TAILANDIA

En algún lugar de Tailandia

Dejamos Camboya y nos marchamos con las mochilas llenas de sonrisas, increíbles paisajes y templos. Pero algo parecido nos estaba esperando al otro lado de la frontera.

Como somos unos animados cogemos un bus hasta Prachin buri, los únicos de todo el bus que salió desde Siem Reap, todo el mundo iba hasta Bangkok. Pero, como decía somos unos animados y nos presentamos en una ciudad nada turística, sin ningún tipo de servicio, salvo algunos hotelillos y donde prácticamente nadie hablaba inglés. Que, porqué fuimos hasta allí? Pues porque tan solo esta a unos pocos kilómetros del parque natural Khao Yai, el más grande y antiguo de Tailandia.

No hace falta que expliquemos que no encontramos esa tarde manera alguna de ir al parque, por más que preguntamos y dimos vueltas. Por tanto, a la mañana siguiente nos pusimos en camino hacía un hotel que habíamos visto por internet y que estaba en la carretera que llevaba hasta el parque, allí nos dijimos a nosotros mismos para convencernos seguro que hablan ingles y saben de algún modo para llegar hasta el parque.

El hotel en cuestión estaba regentado por una extraña familia, que no hablaba apenas ingles y que iba con la ropa rota. En algún momento de su vida, el hotel tuvo que estar genial, pero ahora se había venido a menos. Esto nos dejó chafados, y ya casi nos planteamos abandonar. Pero, entonces acordamos con “la extraña familia” ( mediante una señora que nos pusieron con el manos libres y que hablaba ingles) que nos llevarían al parque, nos recogerían y que esa noche la pasaríamos allí.

Ya en el parque y pagada la súper entrada, fuimos hasta el centro de visitantes donde, por cosas del destino, coincidimos con un catalán que vive en Tailandia y que se disponía a hacer un trekking por el parque. Entre los tres cogimos un guía, porque te dicen que solo puedes hacer los caminos más largos con guía, e hicimos una marcha por la selva. Pero, no tuvimos la suerte de ver ningún animal, excepto monos. Dónde están los elefantes? Como terminamos pronto y vimos que el camino era fácil de seguir, los tres y esta vez sin guía, nos pusimos a hacer otra marcha. El camino estuvo muy bien, tampoco vimos animales, pero estuvimos un rato perdidos por la selva, que también te anima mucho, jeje, sobre todo, cuando vuelves a tomar el buen camino. Al rato llegamos a unas bonitas cascadas donde te podías dar un baño.

Como las marchas por el parque terminaban en lugares alejados del centro de visitantes hicimos autostop y l@s tai, súper maj@s nos recogieron varias veces. Quien también vino a por nosotros fue el hombre del hotel, allí estaba donde habíamos quedado a la hora fijada, eso sí el tipo iba bastante afectado y no paraba de beber cerveza. Pero, que otra opción teníamos? Al coche con él, que no paraba de preguntarnos “happy?”, y de decirnos que si queríamos que condujese haciendo cosas raras con el volante, como no se daba por vencido, Ana tuvo que contestar un contundente “NO”. Pero….tenemos que reconocer que se ganó nuestros corazones en cuestión de segundos, como? Pues en una parada que hizo para comprarse una cerveza nos trajo unos batidos de chocolate frequitos que nos supieron a gloria después de haber estado andando todo el día y comiendo solo algunas galletas.

A la mañana siguiente, cuando volvíamos caminando hasta la carretera principal para coger un bus a nuestro siguiente destino, fuimos de nuevo protagonistas de otra nueva muestra de hospitalidad tailandesa. La señora que vivía al lado del hotel, nos había visto andando con nuestras mochilas por la carretera y nos había ofrecido llevarnos en su moto, nosotros muy agradecidos le dijimos que no hacía falta, pero ella volvió al rato con unas bolsas de leche de soja caliente y unas porras tailandesas recién hechas. Que maja!!!!!

