VIETNAM

Una maravilla y la capital

Dejamos China un día cualquiera en el ajetreo normal del país. Nos montamos en el bus destino Ha Long Bay, y primera sorpresa, los chinos no quieren que nos vayamos y nos agasajan con una bolsa con bollos, fruta y agua. Ainsss, si les echaremos de menos y to’!!!

En un par de horas llegamos a la frontera, como tenemos los visados en regla, salimos y entramos sin problemas de ambos países. Eso sí, después de varios cambios de buses. Ya en tierra vietnamita y después de unos momentos de confusión durante los cuales nadie nos sabe decir cual es nuestro siguiente bus hasta Ha Long, nos meten en un mini bus a cinco personas y ahí comienza nuestro primer contacto con la conducción y las carreteras vietnamitas. La montaña rusa es aburrida comparada con el viaje que nos pegamos.

Por la noche, sanos y salvos aún que parezca increíble,  llegamos al destino. Tras unos cuantos hoteles y regateos conseguimos una habitación y cenar.

Los días siguientes los pasamos en la espectacular bahía de Ha Long y la isla de Cat ba. Tres días bajo el sol y entre las montañas karsticas, algunas de ellas con formas increíbles. Una de las mañanas la dedicamos a caminar por el parque nacional de Cat ba y nos sentimos cual Indiana Jones en plena selva, la humedad y las rocas que tuvimos que medio escalar para seguir el camino nos hacían estar cansados, pero la experiencia merecía la pena. Como vamos sin excursión organizada, para volver a la ciudad había que coger un bote, y otra vez a negociar. Finalmente, nos sonríe la suerte y un barquito que pasa cerca del muelle nos lleva.

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Atardecer en la isla de Cat Ba. Adrián Cuéllar. 2013

Durante el viaje disfrutamos de la bahía de Lan Ha, y permanecemos a la deriva unos cuantos minutos, mientras asistimos alucinados a una reparación en directo del motor de la barquita. Mientras barcos más grandes llenos de turistas se nos quedan mirando al pasar, nosotros vamos pasando las herramientas al hombre que dirige la barca y se afana por encontrar el problema. Una vez resuelve el mismo, una fuga de gasolina, seguimos camino hasta la ciudad.

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Bahía de Ha Long, de viaje a la isla de Cat Ba. Adrián Cuéllar. 2013

Para salir de la isla elegimos otra ruta y vamos hasta Ha noi, vía Haiphong. Otro trayecto en bus, ferry y bus hasta llegar a la capital. El calor no nos abandona, y además se le suman cientos de motoristas ofreciendo sus servicios ( “hello motorbike”). Una vez conseguimos deshacernos de ellos y ubicarnos llegamos al barrio viejo de Ha noi. Lugar vibrante de comercio callejero y gente por todas partes.

La capital no tiene para nosotros grandes atractivos, no obstante visitamos el mausoleo de Ho Chi Ming ( lo que nos hace recordar que durante nuestra estancia en Beijing no vimos el de Mao) paseamos por las diferentes zonas con edificios franceses conservados de aquella manera y sobre todo, vemos mercados diurnos y nocturnos. Estos dos días en la ciudad nos permiten familiarizarnos un poco más con el país, los lugareños y los precios. A este respecto, no hay nada mejor que saber lo que pagan los vietnamitas para que no te la cuelen. Aún que como hemos descubierto después, algunas veces incluso viendo que alguien paga delante tuya el precio adecuado a nosotros nos quieren cobrar más. En fin, cosas que pasan en un país donde el turismo está masificado.

Sapa

Sapa es un pueblo pequeño de montaña localizado al noroeste de Vietnam. Pero para los viajeros que vienen a este país es, sinónimo de espectaculares terrazas de arroz y pequeñas aldeas habitadas por minorías étnicas.

Y esto es lo que vinimos a buscar nosotros también. Como nos habían aconsejado un grupo de españoles que encontramos en Cat Ba, lo primero que hicimos al llegar fue contactar con una de las muchas mujeres de la etnia H’mong que te van a buscar al bajar del bus. Tras la necesaria negociación, concretamos un trekking de tres días y dos noches por las aldeas cercanas.

Tan pronto dejamos las mochilas en un hotel de la zona y la mujer compro algo de comida para el camino, nos pusimos en marcha. El día fue muy ameno, caminamos durante unas 5 horas hasta Ta Phin. En el camino comimos un espectacular bocadillo de pepino, tomate, plátano y leche condensada que pensamos exportar a España y la mujer nos fue contando cosas sobre sus tradiciones y demás.

