CHINA

Hong Kong

Dejamos Japón, y sí lo reconocemos con un poco de morriña. Pero, así es el viaje los nuevos destinos nos esperan. Llegar a HK por la noche (1:05 a.m.) y pasar el control ha sido sencillo, incluso dormir en el aeropuerto no ha sido del todo desagradable. El sock ha venido mas bien cuando tras subirnos al bus de dos plantas para ir al Hostel hemos empezado a apreciar verdaderamente la mega ciudad en la que nos estábamos metiendo.

Digamos que hubicarnos y saber donde estábamos nos costó un poco, pero aún así llegamos temprano al hostel.

Los días que hemos pasado en HK, han sido entre otras cosas para hacernos el visado. Y aquí es cuando nos llevamos nuestra primera decepción, nuestra idea de estar tres meses en China no va a ser posible. El visado de turista únicamente puede ser de 30 días desde que entras al país o de 30 días y sales y otros 30. Esta segunda opción fue la que decidimos.

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Viviendas en Hong-Kong. Adrián Cuéllar.2013

Mientras nos hacían las gestiones pasaron tres días que aprovechamos para descubrir diferentes partes de HK. Fuimos a Koolong en barco varias veces ( era la forma más barata de pasar a la otra isla, 50 céntimos los dos), y estuvimos por las diferentes partes de la HK island (The Peak, un pico al que se sube y desde el cual tienes unas vistas de toda la ciudad, la playa de Stanley al sur, y los diferentes distritos).

La verdad, si que hemos quedado impresionados, pero no porque sea una ciudad que te enamore, sino porque da vértigo mirar la cantidad de rascacielos que están plantados por todas partes.

Hemos comido cosas que no estaban mal, pero también nos tenemos que ir adaptando a la gastronomía.

La gente nos ha recibido bien, aún que claro, no es la amabilidad a la que nos habíamos acostumbrado.

El jueves a la hora que nos habían dicho pudimos recoger nuestros visados y fuimos directos a coger el metro y pasar la frontera a la China continental.

Primeros pasos por China

Como decíamos en la entrada anterior, fuimos en metro hasta la frontera. Allí, tras unas colas ( en las que teníamos que ir haciendo bloqueos para que la gente no se nos colara) y el control de pasaportes conseguimos pasar a China. Y la verdad, nos resulta muy fácil llegar al hostel, que por cierto, está en la planta 23 de un edificio.
Shenzhen no tiene mayor atracción turística que el comercio, pero para nosotros ni eso, porque tampoco encontramos nada que nos gustara. Además de ser bastante caras las cosas de marca, que estaban al precio de España. Pero la gente de HK, cruza la frontera un día para hacer compras.
Este día y medio lo aprovechamos para ir a la China post (Correos) y mandar la tienda de campaña y algunas pequeñas cosas que no estábamos usando. Así nos quitabamos lastre de las mochilas, y bueno, ahí dejamos nuestras cosas en una caja con la dirección y con la esperanza de volverlas a ver a nuestro regreso a España.
El último día, descubrimos un parque al lado del hostel muy chulo y estuvimos dando una vuelta.
Al día siguiente, fuimos al aeropuerto en metro y sin problema, aún que con un poco de retraso cogimos un avión hasta Xi’an. Dejamos el sur y vamos al norte del país con ganas de dejar también el calor.

Seis mil guerreros al servicio del emperador (muerto)

Las primeras impresiones en Shenzhen, fueron de estar en un país en pleno desarrollo, grandes rascacielos por todos lados, un metro muy moderno y rápido, los aeropuertos tanto el de Shenzhen como el de Xian muy bien acondicionados. Claro que también se veían barriadas humildes, pero nada fuera de lo imaginable. Sin embargo, al poco de tomar el autobús que nos transportaría del aeropuerto al centro de Xian, nos dimos cuenta que estábamos ante otra realidad.

Xian no nos ha entusiasmado. Si bien es cierto que cuenta con algunos monumentos reseñables (la bell tower, la drum tower y la muralla y una gran pagoda) también es una ciudad envejecida y llena de escombros. Moverse es relativamente fácil con un plano y aunque las distancias son grandes se pueden cubrir bien a pie. Eso si, lo de olvidarnos del calor no iba a ser posible, pues nos recibieron unos buenos 36 grados.

Tres días fueron suficiente para visitar la ciudad, incluyendo una mañana viendo los famosos guerreros. Aquí me detengo porque merece la pena explicar la impresión que nos causo disfrutar de este hallazgo arqueológico. Se trata de un lugar apartado de la ciudad (50 minutos en bus) y consta de tres puntos de excavación. Dos de ellos son interesantes de ver y sobre todo en el segundo se empieza a intuir la grandiosidad del hallazgo. En el tercero (en realidad el primero por orden de descubrimiento) acabas de darte cuenta que estas en un sitio único. Miles de guerreros dormidos durante 2200 años ahora te miran de frente (primero tienes que sortear el muro de chinos que los fotografían como locos). Impresionante el escenario, pues los guerreros tienen el tamaño de una persona, e impresionante la obra de reconstrucción llevada a cabo por los chinos (cada guerrero es como un puzle gigante). El lugar es una pirada de pinza del emperador que unificó China por primera vez. La obra para construir el mausoleo duro 38 años!!!