Y así pasaron nuestras primeras horas en el nuevo país. Como podéis imaginar, quien no quiere quedarse unos días más?

Al norte, siempre al norte

Oeeehh!! Por fin había llegado la tan esperada fecha, día 5 de diciembre. El cumpleaños del rey de Tailandia, nos había cogido recién llegados. “Que parida” pensareis, pero aquí se monta una gran fiesta y todo esta engalanado para la ocasión.

El día comenzó como cualquier otro, con la llegada a Ayutthaya. Esta ciudad tiene muchas cosas que ofrecer al viajero, antiguas riunas, buenas pensiones y sabrosa comida. No en vano, fue la capital del reino tiempo atrás. Pero sobre todo era la fiesta del cumpleaños real, y aunque a nosotros la monarquía no nos gusta, los puestos de comida, musicas, bailes y thai boxing callejeros nos encantaron. Tanto fue así que nos quedamos un día mas de lo previsto antes de partir a Lop buri.

La ciudad de los monos no la recordaríamos como algo destacable del viaje salvo por los cientos de monos que pueblan sus calles. Hemos de reconocer que estábamos bastante atemorizados de sacar algo de comida en la calle, ya que habíamos leído que eran muy agresivos y podían atacar para quitarte la comida, por suerte no tubimos ningún altercado. También recordaremos una comida excelente que probamos en un restaurante local por poco menos de un euro, delicioso!!!

La cosa fluye sola en Tailandia. Así despachamos los dos siguientes destinos casi sin darnos cuenta. La primera, Sukhothai, con su ciudad antigua patrimonio de la UNESCO. Compuesta por algunas ruinas de templos que se reflejaban en los estanques colindantes creando una imagen asombrosa. Mas tarde viajamos un poco mas al oeste, a Tak, localidad que debía servirnos como lanzadera para visitar un parque natural tan solo a 26 quilómetros de la misma. La verdad es que la cosa pintaba mal de ante mano, y los peores pronósticos se cumplieron. Nos encontrábamos en una segunda Prachinburi. Ante las grandes dificultades, a pesar de la cercanía del parque, esta vez claudicamos, hicimos noche y continuamos camino al día siguiente hacia el norte, siempre al norte, que ya habría tiempo de deshacer el camino.

Templos, elefantes y cascadas

Llegamos hasta el punto más al norte que subiríamos de Tailandia, la ciudad de Chiang Mai. Se puede decir que es el lugar donde se concentra uno de los mayores movimientos culturales, turísticos y comerciales del país.

Allí pasamos dos días durante los cuales nos dedicamos a recorrer mercados y templos, muchos templos, había en cada esquina y a cada cual más bonito. En uno de ellos pudimos ver parte de un rezo, donde los jóvenes monjes arrodillados escuchaban el sermón.

En Chiang Mai también se podían hacer trekkings por la montaña, pero como era una zona con muchos turistas, nosotros decidimos deshacer el camino e ir bajando hacia un lugar con menos gente y que también nos ofreciera cosas que hacer.

Así y tras casi doce horas de bus llegamos hasta Kanchanaburi, más pequeña que Chiang Mai y sin mucho atractivo en sí misma, pero con muchos lugares de interés por los alrededores. En la ciudad famosa por su puente sobre el río Kwai tuvimos la oportunidad de volver a comer ensalada de papaya frita y de sentir el picante en nuestra boca, también volvimos a repetir en un buffet tailandés rico rico.

Uno de los días fuimos al Elephant’s world, queríamos poder estar cerca de los elefantes, pero no queríamos hacer ninguna excursión programada donde te montas en el animal, que suele llevar una vida bastante dura transportando turistas durante muchas horas a sus espaldas y siendo maltratados por sus cuidadores. Por ello, y a pesar que esto nos suponía un elevado gasto, decidimos ir a este santuario de elefantes que encontramos buscando e informandonos un poco. En el Elephant’s world, así como en otros pocos santuarios que existen en el país recogen a los elefantes que han tenido una vida dura trabajando en trekkings con turistas o utilizados como animales de carga. Muchos de estos animales tienen secuelas físicas, como por ejemplo, ceguera o lesiones musculares. En este lugar, donde trabajan para los elefantes, los animales viven en semi libertad y reciben los cuidados necesarios adecuados para cada uno.

