una señora muy amable nos invita a su casa, mientras nos habla con mucho cariño de sus cuyes ( también conocidos como conejillos de indias, que se comen bastante por estas latitudes).

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Cuyes en una cocina andina. Adrián Cuéllar. 2016

Con el sol un poco más bajo y tras esquivar una tormenta de minutos, pero intensa, conseguimos llegar a nuestro primer destino, San Ignacio. Aquí pasamos dos días geniales, en la casa vacía que nuestro anfitrión nos presta, adaptándonos al nuevo país, y probando el rico ceviche, lomo saltado y milanesa, comida deliciosa a la que nos invitan.
Las siguientes jornadas transcurrirán con el mismo calor y con la cumbia como banda sonora, alegrando cada rincón, cada comercio y cada pueblo.
Y entonando las letras de las canciones, llegamos al pueblito de Perico, donde compartimos un día con Milton (campeón de ciclismo, en su categoría durante varios años) y su familia, desde allí llegamos a la loca ciudad de Jaén, invadida de agresivas moto taxis. En estos primeros días en Perú, ya hemos aprendido a manejarnos con los Soles (la moneda nacional), a sobrevivir a los ataques de los perros, que se nos abalanzan como en ningún país, llegando incluso en alguna ocasión a mordernos las alforjas, y también volvemos a sufrir el ataque de los mosquitos que sobrevuelan a sus anchas en esta región del país.

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Campesinos andinos (La Libertad). Adrián Cuéllar.2016

Sin escapar a sus picaduras seguimos por la sierra y coronamos la bonita ciudad de Cajamarca, donde pasamos unos días con una familia que nos acoge como si fuéramos dos hijitos más. Con ellos visitamos Baños del Inca, Ventanillas de Otuzco, recorremos la ciudad, probamos en delicioso manjar blanco, comida casera hecha con amor y tortilla de patatas hecha con mucho arte! Tras la despedida y el típico: “¿cuándo volveremos a verlos?”, nos subimos, de nuevo, a las bicicletas y seguimos recorriendo la hermosa sierra, pasamos por Cajabamba, Huamachuco, Cachicadan, donde nos invitan a noche de hotel con aguas termales incluidas, algo que nos viene de lujo tras varias jornadas de pedaleo por carretera sin asfaltar o trocha (como la llaman aquí) y bajo la lluvia. Como recompensa cientos de saludos con los que l@s amables campesin@s nos obsequian, mientras nos explican cosas de su ganado, generalmente bovino.

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Rincón de la sierra peruana (Angasmarca). Adrián Cuéllar. 2016

Los bonitos días por la sierra se ven interrumpidos cuando, dejando el pueblo de Pallasca, y pasado Mollebamba, el camino de piedras nos pasa factura, haciendo que una de las llantas se rompa hasta casi causar daños al neumático. Por suerte, y la verdad, no sabemos cómo aguantó, pero lo hizo, llegamos hasta Chuquicara, allí tras descender desde los 3.131 metros hasta los 500. Nos encontramos de nuevo en un terreno árido, en un pueblo donde el calor es abrasador y donde es imposible arreglar la llanta. La policía nos recomienda ir a Chimbote para la reparación, ya que además, hasta la tarde la carretera por la que queríamos seguir se encuentra cerrada por obras. Vaya!!una vez el viaje, nos obliga a flexibilizar nuestras mentes, cambiar de planes sobre la marcha y aprender que el camino no es una alfombra de pétalos de rosas, eso sí, en el camino siempre hay almas generosas dispuestas a echarte una mano, brindarte la ayuda que necesitas, y así, encontramos a una familia que nos lleva hasta Chimbote en su carro, ya que la bicicleta no puede hacer más kilómetros, nos la hemos jugado bastante. La inesperada bajada de la sierra hasta la costa, nos abofetea en plena cara. Nos hemos despertado en un pueblito andino de pocos habitantes, donde se estaba fresco y las sonrisas eran cálidas y terminamos en una ciudad grande, donde el calor es pesado y las miradas son frías. Por lo menos, la bici queda con la llanta arreglada, no sabemos para cuánto tiempo, porque el repuesto es el que es por estos lares, pero hay que tirar con lo que tenemos.