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Guerreros de Xi’an. Adrián Cuéllar. 2013

Al día siguiente dejaríamos Xian para dirigirnos al monte Hua. Un autobus fue nuestro medio de transporte. El viaje fue de todo menos tranquilo (incluida una salida de carretera!!!) y la llegada confusa. La planificación no había sido muy buena por nuestra parte y el tiempo estaba muy justo, por lo que queríamos subir en teleférico, pero encontrar el modo fue realmente complicado. Finalmente tras dar unas cuantas vueltas por las inmediaciones del lugar decidimos subir andando. El lugar era muy bonito, pero nos quedamos sin ver lo mejor, una lastima (más después de pagar 40 euros por andar 4 horas por la montaña). No podíamos perder el tren que nos llevaría hasta Luoyang…

Luoyang y Pingyao

Después de visitar los guerreros y dar unos cuantas vueltas por Huanshan, nos dirigimos hacia Luoyang. Este sería nuestro primer viaje en tren, en asiento duro (aquí hay varias clases de asientos y camas, dependiendo del precio).
Primeras impresiones subidos en el tren: mucha gente por todos lados, sobre todo entre vagones, pero ni los trenes eran tan viejos como esperábamos ni los asientos tan duros. Nada más subir nos damos cuenta que somos la novedad, todo el mundo nos mira con curiosidad y algunos nos saludan con su tan utilizado “hello”!

No obstante, el viaje se nos hace corto y más cuando tras unas horas preguntamos a un revisor cuanto queda y nos hace una señal rara con los dedos. Yo, extrañada vuelvo al asiento y con cara de poker le reproduzco a Adri la misma señal, es entonces cuando se produce a nuestro alrededor un revuelo, que solo termina cuando un hombre que va justo enfrente de nosotros y que es súper majo encuentra a una chica joven en el vagón, y le pide que nos explique en inglés que quiere decir la dichosa señal (el revisor me estaba diciendo que llegabamos a las 20:00, haciendo como una especie de pistola con el dedo gordo y el índice). Resulta que la chica hablaba castellano y, claro nuevo momentazo, ahí la gente empieza a decirle cosas para que nos traduzca, nos graban en vídeo, nos piden ver euros, en fin muy gracioso.

Terminado el viaje en tren llegamos al Hostel de Luoyang sin problemas en un bus con una conductura loca, aquí es la norma.

A la mañana siguiente, vamos a las Grutas de Longmen, increíbles cuevas excavadas en las rocas con budhas de todos los tamaños desde diminutos hasta enormes. Es en este lugar donde se encuentra la cueva con más Budhas del mundo.
Para volver a la ciudad lo hacemos en un bus de línea, ya allí visitamos la parte antigua amurallada y nos comemos unos ricos fideos sin apenas salsa (algo que se agradece, porque aquí con las salsas, entre otras cosas, te la juegas) y unos dumplings.

Esa noche muy animados, después del viaje anterior en tren, cogimos otro nocturno y también en asiento duro (esta vez porque no había camas), y fuimos hasta la ciudad antigua de Pingyao. Fuimos nosotros, dos cucarachas que corrían por la pared del asiento (dos que vi porque seguro que había más) y menos gente que el día anterior. Esto nos permitió ir tumbados, durmiendo a ratos en las filas de tres asientos. Eso sí, fue una matada. Además, una hora y media antes de llegar el tren se llenó y ya tuvimos que ir sentados. Como íbamos separados Adri se ahorró el trago de ir viendo a la chica que iba justo delante mía comiendose una pata de pollo a las 5:30 de la mañana. Vale, aquí las comen a todas horas, pero después de ir tanto tiempo en el tren y pasar por esto cuando el estómago aún no está despierto, no es genial.

Pata de pollo superada, hostal encontrado y por fin saber que pasaba ese día en Pingyao y porque no había hueco en ningún Hostal (una exposición internacional fotográfica), hay que decir que la ciudad amurallada tiene un encanto especial con casas bajas, muchos templos y una animación inparable. Eso sí, como en varias cosas que estamos viendo en China, a pesar de ser patrimonio de la UNESCO, no está suficientemente mantenida, de la limpieza ya ni hablar, eso es algo con lo que no hay que contar por estos lares.
Eso sí, Pingyao nos da la oportunidad de buenos paseos por fuera y dentro de la muralla y de descansar después de una noche viajando.

Beijing

Dejamos la pequeña y antigua ciudad de Pingyao y llegamos tras muchas horas de tren a la gigantesca Beijing. La verdad es que como llegamos a la una de la madrugada la oscuridad no nos permite orientarnos, y la mejor forma de ir al hostel es en taxi, así que tras esquivar al montón de taxistas “falsos” conseguimos coger un taxi que nos lleva a mil por hora por la ciudad, después de solventar los problemas de orientación del conductor llegamos al hostel, ubicado en uno de los tantos, Huntongs de la gran ciudad.