Durante el día que pasamos en el Elephant’s world, dimos de comer a los elefantes unas cuatro veces, preparamos su comida, aprendimos un monton sobre la historia de cada uno de ellos y nos bañamos con ellos en el río, mientras presenciabamos como sus mahouts ( los cuidadores de los elefantes, cada animal tiene uno) y los propios elefantes difrutaban jugando en el agua.  Con pena nos despedimos de estas enormes criaturas y de su áspera piel.

Al día siguiente fuimos al parque natural de Erawan, famoso por sus cascadas en siete niveles. Llegamos hasta allí en transporte público y pasamos un día genial bañandonos en las cristalinas aguas, mientras cientos de peces maliciosos nos mordian los pies. Las dos primeras cascadas, las de mas abajo, son las mas grandes, pero según subíamos más niveles las formas y coleres del agua se volvían más hermosos. Eso sí hay que recalcar que a medida que avanzaba la mañana la gente fue llegando y el parque parecía más que natural de atracciones, pero no es extraño que todo el mundo quiera verlo porque ambos coincidimos en que es uno de los lugares más bonitos en los que hemos estado durante este viaje.

Por la costa y la capital!

La visita a Bangkok empezó como tantas otras veces, con la llegada en tren y una buena pateada en busca de alojamiento. El resto del día lo echamos viendo templos y la zona monumental de la ciudad. Durante el paseo, pudimos observar las protestas que se están desarrollando en Bangkok. La movilización ciudadana era bastante masiva y muy tranquila, al estilo 15M.

El día siguiente lo pasamos descubriendo algunos mercados y centros comerciales famosos en la gran urbe. A pesar del tamaño y la cantidad de artículos que se ofrecen en estos, nos resultaron algo decepcionantes, tanto en la calidad de los productos, como en los precios, superiores a los que esperábamos. El último día lo pasamos preparando la marcha a la isla (esa noche nos íbamos a Koh Tao) y la llegada de Erik y Silvia. La verdad es que según se aproximaba el momento nos fuimos poniendo más nerviosos por su llegada e ilusionando con los días que nos quedaban por delante.

A las 18:45 el avión tomo tierra como estaba previsto. Y 45 minutos más tarde estábamos abrazando a los chicos y poniendo rumbo a Koh Tao, donde nos esperaban las “pariadisacas” playas tropicales.

Pero antes de nuestro paso por Bangkok y la llegada de la pareja de moda en Leganes, nosotros ya habíamos probado el mar del golfo de Thailandia. Fue en Hua Hin, donde llegamos después de la estancia en Kanchanaburi tomando un bus local y haciendo un tranbordo al tren en Petchaburi. El viaje resulto bastante sencillo y encontrar alojamiento barato, costo mucho menos de lo esperado, además tenia piscina!!! En los dos días que pasamos en la localidad costera, visitamos un peñón lleno de templos budistas donde los monos, que se contaban por cientos, correteaban sin ninguna preocupación, también nos acercamos a las playas cercanas para dar largos paseos y sobre todo disfrutamos de la piscina del hotel que siempre estaba vacía para nosotros solos.

De camino a una de las playas vimos a una perra policía, aquí os dejamos la evidencia, cuidado que va cargada!

Bajo el mar en buena compañía!!!