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Terrazas de arroz en Sapa. Adrián Cuéllar. 2013

Al llegar a Ta Phin la homestay en la que íbamos a dormir estaba llena, así que hubo cambio de planes y nos toco dormir en casa de una mujer del pueblo de la etnia Dzao. Allí vivimos una experiencia bastante autentica con los dueños de la casa, nuestra guía ( Mama Sun) y un viajero frances muy simpático que paso la noche con nosotros.

Al día siguiente nos despertaron los animales de los establos adyacentes a la casa y otra vez a andar. El destino de ese día era la casa de Sun, en el pueblo de Hau Thao, donde pasaríamos la segunda noche. Por el camino Sun tubo que marchar y nos dejo al cuidado de Gigi (Su sobrina) que nos acompaño el resto del camino.

Una vez alcanzado nuestro destino pudimos descansar un poco y comer unas cuantas verduras con arroz que nos preparo Gigi. Pero nuestro tiempo de relax duro poco, ya que al rato apareció Mama Sun con otras mujeres cargando ladrillos en unos cestos de mimbre a la espalda, una de las mujeres nos dijo que si la ayudabamos a subir ladrillos nos conseguiría una botella de agua fresquita y nosotros aceptamos el trato. Así pues, al rato nos vimos bajando por un camino de arcilla cada uno con nuestro respectivo cesto a la espalda en busca de ladrillos. Toda una experiencia. Resulta que toda la aldea (incluidos los niños pequeños) estaba subiendo ladrillos para construir la nueva casa de Mama Sun. Nosotros como uno mas nos colocamos el cesto cargado a la espalda y sudamos la gota gorda para subir las cuestas hasta la casa. Una vez terminado el trabajo, cenamos en familia (a las 4 de la tarde) y nos pusimos frente a la hogera hasta la hora de ir a la cama (a las 6:30). El último día fue parecido, caminata mañanera con Gigi, quien muy amablemente nos invito a unas cañas de azúcar deliciosas y con mucho agua. Llegamos de nuevo hasta Sapa donde recuperamos nuestras mochilas y nos despedimos de Mama Sun. A las cinco salia nuestro bus, lo que nos dejo tiempo para hacer acopio de comida, visitar el pueblo y hasta practicar algo de deporte con los jóvenes locales.

En estos días en Sapa hemos podido maravillarnos con sus paisajes y descubrir cuan diferente es la vida en estas aldeas respecto a las nuestras. Allí no hay agua corriente y la electricidad aunque si tienen la utilizaban poco. Tampoco tienen gas y toda la actividad de la casa gira entorno al hogar, que utilizan para hacer la comida. Además, las aldeas están algo apartadas y muchas familias como la de Mama Sun no tienen motocicleta para desplazarse, así que han de ir andando o pagar a alguien para que les lleve. En definitiva, es otro mundo al que tuvimos la suerte de acceder aunque fuese solo por unos días.

Hue y Hoi an, dos lugares para no perderse

Dejamos Sapa una tarde, despidiendonos  así de las montañas. Felices por la experiencia vivida subimos al bus nocturno sin saber que nos esperaba.

El bus lleno de locales, los únicos occidentales eramos nosotros, salió a tiempo, primera cosa sospechosa, porque esto aquí no suele pasar. Una vez instalados en nuestros asientos cama comienzan las sorpresas. Descubrimos que el bus tiene cucarachas, pero no una ni dos, ni diez, sino un montón que corren de un lado para otro, por los asientos, el suelo, las paredes. Para darle aún más ambiente al viaje comenzamos el camino en una carretera llena de curvas, lo que provoca un efecto vómito dentro del bus, que como podéis imaginar hace que ni nos sintamos nada bien.

Como todo acaba, por la mañana llegamos a Ha noi, nada descansados y queriendo borrar la noche anterior de nuestra memoria. Aún que como dice Adri “el viaje nos pone a prueba y nos enfrenta con nuestros miedos”, a lo que yo digo “por muchas cucarachas que vea no terminaré nunca cogiéndoles cariño”.

Después de la noche en bus, decidimos ir directamente a la estación de tren y comprar los billetes para ir a Hue. Esa misma noche viajamos en cama dura hasta la antigua capital de Vietnam.

Durante el viaje en tren compartimos comida y charla con diferentes vietnamitas, entre ellos un joven policía que en sus ratos libres se dedica a vender pelucas por internet y que  por cierto, intenta venderle una a Adri.

El tren es más cómodo, aún que no abandonamos a nuestras amigas. No obstante, llegamos bajo un intenso calor a Hue.

La ciudad nos gusta mucho, visitamos su ciudadela y la ciudad amurallada. Y a la mañana siguiente alquilamos unas bicis y descubrimos durante un agradable y caluroso paseo los alrededores de la ciudad. Pedaleamos por pequeños caminos, entre campos de arroz, templos, pagodas y tumbas imperiales.