Las visitas por Beijing han sido muy agradables, a pesar de haber tenido que compartir la ciudad con miles de personas más. Desde la inmensa Ciudad Prohibida hasta la larga Gran Muralla, pasando por el templo del Cielo y los tradicionales parques y la moderna ciudad olímpica no nos han dejado indiferentes.

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La ciudad prohibida te espera, pasas???Adrián Cuéllar. 2013

La verdad es que hemos podido caminar por la ciudad, y a pesar de sus largas distancias, hemos cogido el metro en contadas ocasiones. El ir a pie nos ha permitido meternos por las zonas menos turísticas, e incluso en una ocasión, perdernos en un Hutong cercano al hostal. Íbamos buscando un supermercado y nos encontramos atrapados en un laberinto de calles diminutas con casas bajas, llenas de niños jugando en la calle mientras los mayores preparaban la cena en la propia calle, en cocinillas de carbón que parecían improvisadas, pero que seguramente eran las que usaban a diario. El tiempo que estuvimos dando vueltas y pasando de una calle a otra no fue mucho, y si no hubiera sido porque la noche se nos echaba encima seguro que con un poco de paciencia hubiéramos salido de aquellas calles laberinticas, pero en esos momentos lo más sensato y práctico nos pareció que era deshacer el camino andado, así que bueno, como hay que ver el lado positivo de las cosas, tuvimos la suerte de disfrutar dos veces de esas pequeñas callejuelas, sus gentes, sus tienditas de intrumentos y sus mini tiendas de pinceles de todos los tamaños.

Esta noche ya volviendo al pequeño DIA cercano al hostal (sí, sí había un DIA en Beijing) dimos con un restaurante que regentaba una amable chica. El lugar poco pretencioso, pero con comidas exquisitas se convirtió en nuestro elegido para cenar el resto de días. La chica no hablaba nada de inglés pero la verdad es que pidiéramos lo que pidiéramos estaba todo buenisimo. Adri el último día llego a confesar que echaría de menos aquel sitio.

También hemos vivido momentos de tensión propios de la gran ciudad. Como cuando estábamos esperando el bus para la Gran Muralla y tras esperar una cola de unos 40 minutos y ver como no paraba de pasar un montón de gente que había hecho otra fila de colones, nos dicen que es el bus de al lado que ese no. Nosotros nada convencidos porque lo habíamos requetemirado nos vamos al otro y a volver a esperar. Después ya en la Gran Muralla pudimos comprobar que efectivamente el primer bus también llegaba hasta allí, pero nunca sabremos porque no pudimos cogerlo. Otro momentazo fue cuando en un mercado de comida que pensábamos que sería local y que resultó ser una turisticada (con cuatro puestos de brochetas de escorpiones y demás) nos compramos una mazorca de maíz, y el tipo nos quería cobrar 10 yuanes, en lugar de 5, tal como indicaba la foto. Ni corto ni perezoso, nos dice que las mazorcas tostadas valen más que las cocidas. El caso es que no nos movimos hasta que nos devolvió otros 5 yuanes. En realidad, no era por el dinero, sino porque estaba claro que nos la quería colar. Y una cosa es que te engañen con arte y no te enteres o que regateen mejor que tu, pero así de forma cutre y de malas maneras, no!
Pero en definitiva, las experiencias en Beijin han sido muy gratas y tan grandes como la ciudad.

Escalones, canastas y canales

Qué  decir del monte Tai? Una de las montañas sagradas de China. Hoy día cinco de octubre, hace diez días que ascendimos la montaña, este tiempo ha permitido que hayamos podido valorar mejor ese momento.

La jornada empezó temprano, a las cinco y media comenzamos el ascenso. No queríamos que el tiempo se nos echase encima como en Huashan, donde se nos quedo un regusto un poco amargo. El camino nace de la última calle de la ciudad (Tai’an) y el hostal donde habíamos dormido se encontraba muy cerca. A pesar de la hora numerosas personas hacían ejercicio y corrían mientras las primeras pendientes iban apareciendo en nuestro camino.

La imagen que habíamos visto tantas veces en el google mientras preparabamos el viaje, apareció ante nuestros ojos al pie de los seis mil escalones que llebaban al templo sobre la montaña. La ascensión no se hizo dura. Las vistas eran preciosas y la montaña también. Lástima la ciudad construida justo debajo. Tai’an cuenta con más de un millón de habitantes y se dejaba notar.

El resto del día fue también muy agradable. Paseamos por las calles de la ciudad, que nos dejo un buen sabor de boca (en sentido literal, ya que probamos diferentes comidas en un mercadillo callejero y todas nos encantaron). Mención especial para los partidos de baloncesto callejero que pudimos ver esa misma tarde.