Para esta entrada contamos con colaboradores de lujo! Erik y Silvi, que nos han acompañado en los últimos días de este viaje largo. Los dos han accedido a nuestra propuesta y han escrito este post, os dejamos con el:

Hola a todos! quiero contaros nuestra experiencia en Koh Tao, con los mejores embajadores del mundo!!:

Después de salir de Madrid con un frío que parecía que no iba a ver un mañana, subimos a un par de aviones donde nos forraron a comer, y ¡¡nos forramos a ver y a jugar al ¡Ouyeaaaa!

Tras 1 día entero de viaje, llegamos al aeropuerto de Bangkok, tortazo de calor y allí estaban y Ana, delgadísimos y morenísimos con una gran

Como no teníamos tiempo que perder, cogimos el metro, nos dirigimos a la estación de trenes para cenar y coger un tren que nos llevaría a la Isla  donde haríamos el esperado curso de buceo y pasaríamos los primeros días!!

La cena nos pareció correcta y el tren también, aunque con un frescor más propio de España en estas fechas, por el aire acondicionado que lo ponen ¡¡modo Ártico!!

Estábamos en el andén pero el tren se retrasó dos horas y claro a la mañana siguiente perdimos el autobús de enlace retrasándonos bastante… pero al mal tiempo buena cara, nos pusimos a jugar con la indiaca de los chicos, a comer galletas y a ponernos al día que había mucho que contar y ¡tan felices!

Cuando por fin cogimos el bus que nos llevó al puerto, no sabíamos que todavía nos quedaba bastante más de espera… la verdad es que eso es algo muy diferente allí. Planificar un día no es tan sencillo porque los horarios van modo trópico…leeentos. Si llegamos a saber lo que nos esperaba ¡no hubiéramos tenido tanta prisa!… pillamos billetes para el Ferry ultra rápido, y en hora y media estaríamos en la isla, ¡yiippiieee!

Como no tuvimos tiempo de sobra para haber comido (¡que va!) y hacer incluso la digestión, ja, decidimos comer según nos montamos al barco el embutido clase A que nos dio Toñi, para celebrar lo que fuera y ¡la Navidad! Nos lo zampamos allí sentados (siendo la envidia de todos  seguro) y el barco arrancó. ¡¡Aquello no tenía nombre!! Si habéis sufrido o visto el barco del parque de atracciones que se pone vertical alguna vez, entenderéis el viaje. Esto así hora y media, para arriba, abajo, de lado y del otro… ¡madreee! Al principio cosquillas en la tripa y risa floja, pero luego… sudores, malestar y apretar la garganta para que el embutido ibérico no saliera de ti, ¡¡IBÉRICO!! La gente usaba bálsamos para respirar y aun así…Ana y Silvi no tuvieron la suerte que los chicos que ¡aguantaron cual rudosmen! ¡¡Silvi 2 Ana 1!!¡ajajja! Está claro que debéis saber ¡¡que gana el que se duerme!! Si vais según entréis y llegareis a la isla ¡como una rosa!Al llegar a la isla cual piltrafillas, y con recibimiento multitudinario de los. Para ver si coges transporte,  buscamos nuestra escuela andando y la encontramos rápido. Nos atendieron muy bien, amables y con ojones abiertos como dos soles nos llevaron a los bungalows, muy bonitos y limpitos. Con baño dentro y ¡cama dura!

El curso empezaba esa tarde con teoría, nos pusieron unos y ¡¡deberes!!, nos presentaros a nuestro, César, un madrileño que a primera vista sorprendía, sobre todo por su pelo, el cual luego entendimos en el agua. Llevaba el pelo hacia atrás, teñido de rubio pero con raíces negras… en el agua se le movía y ¡le daba un flow molón! ¡Muy entregado al mundo submarino!