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Puesto de ofrendas (incienso) de camino a los templos. Ana Mateos. 2013

Por la tarde recorremos la distancia hasta Hoi an en bus, esta vez son pocas horas y el viaje es muy agradable y sin compañías del subsuelo.

En Hoi an pasamos varios días, los cuales dedicamos a ver diferentes lugares como: los templos de My Son, ahora ruinas tras los bombardeos de la guerra de Vietnam, pero donde aun se puede apreciar la belleza de las contrucciones religiosas que llevo a cabo por el imperio Chams en mitad de la selva y entre montañas, lugar ideal que mas tarde utilizaron los vietnamitas para esconderse y que los americanos aniquilaron con sus bombas y los franceses con su expolio. Otro de los días los pasamos caminando por la playa China, utilizada en muchas adaptaciones cinematográficas. Andando andando llegamos hasta las montañas de mármol, cantera que parece inagotable a juzgar por todos los lugares que la rodean donde tallan enormes figuras de mármol. Para deshacer los 18 km del camino andado cogemos un bus local y volvemos a Hoi an. Por supuesto,que también empleamos bastantes ratos a callejear por la pequeña ciudad, regatear en sus mercados para comprar fruta y disfrutar de sus bonitas casas amarillas, de su crujiente pan recién hecho en un pequeño horno y su maravilloso Cau Lao, plato de ricos fideos con carne, brotes de soja y una especie de cortezas.

En Hoi an, también huimos de las tiendas de ropa, donde a cada paso te asaltan los vendedores ofreciéndote cualquier prenda a medida en el estampado que desees. Ardua tarea la nuestra esa de tener que ir explicando que estamos en un viaje largo y no podemos cargar con peso extra en nuestras mochilas, y además de ardua casi ineficaz, porque entonces nos ofrecen artículos muy pequeños que no pesan, es ahí cuando ya entra en escena el “no” rotundo.

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Paseando en Hoi an. Ana Mateos. 2013

Pero dejando a un lado estos momentos de deshacernos de algún ofrecimiento, que dicho sea de paso, en Vietnam son cada poco tiempo, la zona central del país nos ha encantado, los paisajes son espectaculares tanto más al interior como la propia costa y playa, donde durante nuestro solitario paseo disfrutamos de las extrañas caracolas, rápidos cangrejos y las pequeñas gaviotas.

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Playa china, km de playa para nosotros solos….Adrián Cuéllar. 2013

Cómo nos ahorramos una noche de hotel en Saigon?

La lluvia nos despide en Hoi an, nosotros marcahmos ajenos a la aventura que se vislumbraba en el horizonte. Por la tarde, fuimos embarcados en un bus cama, esta vez bastante aceptable, incluso disponía de lavabo. La lluvia era intensa, pero bueno esto es Vietnam y aquí se supone que llueve con ganas, ya lo sabe cualquiera que haya visto Forrest Gump.

El caso es que a las dos horas de viaje, el bus se para en mitad de la carretera y l@s pasajer@s comenzamos a preguntarnos que pasa, los del bus no dicen nada al principio, pero al rato nos medio explican que la carretera está tan inundada que no podemos continuar. La pregunta del millón no se hace esperar, y todo@s queremos saber cuando piensan que podremos continuar, a lo que ellos nos responden que eso dependerá de los deseos de Budha.

Como podéis imaginar el ánimo no está en su mejor momento, pero como es por la noche nos ponemos a dormir, hasta que el calor dentro del bus se vuelve insoportable, tanto es así que hay gente que se desmaya.

Por suerte, con la llegada del nuevo día y la ayuda de Budha la carretera parece de nuevo transitable, y digo parece porque a las cuatro horas de recorrido por carreteras anegadas de agua, pasando por pueblos totalmente inundados, ríos desbordados, en definitiva, una escena desoladora, volvemos a parar. Esta vez, el problema es más grave, el puente que se encuentra a 5 km se ha derrumbado y no se puede pasar por el. Además, la calle que sería el camino alternativo está hasta arriba de agua y el ejército, sí sí, porque estaba hasta el ejército, solo deja pasar a las motos.

El pronóstico esta vez es mucho más negativo y nos dicen que el problema no se solucionara hasta dentro de 3 o 4 días, total que todo el mundo se arma de paciencia hasta nuevas noticias. Aún que con el paso de las horas el ambiente se va caldeando y la gente va exijiendo respuestas y soluciones.