El streetbasket en China por lo que hemos podido ver es bastante físico. Aquí, al ser tantos, hay mucha gente esperando para entrar a jugar, esto hace que los partidillos sean muy cortos (parece que cronometran el tiempo) y la intensidad del juego altísima. A esto hay que sumar que todo tipo de contacto parece estar permitido y el resultado es una especie de basketkontack en el que anotar es bastante complicado. En los detalles técnicos se aprecia una gran tendencia por las penetraciones y el juego interior. Prácticamente nunca tiran de lejos ( puede ser por la agresividad en la defensa) y parecen tener un gran manejo del balón en general. Pero por encima de todo destaca el aspecto físico, muy muy rápidos, fuertes y con mucha potencia de salto.

Bueno a lo que estábamos… ya sabéis que es ver una canasta y el resto del mundo desaparece. Siguiente parada Qufu. Ciudad histórica, en la lista de la UNESCO, la cuna del confuncionismo… y todo lo que quieran. Para nosotros paso con mas pena que gloria. La ciudad estaba muy enfocada a los turistas, pero en el mal sentido. Todos los sitios de interés requerían una entrada, nada barata y la gente estaba constantemente abordandonos para ofrecernos algo. La verdad, fue un poco pesado. El único consuelo era pensar en que esa noche el viaje de tren hasta Suzhou lo realizaríamos en cama!!!!

Suzhou correcto, sin grandes alardes pero bien. La llaman la Venecia del este y Marco Polo, la describió como la ciudad mas bonita del mundo. Pero sus días de gloria pasaron y ahora se encuentra como todo el país en fase de modernización (construcción de grandes bloques y centros comerciales por doquier) y muy contaminada. Sin embargo, aun conserva algunos rincones con encanto que merece la pena visitar. Ese día nos fuimos a dormir pensando en el viaje a Shanghai del día siguiente y con la fiesta nacional del uno de octubre a en el horizonte, aun no sabíamos lo que nos esperaba…

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La Venezia del Este “Suzhou”. Adrián Cuéllar. 2013

Shangai y la montaña amarilla

Después de un fugaz viaje en tren desde Suzhou llegamos a la afamada Shangai. La ciudad un Hong Kong en potencia, pero con más clase por los edificios coloniales que se despliegan por toda ella, es una megapolis que se debate entre los enormes rascacielos de oficinas y sus pequeñas callejuelas que te recuerdan que estas en China.

En Shangai volvemos a subirnos a un ferry y cruzamos el río para llegar al Bund. De repente, nos vemos inmersos entre unos enormes edificios de oficinas y torres que intentan llegar al cielo. Como una de ellas que aún está en obras y que pretende ser el segundo edificio más alto del mundo, hasta que otra ciudad le arrebate el puesto. Fuera del Bund, podemos pasear por calles que guardan aún un aire francés y por las que no paramos de ver occidentales acaudalados.

En Shangai tenemos la “suerte” de vivir la fiesta nacional de China. El 1 de octubre comienza una semana de fiesta en el país y todo se pone hasta arriba de gente. Como estamos por la ciudad los primeros efectos de muchedumbre no los vivimos de forma muy negativa porque a pesar de estar todo lleno de banderas y demás artilugios patrios, no nos metemos en el meollo. Ahora bien, el día dos nos acercamos en metro a la pequeña población de Nanxiang y es ahí donde empezamos a ser conscientes de la súper semana que teníamos por delante. El lugar nos gusta bastante, diferentes canales decoran la pequeña ciudad famosa por sus excelentes dumplins, que una vez probados los recuerdas cada vez que pides otros con la esperanza de que estén igual. Pero, hay que decir que aún no se ha dado el caso, seguiremos buscando!!

Tenemos que confesar que en esta pequeña ciudad se nos va un poco la pinza y vemos que todo el mundo está haciendo cola para unos bollos, que ya habíamos echado el ojo por la mañana. Pues bien, ni cortos ni perezosos y con toda la tarde por delante antes de coger el tren, nos ponemos hacer fila. Y ahí nos tienes una hora después con siete panecillos de harina de maíz y más contentos que unas castañuelas. Los panecillos, sin más, pero el rato que pasamos en la fila de risas con las muejeres de atrás, mientras nos explicaban los números con esas formas raras que hacen con las manos, no tuvo precio.

Esa misma noche tras volver a Shanghai pusimos rumbo a Huangshan. Posiblemente la montaña amarilla es la más  famosa de toda China, las imágenes de sus riscos rocosos decorados con retorcidos pinos, a dado la vuelta a todo el mundo tanto en cuadros como en fotografías. Nosotros llegamos a la ciudad de mismo nombre a la mañana siguiente, estábamos bastante destrozados por la noche en “asiento duro” que habíamos pasado en el tren. Ese día lo gastamos en ver la ciudad (en realidad no tenia más que una calle para ver) y prepararnos para la ascensión a la montaña que realizaríamos al día siguiente. Así, llego el gran día, un día marcado en nuestro calendario. Hora y media de bus hacia Huangshan a las 5:30 de la mañana y a caminar, o eso es lo que pensábamos cuando andabamos por las calles desiertas de la ciudad hacia nuestro transporte. No contamos con los miles de chinos que en plena semana vacacional (parece que solo tienen dos al año…) habían pensado lo mismo que nosotros.