Al día siguiente ¡la primera inmersión! Nervios de todo tipo, por si dolían los oídos, que veríamos, emoción…  ¡y todo fue genial! Hicimos ejercicios para sentirnos cómodos con el equipo y aprender a comunicarnos y luego ¡paseito! Lo malo fue el fondo que andaba revuelto… no vimos el esplendor de los suelos marinos…

César el hacía refuerzo positivo todo el rato. Hicimos maniobras de las gafas, y colocarlas expulsando el agua, el chaleco y tanque y volver a, salida de emergencia soplando el chaleco, maniobra donde te quedabas sin aire y le pedías a un compañero y paseítos de 45 minutos… Duró tres días, acabamos bajando a 18 metros muy bien los oídos y viendo algunos peces muy grandes y coloridos, corales, estrellas de mar, erizos de mar… vamos ¡que somos unos expertos openwaters! ¡con y todo!

Decidimos pasar la última noche  que íbamos a pasar en la isla  de camino al siguiente destino, durmiendo en un barco más lento y tranquilo y así ¡ahorrar tiempo y dinero! Nos salió perfecto y coincidimos con algún del curso en el trayecto. ¡¡Pasamos una diferente y maravillosa en chanclas!! Y esta vez el IBÉRICO se quedó donde debía, ¡¡en la tripa!! Bueno, podríamos estar páginas y páginas escribiendo, pero lo más llamativo fue llegar y que fuera verano, la diferencia en las comidas, muy sabrosas pero no podías descuidar que siendo no picante, ¡podías llorar!, lo barato en relación con España en la comida y alojamiento (y eso que en Kho Tao al ser más turístico es más caro que en el resto de Tailandia) pero no en otros productos como zumos, suvenires…. La frondosidad del lugar con la vegetación de palmeras y bambú… y sobre todo destacar a la gente… Aunque había que regatear bastante y te acosaban un poco con ofrecerte servicios (taxi, motos…) eran muy . ¡No les gusta nada andar y van en moto a todos lados!, ¡ya sea uno que cinco apiñados! ¡Lo mejor… siempre con una  gran sonrisa!

Últimos días en Thailand!!!

Dejamos la “isla tortuga” por la noche y en un barco que por suerte para nosotros no se movía ni una cuarta parte que el catamarán que nos llevó hasta ella.

Koh Tao es una isla pequeña que apenas recorrimos en un par de ocasiones, porque con el curso de buceo no tuvimos tiempo para muchas historias. Lo que menos nos gustó de ella fue que era casi imposible encontrar algún mercado o puesto de comida verdaderamente local.

Después de volver a tierra firme nuestro siguiente destino fue el parque natural de Kao Sok, donde una vez instalados en el Bamboo Bungalow nos adentramos en el parque para explorar sus caminos. Enormes árboles, chicharras, monos y cascadas nos estaban esperando. El paseo por el parque fue muy agradable y entretenido, aunque la humedad hacía estragos. De vuelta al bungalow unas duchas calientes nos cautivaron, que lujo!!hacía tanto tanto que no disfrutábamos de este pequeño placer. En Kao Sok los precios seguían la dinámica de la isla, y es que estaban resultando ciertos los rumores que nos advertían que el sur de Tailandia era más caro.

Una vez dejamos aquella frondosa zona nos dirigimos de nuevo a un lugar plagado de karts, sí nos encantan estas formaciones tan características que esta roca porosa dibuja en el paisaje. El lugar elegido es Krabi, aquí encontramos mucho calor, precios más baratos y la posibilidad de ir en una barquita hasta Railay, un lugar elegido por escalador@s de todos los puntos del planeta y también por aquell@s que quieren disfrutar de paseos empinados y escarpados, así mismo, el lugar cuenta con increíbles playas y calas, en las que puedes darte un baño viendo bonitas cuevas y pájaros de la zona. Este día lo terminamos disfrutando de un buffet tailandés, donde comemos mucho mucho para recuperar fuerzas.