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Subida a Pallasca, las mil y una curvas. Adrián Cuéllar. 2016

Decimos hasta pronto a la sierra, pronto volveremos a ella, porque ya nos hemos emborrachado de las montañas, de sus habitantes, de su comida y de sus increíbles paisajes.

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Carretera peruana en estado puro (Cachicadan). Adrián Cuéllar.2016

Altibajos en Ecuador

Quien nos iba a decir que llegaríamos hasta aquí cuando empezamos a pedalear, y sin embargo, aquí estamos ¡en la mitad del mundo!

Con esta frase llegamos a la línea que divide el hemisferio norte y sur de nuestro planeta. Pero Ecuador es mucho más que una línea que separa dos hemisferios. Es un país con unos paisajes sorprendentes, una gentes acogedoras y un clima muy variable.

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Línea ecuatorial en Cayambe. 2016

El paso fronterizo fue uno de los mejores que hemos realizado, ágil, rápido y con una sonrisa. Como decía, el clima es muy variable y el país nos recibió con bastante lluvia. Nuestra primera parada fue en San Gabriel. Llegamos por la Panamericana, que presenta un perfecto estado y no mucho tráfico hasta llegar a Quito. La noche la pasamos con nuestros amigos los bomberos, algo que se convertiría en un clásico. Los cuarteles de bomberos en Ecuador son otro nivel y la calidez con la que te reciben sus moradores, a la altura de los mejores.

Los primeros días transcurrieron entre lluvias, bomberos y fuertes subidas. Los Andes se manifiestan en todo su esplendor a lo largo de todo el país, y eso se deja notar en los espectaculares paisajes y también en las piernas. Dormimos a los pies de la laguna de Yahuarcrocha en Ibarra y en Cayambe, donde preparan unos bizcochos para chuparse los dedos solo a 15 kilómetros de la línea ecuatorial. Todo sin dejar la E35 que traíamos desde la frontera.

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Laguna Yahuarcocha y volcán Imbabura. Adrián Cuéllar. 2016

Quito, seria la siguiente parada. Solo llegar, ya fue todo un triunfo. Los que viajáis en bicicleta, ya sabéis que las entradas a las grandes ciudades son difíciles, pero si a esto le sumas una cuesta de más de catorce kilómetros con pendientes del 10% en algunos tramos y un sol como solo pega por estas latitudes, se convierte en una odisea. Además, nuestro anfitrión vivía en una de las lomas que rodean la ciudad. Solo añadiré que parte del último tramo lo hicimos empujando la bicicleta por una de las autovías que bordean la ciudad con los coches pitandonos y silvando en nuestros oídos. ¡Lo mejor era no mirar para atrás!

No obstante, la ciudad merece la pena. La colocamos en el top cinco dentro de este viaje. Pasamos tres días en la capital ecuatoriana, en los que descansamos poco y andamos bastante, era lo que requería la situación. Abandonamos la ciudad en medio del humo de la multitud de coches que abarrotaban todas las vías de salida, cansados físicamente y con la moral un poco baja.

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Quito. Adrián Cuéllar. 2016

Ecuador nos ha gustado mucho, pero no ha sido un paseo precisamente. Ha puesto a prueba nuestras fuerzas, de tal manera que decidimos cambiar el itinerario previsto. Nos bajamos de los Andes tras dejar atrás el Cotopaxi, la selva reemplazaría a la sierra en el camino. De esta forma, al llegar a Ambato decimos adiós definitivamente a la Panamericana y tomamos la carretera de Baños de agua santa, también conocida como carretera de las cascadas. El nombre se lo tiene totalmente ganado. Todo el descenso desde Ambato hasta Puyo es espectacular, pero especialmente los treinta kilómetros después de pasar Baños de agua santa. Las cascadas, que surgen a uno y otro lado de la carretera llenan tus ojos y maravillan a cualquiera. Ese día nos cayó una gran tromba de agua y pinchamos en mitad de un camino de tierra totalmente embarrado y aún así fue el que más disfrutamos de toda nuestra estancia en Ecuador.