Entrar en la montaña nos costo hora y media de cola, pero no nos desanimamos. A partir de aquí, tres horas de dura ascensión (por la ruta este) en la que tenemos que ir esquivando a la multitud. Las vistas eran de postal y se podía ver a pintores inspirándose en el paisaje, aun así era difícil abstraerse del gentío. Como la subida se nos había dado bien y íbamos por debajo del tiempo previsto (el último bus para volver a Huangshan city salia a las seis de la tarde), nos crecimos y decidimos bajar por la ruta oeste (la larga y más  bonita).

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La gran “Montaña Amarilla”. Adrián Cuéllar. 2013

Si habéis estado alguna vez en alguna cola de un parque temático, habréis experimentado la desesperación que sentimos poco después de iniciar el descenso. La fila de personas que quería bajar no era alcanzada por la vista. El primer kilometro del camino lo cubrimos en unas 4 horas, para entonces ya estábamos de los nervios. Todo aderezado con un sol de justicia y la afición favorita de los chinos cuando hay una aglomeración, colarse. Aquí la filas no son ordenadas ni se respeta, aquí se empuja y se dan codazos. Hubo momentos pasando por zonas estrechas al borde de cortados de varias decenas de metros donde pasamos miedo. Felizmente y tras bajar corriendo la montaña cuando se deshizo el tapón conseguimos llegar a las 6:15 a la estación de autobuses. El último bus ya había partido y tuvimos que buscar una excursión organizada que les sobrasen plazas en el bus para volver a nuestro hostal. Finalmente llegamos a las 10 de la noche al hostal totalmente destrozados y decidimos cancelar los planes para el día siguiente para poder descansar. Nos perdimos los antiguos pueblos de Xidi y Honcung patrimonio de la humanidad, una pena. Pero al menos tenemos una anécdota mas en nuestras mochilas. Nuestro idilio con las montañas continua!!!

In out In

Ya hacia casi un mes que estábamos en China y tocaba salir para sellar la segunda entrada. En nuestro camino a Hong Kong donde realizamos el tramite, había varios destinos que nos atraían. Finalmente nos decantamos por visitar la región de los Tulous (construcción tradicional en forma de plaza fortificada, para defenderse de los bandidos) habitada por la minoría étnica de los hakka en la remota Yongding county.

Para llegar, odisea de veintidós horas en tren (noche incluida en “asiento duro” otra vez). Que grande es China!!! Menos mal que los chinos son unos personajes y te puedes hechar unas risas con ellos en el tren y vivir momentos realmente increíbles. Varios de ellos estaban empeñados en que yo era una footballstart y se enamoraron de Ana (una belleza decían y yo asentia). La cosa acabo con sesión fotográfica con medio vagón y todos contentos.

Mención especial merece el episodio de regateo a la inversa que protagonizamos la noche que llegamos a la región antes de llegar al tulou donde habíamos reservado para el día siguiente. Que como es eso de regatear a la inversa? Pues nada, llegamos a un hotel de no muy buenas pintas y miramos los precios en la placa. Habitación doble 180 yuanes, vale nos parece correcto, un poco caro para como es, pero en fin….total que “el hombre silencioso” ( apodo que pusimos al del hotel porque no abrió la boca en ningún momento) se pone a escribir cosas en un papel, entre ellas pone 150, le preguntamos que si es eso cada uno, pero como no dice nada, la Ana se dedicaba a señalar con el dedo el 180 de la pared, pero no hay respuesta. Así que que como no nos entendemos decidimos ir va mirar más y si no hay nada más barato volver. El hombre que ve que nos vamos pone 130 en el papel, y Ana otra vez señalando en 180, si así somos nos gusta pagar de más!!!! La cosa se soluciona sacando el dinero y una vez se lo damos queda claro que nos decía el precio por habitación, pero vamos que nos salió más barato sin pedirlo y fue buenisimo cuando nos dimos cuenta que el hombre debía estar alucinando con nosotros, que le decíamos” cobranos más, cobranos lo que pone aquí, nada de pagar menos”.

En cuanto a la zona propiamente dicha, basta  con cuatro palabras la región nos encanto. De lo que mas nos ha gustado de toda China. Todavía no muy masificado, seguramente por su difícil acceso. Dormimos dentro de un tulou en una aldea llena de estas construcciones. Pasamos dos días de relax disfrutando de los paisajes y la gastronomía local. El dueño del tulou muy majo, le recordaremos por su sonrisa mientras repetía a todas horas “are you hungry?”

