GRECIA

OCTUBRE-NOVIEMBRE 2009

Tras unos días lluviosos en los que atravesamos Bulgaria, llegamos a tierras griegas donde luce el sol, el cual nos acompañará durante toda nuestra estancia en el país.

Además del sol, en Grecia nos reciben unos habitantes muy simpáticos, una comida muy sabrosa y unos dulces exquisitos, de entre los cuales destacamos la “bougatsa”.

No hay que pasar por alto, una pequeña mención a las carreteras del país, donde los arcenes hacen las veces de carriles por donde se puede circular sin ningún pudor. Es en Grecia donde tenemos el episodio más desagradable mientras circulamos, del cual, por suerte, salimos bien parados.

Anécdotas del tráfico griego a un lado, el país nos encanta. Uno de los primeros destinos que visitamos es el Parque natural en la región de Thraki. Pero además de montaña la costa también nos acompaña durante buena parte de los días. Uno de los pueblos reseñables, por sus preciosas casitas de colores, su mar de fondo y sus empinadas cuestas por las que pasean señoras cargadas con la compra es Kavala. Y claro cómo no, además de mar y montaña en Grecia hay muchas, pero que muchas ruinas. A las cuales, gracias a nuestros carnet universitarios, entramos gratis. Las primeras que visitamos son las ruinas de Filipo, pero aún nos quedarían muchas para explorar, cual Indiana Jones.

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Una de tantas ruinas. Adrián Cuéllar. 2009

Grecia se caracteriza por ser muy rural, pequeñas ciudades y pueblos bañados de bares muy muy modernos. Una ciudad algo más grande y por la que paseamos durante horas es Thesalonica. Como todo Grecia, esta ciudad se debate entre lo antiguo, lo moderno y lo caótico.

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Pueblo de Edessa. Adrián Cuéllar. 2009

Seguimos camino hasta llegar al pueblo de Edessa, famoso por sus cascadas escalonadas y bello por sus calles empedradas, donde puedes escapar del turismo que llega a ver las cascadas. Después nos dirigimos hacia Kozani, para llegar un soleado y festivo día a Meteora, donde podemos disfrutar de unas increíbles vistas de los monasterios, que descansan sobre las redondeadas y porosas montañas. Dormir en este lugar y poder disfrutarlo por la mañana, la tarde y la noche no tuvo precio. Lo mejor de llevar la casa a cuestas es poder disponer de ella en lugares de inmensa belleza y poder hacerlos tu cuadro de salón durante unas horas.

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Monasterios en Meteora. Adrián Cuéllar. 2009

Con las retinas inundadas de bellas imágenes, subimos hacia Dion, Katerini, y el Monte Olympos, donde tenemos problemas por el mal estado de las carreteras. También pasamos por el famoso lugar de las Thermópilas, donde nos damos gratis un baño en sus calientes y sulfurosas aguas, entre familias griegas que van allí a disfrutar de una tarde tranquila y relajada.

Hacia la mitad de nuestra ruta por el país Heleno, llegamos a la caótica Atenas. La capital está salpicada de monumentos más o menos destartalados, cientos de restaurantes y mucho mucho ruido. Respecto a Atenas, Adrián y yo tenemos discrepancias, él piensa que si bien tiene mucho que ver, no es de las capitales que más le entusiasman, a mí me encantó su barullo y animación en cada rincón. Si bien, reconozco que era una ciudad atípica, casi parecía que estábamos en un pueblo gigante.

Dejamos la animada Atenas, para adentrarnos en la Península del Peloponeso. Allí, visitamos el gigantesco Teatro de Epidauro. Seguimos siendo protagonistas de escenarios increíbles, que parecen haber sido creados por superhumanos, como la ciudad de Micenas, una leyenda en sí misma.

En Grecia, también hay lugares para disfrutar de la naturaleza, y para ello, viajar en la furgoneta nos permite adentrarnos en sitios más o menos remotos, pero casi siempre preciosos como la increíble cristalina playa de Monemvassia, delante de la cual pasamos una tranquila noche. Y es que en Grecia, es sencillo encontrar donde dormir, los aparcamientos de las ruinas, las preciosas playas o los pequeños pueblos siempre son buenas opciones.

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A los pies de la furgoneta, la playa de Monemvassia. Adrián Cuéllar. 2009

Continuamos por la costa y llegamos a las ruinas (sí, otras más), de Delfos, donde nos quedamos enamorados viendo el atardecer que va cayendo sobre las ruinas y tiñéndolas de un rojo pardo, nos deja alucinados.

Y poco a poco, sin prisa porque estamos muy muy a gusto en el país heleno, vamos despidiéndonos de Grecia. Así llegamos a Igoumenitsa, donde nos comemos nuestro último Gyros, nos despedimos con mucha pena de la bougatsa, el yogur y el carácter griego. Es en esta ciudad, donde partimos en Ferry hasta Bari (sur de Italia), dormir en la furgoneta en la cubierta y pasear a la perra por el barco, es toda una experiencia.

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