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Cascada delRrocío. Adrián Cuéllar.2016

Desde Puyo, la selva se extiende hasta la frontera con Perú. Si pensábamos que esta sería la solución a nuestros males, estábamos bien equivocados. A pesar de que la carretera se mantiene en perfecto estado, esta llena de continuas subidas y bajadas, el calor y la humedad son asfixiantes y en los primeros ciento treinta kilómetros, no hay más que pequeñas comunidades de indígenas. Eso sí las extensiones de verde follage que se pueden divisar desde lo alto de las colinas son increíbles. Y es que aún que estemos en Ecuador esta es la selva amazónica y aquí toma una nueva dimensión hasta ahora no conocida por nosotros.

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Selva amazónica en Ecuador. Adrian Cuéllar. 2016

Fueron cuatro días recorriendo selva y acumulando un montón de desnivel en nuestras piernas. Como os contábamos antes, la moral no estaba muy alta y esta situación no nos ayudaba. Como solución decidimos tomar un bus que nos subiera a Loja.

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Carretera entre Puyo y Macas. Adrián Cuéllar. 2016

La ciudad nos gustó. Como puntos negativos diremos que tiene un tráfico bastante denso y que los bomberos están lejos del centro. Pero en general, nos agradó y nos permitió cargar pilas.

Salimos animados en dirección a la frontera de Balsas, uno de los puntos fronterizos más remotos y menos frecuentados que hemos cruzado jamás. Ya nos habían advertido de la dificultad del camino y por eso íbamos concienciados. Pero ni por esas. Finalmente, el camino ha sido lo más duro que hemos hecho en el viaje con diferencia. La carretera está en buen estado hasta veinticinco kilómetros antes de llegar a Valladolid, a partir de este punto se convierte en un barrizal debido a las fuertes lluvias de esta época (entre noviembre y marzo esta comprendido el período húmedo por estos lares). Pero incluso antes de este punto el cuerpo ya nos empezó a decir que no podía más. Las subidas fuertísimas y largas, la lluvia, la niebla, los ríos que tuvimos que atravesar, la noche que se nos echaba encima y finalmente la carretera que se convertía en camino de barro, fueron demasiado. Empezamos a pedalear a las siete de la mañana y eran las seis de la tarde y aún no habíamos completado los cien kilómetros que había a Valladolid. Por suerte, ya casi desfallecidos apareció un coche de militares en el camino, Ana sacó el dedo y en un momento estábamos subidos con dirección a Zumba el destino del día siguiente. Creímos que ya estaba todo hecho. Pero no fue así. Como os contabamos la carretera deja de serlo y empieza a ser un barrizal lleno de baches. Sesenta kilómetros restaban a Zumba desde donde nos recogió el coche, tardamos tres horas en recorrerlos. Tres horas en las que no paramos de dar botes y tragar polvo. Sobrepasamos el umbral del sufrimiento. Once horas en la etapa de bicicleta más dura que hayamos hecho jamás, más tres horas de sufrimiento en un coche que ya no estábamos seguros de adónde nos llevaba, fue sufuciente. Ana rompió a llorar durante veinte minutos, de la forma más desconsolada que la he visto hacer hasta ahora y yo no podía nada más que apretar los dientes y aguantar el sufrimiento. No pude ni consolarla. Felizmente el calvario terminó a las nueve de la noche en Zumba. Ni buscamos alojamiento. Fuimos directamente al primer sitio que vimos y tras cenar algo fugazmente y tomar una ducha de agua fría, nos metimos en la cama.

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Carretera de Loja a Zumba. Adrián Cuéllar.2016

A la mañana siguiente tomamos un pequeño bus que nos llevó hasta la frontera por dos dólares y medio, ya estábamos en nuestro último destino, Perú.

Ecuador, ha sido como sus carreteras, lleno de subidas y bajadas. No ha habido un solo momento de rectas. La espectacularidad de los paisajes te subía a lo más alto, pero la dureza del relieve te hacía polvo. Aún que el país nos ha sorprendido para bien, nos llevamos un recuerdo un poco agridulce de nuestro paso por estas tierras.