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Tulou, increíbles no os lo perdáis!!Adrián Cuéllar.2013

Pero el tiempo de paz en China pasa rápido y enseguida nos vimos envueltos en otra noche de “asiento duro” en el tren. Esta vez el destino era Shenzhen, donde casi un mes antes había empezado el viaje. A las 7 de la mañana los oficiales de inmigración certificaban nuestra salida de China. Pero no nos lo podían poner fácil, para variar. En vez de entrar a Hong Kong y salir por la planta de abajo donde estaban los puestos frontrizos para hacer el camino inverso hacia China (bastaba con una escalera), tuvimos que tomar el tren alejarnos una estación y volver al mismo sitio donde estábamos. En fin, sin comentarios. Los  cuatro euros y medio que pagamos nos supieron a cuerno quemado, mas después de tener que mendigar cambio y dinero a todas las personas que nos fuimos cruzando ya que no teníamos Hong Kong dollars suficientes para el billete.

Tras el tramite y con todo en regla, tomamos un tren hacia Guangzhou también conocida como Cantón. Como curiosidad, casi todos los chinos que hay en España proceden de esta región y su cocina inspira la que tomamos en “el chino” de allí.

Los dos días que pasamos en Cantón fueron suficientes. Una ciudad sin nada en especial, pero con una gran animación y muchas zonas verdes. Nos gusto mucho poder ir a los parques repletos de gente haciendo un montón de actividades diferentes: badminton, tai chi, clases de baile, juegos de cartas, cantando y tocando instrumentos, danza con raquetas y pelotas, Indiaca… En fin, nos ha parecido una buena ciudad para vivir dentro de China y nos ha gustado mas que otras mas famosas como Shanghai. Además la comida era buena y muy barata. Por cierto también probé las peluquerías chinas y vuelvo a lucir la cabeza como un monje de aquí!!!!

Entre karts y ríos

Como somos pacientes y todo llega, hacemos el siguiente viaje en tren, pero esta vez en la tan ansiada cama dura. Con que poco somos felices!!!!

Pues lo dicho, más o menos descansados  llegamos a uno de los destinos fuertes y esperados del viaje la zona karstica de China. Según nos vamos aproximando con el tren podemos ir viendo el espectacular paisaje de montañas porosas e increíblemente empinadas que nos acompañará durante los siguiente días.

Poner un pie en la ciudad de Guilin significa empezar a pagar hasta por respirar. Un montón de agencias de viaje se extienden por la pequeña ciudad y cientos de caza turistas te ofrecen autobuses hacia todos los destinos turísticos de la zona. Convertidos ya en expertos esquiva caza turistas, vendedores y toda clase de gente que solo quiere sacarte la pasta decidimos estudiar la situación, puesto que hay que pagar para entrar en todas las colinas que rodean la ciudad. Así decidimos entrar en el Seven Star Park, donde una vez repuestos de la sablada de la entrada disfutamos de unas vistas de postal desde lo alto de la colina. También paseamos un rato entre los monos que habitan las colinas y nos deleitan con sus gestos casi humanos.

El segundo día y tras mirar y remirar las opciones, decidimos ir por nuestra cuenta a las terrazas de arroz de Longji, a la zona conocida como el espinazo del dragón. Así pues, cogemos un par de buses y entre los locales llegamos a Dazai, la primera de las aldeas por la que pasaríamos. Las vistas son casi inmejorables, cultivos de arroz en terrazas adaptados al abrupto terreno de la montaña lo inundan todo. Y así de aldea en aldea y tras cuatro horas de paseo entre esta maravilla creada por la etnia Yao llegamos a la aldea de Ping’an en otro valle.

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Terrazas de arroz en Longji. Adrián Cuéllar. 2013

Lo mejor del paseo las increíbles vistas que como en la montaña amarilla, aquí también inspiran a cantidad de pintores que se esparcen por la zona. Lo que más nos sorprende la decena de mujeres de la etnia que tenemos que ir esquivando a lo largo del paseo y que no paran de ofrecernos cosas para vendernos, o la posibilidad, de por un módico precio hacernos fotos con ellas y su larga cabellera que llevan enrollada en gigantes moños. Las señoras expertas en lo suyo son súper insistentes, tanto que hasta te persiguen unos minutos hasta que comprenden que no hay nada que hacer contigo.

Eso sí, hay que ser justos y decir que esta gente son unos trabajadores incansables. Ya el simple hecho de vivir en un terreno tan poco amable y con cambios de clima tan marcados los hacen dignos de todo el respeto del mundo. Pero cuando además ves a mujeres súper mayores haciendo de porteadoras de las maletas y enseres de los turistas que suben a los hoteles de la zona alta de la montaña, a jóvenes y viejos recogiendo arroz bajo un sol de justicia que te hace sudar al más leve movimiento y, en definitiva, a todos los miembros de las pequeñas aldeas buscarse la vida en condiciones poco favorables y siempre con un “hello” y una sonrisa en los labios, te cercioras que estas delante de personas increíbles.

Los otros dos días los pasamos en la zona de Yangsuo y sus alrededores. El primero alquilamos una bicis y vamos río Yulong arriba y abajo entre redondas montañas y bajo un sol demoledor. El segundo optamos por ir en bus hasta el bonito pueblo de Xingping a orillas del río Li y hacer una pequeña marcha entre las montañas y siguiendo el cauce que marca el río. Las dos marchas que hacemos siguiendo los ríos nos partimos de risa escuchando los inumerables “hello bambú” que nos dicen a cada encuentro con los locales, empeñados en que tomemos un bote de bambú para ir por el río.