Pasadas tres horas de espera y ante la inmovilidad, la gente se decide ir a dar una vuelta por las calles del pequeño pueblo, nosotros también. Pero con tan mala suerte que Budha vuelve a interceder, justo en el momento en que estamos por ahí y de repente, vemos a un trabajador buscando a la gente que faltaba como loco. Al llegar a la carretera vemos que el bus se ha puesto en marcha y está a unos 50 metros de distancia. Corremos y nos montamos, pero dejamos claro al conductor y compañía que aún quedan cuatro personas por el mercado y que estamos seguros que iban en el bus y no están. Aún así deciden continuar, pero se produce una especie de motín para hacerles comprender que la gente tiene en el autobús sus mochilas y posiblemente documentos importantes en ella. Los de la compañía, se ponen de los nervios, pero deciden dar la vuelta para buscarlos, justo en ese momento aparecen las personas que faltaban. Habían cogido una moto al ver que el bus se había marchado.

De nuevo con el autobús con todo@s l@s pasajer@s continuamos el camino que se saldó sin ningún sobresalto remarcable. Por la noche, llegamos al lugar donde se hacía una pequeña escala de diez minutos y cambiamos de bus, esta vez, para viajar en uno súper cómodo. A la mañana siguiente llegamos a la ciudad de Ho Chi Minh (antigua Saigon), dejando atrás toda una gesta autobúsera de 36 horas. Y así es como nos ahorramos la primera noche en esta gran ciudad, durmiendo y achicharrandonos de calor en un “bus barca” hasta que el gran Budha decidió que parara de llover.

Saigon y Delta del Mekong

Tareas a realizar: sacar los visados para Tailandia, Preparar la siguiente etapa en el delta del río Mekong y visitar los túneles de Cu chi.

Nuestra llegada a Ho Chi Minh fue bastante tranquila en relación al viaje que nos precedia. No obstante, tuvimos que cargar con nuestras mochilas durante 5 km antes de encontrar una habitación donde instalarnos. Ese mismo día y el siguiente lo dedicamos a dar grandes caminatas por la ciudad y a realizar las tareas que nos habíamos marcado. Lo mas destacable de Saigon es su trafico, de una densidad como en pocos lugares en la tierra. Cruzar de una acera a otra es una aventura y se necesita una buena dosis de paciencia. Los coches aunque no son muchos en esta gran urbe, no paran al verte pasar y las motos te esquivan. De esta forma la técnica es cruzar despacio cuando no haya coches, así las motos tienen tiempo de esquivarte.

El tercer día nos fuimos a los cercanos túneles de Cu chi. La visita la hicimos con un tour guiado de medio día. Intentar hacerlo por uno mismo es tarea casi imposible y el precio se dispara, así nos subimos al minibus de Mr. Jackie. El guía era una mezcla entre Cocodrilo Dundee y Jackie Chang, que además había combatido con el Vietcom. El resultado fue una visita muy entretenida. Jackie era capaz de transmitirnos el horror que allí se había vivido durante la guerra y las secuelas que había dejado el agente naranja en la población, a la vez que disfrutaba explicando las trampas que preparaban camufladas en la selva para atrapar a los americanos con un toque casi sádico. Lo mejor de la visita fue poder entrar en una pequeña porción del gran y complicado sistema de túneles que monto allí el Vietcom durante la guerra. Una experiencia un poco claustrofobica, que nos permitió adivinar las duras condiciones en las que vivió esta gente durante tres generaciones!!! según explico Jackie.

A la mañana siguiente bus a Can tho, caminata con las mochilas, regateo en el hotel y rápida visita a la ciudad en busca de un sitio barato para comer. Vamos, la rutina en Vietnam. La ciudad no tiene nada excepto una panadería con unos bollos increíbles y un buen supermercado para gastar los últimos dongs, pero es el lugar donde operan los botes que te llevan a ver los mercados flotantes del delta del Mekong. Tras dar una vuelta ese mismo día en busca de un bote, decidimos abandonar la idea de ver los mercados ante el alto precio de los botes y volver al hotel. Pero cuando estábamos tranquilamente pensando que haríamos al día siguiente, recibimos una llamada a la habitación. En la recepción nos esperaba una mujer (seguramente avisada por el personal del hotel), la cual nos convenció para coger el bote de su hermana al día siguiente.

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Mercado flotante del delta del Mekong. Adrián Cuéllar. 2013

Los dos días siguientes los pasamos de forma relajada, entre la visita al mercado y el viaje hasta Ha tien. Este último, nos deparo un gran batido de frutas con el que hemos estado soñando la última semana.

De esta forma termino nuestro periplo por Vietnam. El país nos ha gustado en general, si embargo nos hemos sentido encorsetados en muchos momentos, todo demasiado preparado y pocas opciones alternativas respecto al turismo mas masivo. La gente casi siempre interesada en nuestro dinero y no en nosotros, aunque también hemos encontrado gente maravillosa que ha tenido una sonrisa para nosotros.

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