El penúltimo día de nuestro viaje se lo dedicamos a Ayutthaya, nosotros ya habíamos ido, pero queríamos volver con Erik y Silvi, y darnos así la oportunidad de volver a disfrutar de esta bonita ciudad y su exquisita comida del mercado local. El como llegamos allí merece mención especial, esperamos más de dos horas a que llegara el bus donde pasaríamos la noche entera con un frío polar infernal, además para no aburrirnos tuvimos un “divertido” episodio en la parada que hacían para cenar. Primero no encontrábamos los tickets que nos hacían falta para la cena en lo que perdimos buena parte del tiempo, después con los tickets en mano nos pusimos a pedir unos noodels, en el momento de entregarlos nos dicen que tenemos que pagar, que la zona para pedir comida con los tickets de la compañía de bus no es allí!!Noooo!!Ante la situación, nos hacemos los despistados y les ofrecemos nuestros vales de comida, el chico un poco aturullado porque no sabe como comunicarse con nosotr@s y ante la presión de nuestras caras decide coger los vales. (¡Ya me apañaré con los vecinos de restaurante y haré cuentas con ellos, debe pensar, porque con estos no hay quien entienda nada!). Palillos en mano nos comemos los noodels como si no hubiera mañana, entre el tiempo de búsqueda de los tickets y el mal entendido el bus está a punto de irse!

Ainss vaya tela! en fin, después de toda la noche en bus, 5 km andando por Bangkok con las mochilas a cuestas y un viaje en tren de pie aguantando codazos y a l@s vendedor@s, llegamos a Ayutthaya. La ciudad no nos defrauda, es lo que tiene cuando apuestas por algo seguro!

El último día de viaje lo pasamos en Bangkok, la mañana la dedicamos a pasear por la zona de los templos y el Palacio, y por la tarde y tras deleitarnos con nuestro último Pad Thai, nos vamos de compras por diferentes mercados y centros comerciales, que paliza de día y que locura de compras!

Ante las preguntas inquisitivas de nuestros acompañantes de viaje durante estos últimos días (Erik y Silvi) les confesamos que nos marchamos con ellos esa misma noche a Madrid, tras reponerse de la sorpresa y recuperar nuestras mochilas de la consigna de la estación de tren, ponemos rumbo al aeropuerto desde donde diremos adiós a este sonriente país.

Despedida y cierre

Durante este viaje hemos ido adaptando nuestra alimentación,en cuanto a comidas, horarios y tentempies, q si bien en China eran galletas,y barritas de maíz inflado,en Vietnam lo eran la fruta y los bocadillos de leche condensada. Siempre intentando adaptarnos a la idiosincrasia del país en cuanto a la alimentación y demás costumbres.

Hemos visto lugares increíbles: naturales como la montaña amarilla o las montañas de Sapa, como creados por la mano del ser humano como el increíble pasillo de Toris de Kyoto, o el Buda de Nara, el ejercito de guerreros de terracota de Xian….. Así mismo, hemos sufrido las inclemencias del tiempo desde el calor más extremo que pasamos en Japón, sumado a una humedad inaguantable, hasta las terribles tormentas que inundaron medio Vietnam y que nos cogieron de viaje hacia Saigon haciendo que estuviéramos parados 8h, y tardando así 32h.

Hemos asistido en primera persona a la transformación del gigantesco país de China, en cuanto a crecimiento desmesurado, ciudades llenas de polvo debido a la construcción en masa, gente de campo buscando una vida mejor en la gran ciudad,mientras nosotros pensábamos que mejor seria quedarse en las zonas rurales porque en las ciudades apenas se puede respirar por la contaminación, pero claro como vienes tú occidental, y de ciudad y le explicas que la calidad de vida es mejor en el campo. Y como nos han transmitido en muchas ocasiones nosotros tenemos “más libertad” para elegir nuestro futuro. Como decirles q la libertad tampoco es tanta, que también allí estamos condicionados por nuestro contexto, cuando ellos nos han llegado a transmitir que les encantaría aunque fuera poder ir más a menudo al pueblo o ciudad cercana.

Pero  sobre todo hemos encontrado gente maravillosa que ha hecho de nuestro camino una experiencia inolvidable y enriquecedora.

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