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De lo más bello de China, su zona kárstica. Adrián Cuéllar. 2013

Ya de vuelta en Yangsuo hemos seguido disfrutando todo el rato, incluso mientras jugabamos a la hindiaca en el parque o cuando mirabamos por la ventana del hostal, de las montañas únicas de la zona.

Kunming, la ciudad antigua de Lijiang y el Gran Budha de Leshan

Llegamos temprano a Kunming, otras de las tantas ciudades chinas que esta en plena expansión, o lo que viene siendo lo mismo hasta arriba de obras.

Aquí hemos llegado con la idea de ir al bosque de piedra, pero se nos quita de la cabeza al saber cual es el precio de la entrada, al que habría que sumar el bus de ida y de vuelta. En fin una pena, pero en China hay que elegir entre unas cosas u otras, porque como hay que pagar por todo, si estas haciendo un viaje largo como nosotros te arruinas.

En fin, que los días en Kunming los pasamos caminando por la ciudad, yendo a la cercana montaña de Xi Shan, para la cual también pagamos entrada y de la que se nos ocurre volver hasta el hostal andando y llegamos reventados tras los casi 30 km que caminamos en total, el polvo de camiones y obras que tragamos por el camino. El último día lo pasamos organizando nuestro viaje a Vietnam.

Lo peor de Kunming, los bichos que no conseguimos identificar  que vivían en nuestras camas y que nos llenan de horribles picaduras por todo el cuerpo y que sufrimos durante días. Lo mejor, el encuentro con otro viajero argentino con el que intercanviamos experiencias y nos echamos unas risas.

Los días posteriores los pasamos en la antigua ciudad de Lijiang, una ciudad ciudad UNESCO muy enfocada al turismo, pero con encanto. Durante las mañanas cuando aún no se apiñan los turistas puedes imaginar que las tiendas de recuerdos, hostales y restaurantes, eran hace tiempo casas particulares llenas de vida. Uno de los días lo empleamos en visitar Suhe y Baisha, del mismo estilo que su hermana mayor Lijiang, pero mucho más tranquilos.

Dejamos Lijiang y llegamos, después de una noche en tren y unos cuantos buses hasta Leshan. La ciudad tiene una parte antigua, pero nosotros nos centramos en visitar su mayor atracción, el Gran Budha. Previo pago de entrada (como no), podemos admirar los 71 metros de Budha que descansan a los pies del río. Cuesta trabajo describir que se siente ante algo tan increíble, como en todos los lugares aquí en China, y como ya venimos diciendo, si consigues abstraerte del gentío te sientes afortunad@ por poder disfrutar de estas creaciones.

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Inmenso Budha de Leshan. Adrián Cuéllar. 2013

Chengdu, Chonqing y Fenghuan

Dejamos Leshan en un cambio repentino de planes y vamos hasta Chengdu. Ciudad a la que no teníamos pensado ir, pero que tras valorar las opciones de alojamiento y cosas que ver en la ciudad de Emei, y teniendo en cuenta que para ir al monte Emei necesitabamos varios días y solo teníamos libre medio día hasta el siguiente tren decidimos visitar.

Chengdu es una ciudad gigante y súper contaminada, por suerte solo pasamos medio día. La mañana antes de coger el tren la dedicamos a visitar el centro de investigación de osos Pandas que hay en la ciudad. Donde podemos ver a unos cuantos Pandas, comer su bambú es lo único que hacen y solo durante un par de horas al día, porque una vez comen el resto del tiempo lo pasan durmiendo. Unos tipos listos estos Pandas. Así que nos sentimos contentos de haberles visto activos. Por suerte para los visitantes, sus primos que también viven en la reserva, los Pandas rojos son una especie mucho más movida y activa.

Dejamos Chengdu después de una visita relámpago, y llegamos hasta Chongquin. La ciudad es el punto de partida de cruceros por el río Yangtze y además es unos de los centros de exportación más potente de China, según lo que hemos podido ver. La ciudad está repleta de porteador@s cargando a sus espaldas enormes fardos, así como llena de comercios donde en palabras de Adri “aquí puedes comprar cualquier cosa que esté inventada”. La actividad comercial es frenética y constante en esta ciudad, pero como cualquier ciudad china cuenta con sus parques que son oasis para sus habitantes y visitantes.

Otra de las cosas reseñables de la ciudad es que se asienta sobre varias colinas, así pues las subidas y bajadas son una constante. Lo que más nos impresionó fueron las comunidades que había establecidas en las propias colinas a modo de fabela brasileña, donde tras pasear por algunas podemos decir que tanto las gentes humildes como las ratas y la suciedad se encontraban por el camino.

Una de las mañanas las pasamos en la cercana ciudad de Ci Ki Kou, donde compramos unos deliciosos caramelos de cacahuetes y paseamos entre la orda de turistas que, como nosotros, visitaban el lugar.

