RUMANIA

OCTUBRE -2009

A finales de Septiembre llegamos a la capital húngara, donde pasaremos dos fantásticos días, recorriéndola desde Buda hasta Pest. Los paseos por la ciudad nos permiten observar objetos tan cotidianos como los porteros automáticos hechos añicos por su uso, así como el fantástico Parlamento que se alza a orillas de río Danubio.

Pero no permanecemos más tiempo en Hungría y cruzamos la frontera, en dirección Rumania. Somos recibidos por una neblina intensa y por unas carreteras plagadas de carromatos tirados por burros y demás animales de carga.

En Rumania descubrimos una nueva cultura, un país muy religioso, una lengua de origen latino, pero de la que no aprendemos mucho, y sobre todo, una población muy muy aficionada al repollo. No exageramos cuando decimos que casi el 80% de las comidas que probamos  en el país llevaban repollo, ya fueran saladas o dulces.

Nuestro descubrimiento del país comienza en la región de Maramures. Aquí tenemos la oportunidad de visitar preciosas iglesias de madera, en bellos lugares, donde en aquellas fechas, imperaba el otoño. Muchas de las iglesias lucían bonitas pinturas por dentro y fuera. Así mismo, pudimos disfrutar de los monasterios pintados del norte del país.

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Monasterio de Voronet. Adrián Cuéllar. 2009

Rumania tiene una historia plagada de leyendas que se mezclan con la realidad; entre ellas, la que narra la vida del famoso Conde Drácula. En esta ocasión, la historia nos lleva hasta, según nos cuentan, el pueblo natal de este personaje: Sighisoara. Este lugar, en plena reconstrucción, como buena parte del país, tiene algún castillo, bonitas casa de colores y mucha mucha fama.

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Entre la niebla en Sighisoara. Adrián Cuéllar. 2009

Seguimos descubriendo Rumania, sus calles plagas de “bandas” de perros abandonados que buscan algo para comer, y que intentamos por todos los medios alejar de Cira (nuestra compañera de cuatro patas, para aquell@s que no la conozcan).

Gracias a que continuamos viajando por otro país barato, para nosotros claro, 1 euro son 4 lei, nos permitimos almuerzos y compras menos contenidas.

Visitamos algunos parques naturales y una desaliñada y grisácea Bucarest. La capital del país no nos atrae mucho, dormimos en un extraño camping alejado del centro, pero con conexión en autobús.

Es en Rumania, donde entramos en más campings, son muy baratos y en los días que pasamos en el país, llegamos a entrar en tres.

Una de las ciudades que más nos gusta de Rumania, es Sibiu. Ganadora de una edición como capital europea de la cultura.

El país es una amplia región en plena expansión que baila entre lo rural y las aspiraciones cosmopolitas. Por nuestra parte, nos parece que viajar es sencillo por él, encontramos gente amable y comida muy curiosa y diferente. Para aquell@s que queráis viajar en furgoneta por el país, solo deciros que tengáis paciencia con las carreteras, cuidado con los vehículos rurales y fijaros bien donde aparcar. Como siempre, cuando se viaja hay que ser cuidados@s, pero en Rumania si te fijas bien encuentras lugares bastante apañados para pasar la noche sin pagar, o pagando muy poco.

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El otoño nunca defrauda. Adrián Cuéllar. 2009

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