Para llegar a nuestro siguiente destino nos tocó hacer un cambio de tren y coger un bus. Esta vez en cama dura!!! Que ya tenemos aprendida la lección.

Cuando llegamos de madrugada a Tongrem, una chica súper amable nos acompaña hasta la estación de buses donde podemos coger el nuestro. Si es que otra cosa no, pero según nuestra experiencia, est@s chin@s son muy majetes e intentan ayudarte siempre que pueden.

Alabanzas a la población a parte, llegamos hasta la ciudad antigua de Fenghuan donde veríamos cosas nuevas hasta el momento. Para empezar, os diremos que en el hostal nos tuvimos que cambiar tres veces de habitación: en la primera no funcionaba la luz del baño, en la segunda había cacas de ratones en las camas, y en la tercera y última, pues había unas dulces cucarachas con las que decidimos quedarnos porque total solo era una noche.

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Antigua ciudad de Fenghuan. Adrián Cuéllar. 2013

Pero esta ciudad tenía muchas otras cosas que ofrecernos, entre ellas, una de las mejores vistas de China, con unas preciosas casas de madera construidas hace muchos años al margen del río y soportadas por palos de bambú. Así como, uno de los escenarios nocturnos más bonitos a los que hemos asistido, donde las luces de los pequeños comercios alumbraban el puente del río y las murallas de piedra. Otra de las cosas con la que nos sorprendió fue con, como decirlo…., su amplia oferta gastronómica. En las puertas de los reataurantes se exhibían las especialidades de la casa en jaulas, así podías elegir entre: sapos, serpientes, varios tipos de aves y ratas gigantes, éstas últimas siempre estaban muy cabreadas mordiendo el cierre de la jaula para poder salir. También para nuestra desgracia pudimos presenciar el descuartizamiento de un perro en un restaurante. Listo para servir!!!. Así como podéis imaginar salimos de la parte antigua para comer y pusimos especial atención en fijarnos en que no tuvieran estos platos entre su carta, aunque uno de los arroces que comimos el último día, tenia una carne poco identificable…
No obstante, y dejando a un lado las extravagancias del menú la ciudad fue un acierto, porque como he dicho antes era un lugar precioso, y nuestro último destino reseñable en China.

Zaijiang China, Shin xao Vietnam

Nuestra estancia en China se ha terminado. Recordaremos muchas cosas de estos dos meses. Pero mas allá de las vivencias y los lugares visitados, en nuestro recuerdo quedara la gente que nos hemos ido cruzando a lo largo de toda China. Y es que los chinos son increíbles tanto en lo colectivo, como en el trato mas cercano.

En esta entrega final de este país, os traemos nuestra última aventura y es que China es China hasta el final.

El caso es que llegamos a Nanning para sacar nuestros visados para Vietnam. El trámite duraría tres días que pasamos en casa de una muchacha autóctona, la cual vivía en uno de los campus universitarios de la ciudad (solo por ver el campus merecía la pena acercarnos hasta su casa) y todo salio perfecto. Pero antes de encontrarnos con nuestra anfitriona paso lo siguiente: bajamos del tren en Nanning a primera hora y tiramos para el consulado de Vietnam, queríamos empezar a tramitar el visado cuanto antes. La ruta estaba mas o menos clara, pero el Google maps no se ponía de acuerdo en donde estaba exactamente el lugar. Por lo que solo teníamos su ubicación aproximada. Aclaro que Nanning es bastante grande, no lo podría asegurar, pero creo que como dos veces Madrid. Una vez en el sitio aproximado, empezamos a buscar la dirección, esa si la teníamos. Lo que no teníamos eran nuestros cibermapas que nos habían dejado colgados, así que, estábamos a ciegas.

Tras 45 minutos de andar sin resultado, empezamos a preguntar. Aquí encontramos de todo, los que no entienden, los que no quieren entender y los que entienden pero no tienen ni idea. Finalmente casi sin quererlo acabamos en una comisaria, con el objetivo de consultar un mapa local y así podernos orientar un poco. Pero como decía al principio, esto es China, no pueden indicarte como llegar (el consulado estaba a 10 minutos andando), tienen que fletar un coche patrulla que te lleve hasta la misma ventanilla donde esta la señorita del consulado. Los policías no solo nos acompañan, mas bien nos escoltan, hasta tal punto que ante la enorme cola para coger el ascensor, los policías se cuelan y hacen un pequeño cordón para que pasemos, subiendo solo los cuatro en un ascensor de 10 personas y dejando al resto esperando. Así son los chinos, para lo bueno y para lo malo. Nosotros desde luego nos llevamos un recuerdo inolvidable de esta gente maravillosa.

Aquí acaba el relato del viaje por tierras Chinas. Pero el camino sigue, y en el horizonte se divisa VIETNAM!!!

Esperamos que leer nuestras historias os este gustando tanto como a nosotros escribirlas. Un abrazo fuerte para todos!!!

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